Susana Finquelievich [*]

LAS RELACIONES SOCIALES EN LAS COMUNIDADES ELECTRÓNICAS

Una serie de municipios argentinos comparte sus experiencias e intercambia información mediante una red electrónica. Los pacientes de un centro de salud mental se relacionan en un foro electrónico para “ensayar” las relaciones sociales antes de practicarlas en el “mundo real”. Una asociación destinada a cambiar las formas tradicionales de mercado mediante el trueque de bienes y servicios entre sus socios se presenta en el ciberespacio por medio de una página web. Una red de profesionales europeos de salud mental aspira a la creación de la “Sociedad de la Inspiración”, como versión humanizada de la Sociedad de la Información. La comunidad judía de Buenos Aires mantiene su cohesión, conforma su vida social y cultural, dispara debates políticos y se comunica con las de otros países mediante redes electrónicas. ¿Qué tienen en común estas experiencias? La respuesta más obvia parecería ser: el uso de comunicación mediatizada por computadoras. Pero la verdadera respuesta va más allá: todos estos grupos están incrementando sus potencialidades mediante la CMC. Pueden extraer la información que necesitan de las redes informáticas, darse a conocer, informar a la comunidad en general sobre sus objetivos y formas de trabajo, ganar respaldo y sobre todo, reposicionarse en las estructuras de poder locales. En cierta forma, lo que tienen en común es su actuación en redes horizontales, en una suerte de recuperación de las formas tradicionales de la democracia directa y de la vida comunitaria.

Según Robert Markley (1996), autor de “Realidades virtuales y sus descontentos”, el ciberespacio no puede separarse nunca de las políticas de representación, precisamente porque es la proyección de los conflictos de clase, género y raza a los que la tecnología a la vez engloba y busca borrar. La tecnología no escapa a la política, así como tampoco lo hacen las nuevas formas de comunicación derivadas de ella.     

¿DE QUÉ COMUNIDADES ESTAMOS HABLANDO?

Los conceptos sobre comunidad y organizaciones comunitarias son importantes cuando se desarrollan investigaciones sobre estos temas, y su importancia aumenta cuando se trata de comunidades electrónicas o virtuales. Para los estudiosos anglosajones, el concepto más tradicional para definir una comunidad es “El conjunto de personas que viven en una región, ciudad o barrio en particular y que usualmente están relacionadas por intereses comunes” (Webster´s 1986, p. 460). Para los hispanoamericanos, según el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia (1995, Tomo 2, p. 529) es: “Junta o congregación de personas que viven unidas bajo ciertas constituciones o reglas; como los colegios, conventos, etc.” o “Común de los vecinos de una ciudad o villa”. Otras definiciones se focalizan en “Grupo de personas que tienen relaciones directas y multidireccionales entre ellos y que practican una reciprocidad generalizada y equilibrada” (Taylor, 1987), o bien las definen a través de sus actividades, como Schuler (1996): “Las comunidades pueden ayudar a concretizar las cosas. Las personas son infinitamente más capaces cuando trabajan juntas que cuando lo hacen solas”. Por su parte, el Congreso Vircomm’99, (http://www.vir-comm.com/index.html), celebrado en San Francisco (EEUU) en abril de 1999, define a las comunidades virtuales como “un grupo de personas que comparten intereses y están dispuestas a interactuar, creando de esta manera nuevos contenidos”.

Las comunidades en CMC han sido definidas por los estudiosos del tema como “un conjunto de relaciones sociales unidas por un interés común o circunstancias compartidas”. Howard Rheingold (1994), quien ha pasado los últimos diez años estudiando y experimentando sobre las comunidades “virtuales” (y prácticamente viviendo en una de ellas, The Well), las define como “conformaciones sociales que emergen de la Red cuando un número relativamente elevado de personas mantiene estas discusiones durante un tiempo prolongado y conforman redes de amigos personales y profesionales en el cyberespacio”.  Por otra parte, Douglas Schuler, autor de “New Community Networks. Wired for Change” (1996) plantea que “… el término “red comunitaria” era un concepto sociológico que describía los modelos de comunicación y de relaciones en una comunidad. Esta era la red comunitaria que describía cómo viajaban las noticias y cómo se trataban los problemas sociales en la comunidad. Las nuevas “redes comunitarias” basadas en redes informáticas son una innovación reciente dirigidas a ayudar a revitalizar, reforzar y expandir las redes comunitarias existentes, basadas en las personas, de la misma manera en que anteriores innovaciones cívicas han ayudado históricamente a las comunidades”. En países como Canadá, Estados Unidos o la Comunidad Europea, los miembros de comunidades y los activistas están desarrollando nuevos servicios informáticos orientados a las comunidades, con frecuencia en articulación con organismos gubernamentales,  bibliotecas, escuelas, municipalidades, o asociaciones sin fines de lucro.  Estas redes comunitarias (llamadas también redes cívicas, Free-Nets, centros de computación comunitarios o redes de acceso público), algunas de ellas con “poblaciones” de decenas de miles de usuarios, están generalmente orientadas a avanzar en los objetivos sociales, tales como Construír una conciencia comunitaria, alentar la participación de la población en las decisiones políticas locales, o desarrollar oportunidades económicas para los sectores carenciados.

¿NUEVOS ACTORES EN EL ESCENARIO LOCAL?

Algunos investigadores consideran las “comunidades virtuales” como una nueva forma de agrupamiento humano comunitario, que existe sólo en el ciberespacio, y que depende de una infraestructura tecnológica. Sin embargo, muchas comunidades virtuales son la extensión electrónica de grupos “cara a cara”. Numerosas organizaciones comunitarias reúnen a un determinado número de miembros en encuentros personales, mientras otros tantos se informan sobre las reuniones o participan en ellas mediante correo electrónico. Aún ciertas comunidades virtuales internacionales organizan periódicamente seminarios o jornadas a las que asisten miembros de diferentes países, en la medida de sus posibilidades económicas.

Para Barry Wellman (1988), de la Universidad de Toronto, las comunidades virtuales son la continuidad de las comunidades cara a cara, a las que eventualmente reemplazan. Wellman desarrolla tres enfoques para entender el desarrollo de las comunidades. El primero es pesimista: se llama la Comunidad Perdida. Los cambios sociales a gran escala, la sociedad de masas, la expansión de urbanización, la creciente burocracia, crea un medio en el que las posibilidades de crear y mantener comunidades se reducen constantemente. Sólo son posibles las reuniones formales. El segundo enfoque, la Comunidad Salvada, es exactamente el opuesto: aparte de los cambios sociales externos, las personas crean comunidades, de las maneras en que lo permiten las transformaciones técnicas y sociales. Pero la apariencia de las nuevas comunidades es diferente, así que las que lamentan que estén perdidas las buscan en los lugares equivocados, porque las comunidades existirán siempre. Según Perl Olof Agren [1], de la Umeå University en Suecia, estas dos pre-concepciones de comunidad son similares: se considera a las comunidades como locales y construidas sobre la solidaridad, casi como parentescos, como aldeas preindustriales.

El tercer enfoque es la Comunidad Liberada. Se crean comunidades sin tener en cuanta los límites geográficos, dados los beneficios de los sistemas de transporte y comunicaciones. Esto se refiere a comunidades basadas en intereses comunes, a menudo especializados, y normalmente con lazos más débiles entre las personas, en vez de las interrelaciones pueblerinas más fuertes. Estos enfoques revelan los cambios en el concepto mismo de comunidad: de lugar físico a red. Se acepta que la vida comunitaria existe más en las redes sociales construidas por los individuos que en una región geográfica determinada.

La Comunidad Perdida implica que las relaciones humanas sólo pueden existir en organizaciones formales. La Comunidad Salvada implica relaciones humanas en las que los grupos poseen fuertes lazos y solidaridad entre sus miembros. La Comunidad Liberada implica una diversidad de lazos débiles entre las personas, sostenidas por cierto tipo de tecnología. Wellman lo ejemplifica con las comunidades personales de cada individuo: en estos grupos, los intereses de los individuos son la base de la red social.

A partir de estos conceptos se pueden formular tres formas de entender los límites que conforman una comunidad (dado que una forma también está determinada por sus fronteras):

  1. a) Geografía: la región, pueblo, barrio en el que vive la gente es también el límite para su comunidad.
  2. b) Intereses grupales: una red social de individuos que comparten los mismos intereses (sean éstos informática, seguridad urbana, maneras de paliar la soledad, modos de convivir con hijos adolescentes, filatelia, rock, o cualquier otro), lo que los aglutina en una comunidad.
  3. c) Intereses individuales: la red social se crea sobre la base de los intereses de un individuo, que comparte intereses diferentes con diferentes personas, las cuales conforman la comunidad personal de este individuo. La diferencia más sustantiva con respecto a las comunidades basadas en intereses grupales es que los otros miembros de una comunidad personal no necesitan conocerse entre sí, ni siquiera saber de la existencia de los otros.

Las comunidades electrónicas o virtuales se ajustan a la definición de comunidad Liberada, en la que las diferencias entre las comunidades tradicionales y las virtuales son que las últimas existen sólo o primordialmente en la red de comunicación mediatizada por computadoras (CMC). Una red de computadoras no crea la comunidad virtual, pero la comunidad virtual se constituye en las redes informáticas. 

Ågren plantea que el interés grupal es probablemente la frontera comunitaria más común en el ciberespacio. Por ejemplo, todos los foros electrónicos de discusión o listas de interés de las universidades están basados en intereses comunes; cada discusión virtual, o seminario electrónico, tiene un tema en particular, y sólo aparecen en la discusión los usuarios que comparten estos intereses y que están suscritos al foro o lista de interés. (Este tipo de comunidades puede ser percibido por el observador externo, contrariamente a las comunidades personales). Sin embargo, disiento con Ågren (1999) cuando plantea: “Las comunidades virtuales difieren de los fenómenos similares de las redes comunitarias. Una comunidad virtual no tiene correlaciones específicas con ninguna organización ni con otra comunidad en el mundo físico; si la tecnología desaparece, la comunidad desaparece”. Según nuestras investigaciones, las comunidades virtuales pueden o no tener nexos con las comunidades “cara a cara”. En muchos casos, nacen como comunidad física, que utiliza la tecnología para ampliar sus potencialidades, como se demuestra más adelante. Douglas Schuler (1996) confirma este concepto cuando escribe: “Las redes electrónicas comunitarias están dirigidas a revitalizar, reforzar y expandir las redes comunitarias existentes entre las personas”. Barry Wellman y Janet Salaff (1996) aportan su definición de las comunidades online: “Cuando las redes informáticas unen a las personas tanto como a las máquinas, se transforman en redes sociales, a las que llamamos redes sociales sostenidas por computadoras (RSSC)”.

LA CMC COMO FACTOR MOVILIZADOR

El 1 de enero de 1994 fue un día fundacional para el rol movilizador de la CMC: horas después de la toma de San Cristóbal de las Casas por el Ejercito Zapatista, millones de pantallas de computadoras en todo el mundo transmitían noticias sobre el levantamiento campesino de Chiapas e instaban a los simpatizantes a unirse a él. La primera declaración de los guerrilleros fue bajada a los archivos de diarios y revistas y difundida en docenas de BBS y foros virtuales. Dos días después, el mismísimo Comandante Marcos estaba en la red, explicando los motivos y objetivos de la lucha que había comenzado. No tardó en convertirse en el primer superhéroe de la Red para los periodistas que se afanaban en sus ordenadores portátiles. Un rincón hasta entonces ignorado de la selva lacandona se constituyó en una agencia de noticias global cuyos despachos estaban escritos por los propios guerrilleros y distribuidos por las web pages de simpatizantes en diferentes países. Durante las siguientes semanas, los usuarios de Internet buscaron ávidamente las emocionantes noticias provenientes de la selva mexicana.

El uso efectivo que la guerrilla zapatista ha hecho del e-mail y de otros medios de comunicación se convirtió en un arma poderosa contra la desinformación del público, y según manifestó alguna vez el Comandante Marcos, los salvó de una masacre indiscriminada. Los detalles sobre los bombardeos realizados por el ejército mexicano el 5 de enero fueron ampliamente difundidos, lo que intensificó las campañas de solidaridad, ayudó a que los simpatizantes del EZLN y los defensores de los derechos humanos organizaran manifestaciones masivas en México DF y produjo una multiplicación de demostraciones más pequeñas en el mundo (Halleck, 1994). Como la Guerra del Golfo, esta ocurre online y en tiempo real, pero a diferencia de la primera, es interactiva.

En 1999, la Guerra de los Balkanes se trasladó a Internet. La política electrónica se globaliza. Como plantea Javier Villate en la publicación electrónica “La brújula” del 7 de abril de 1999, “La guerra de los Balcanes se ha trasladado a Internet: las autoridades serbias clausuraban definitivamente la radio B92 de Belgrado el 2 de abril y unos piratas rusos atacaban el sitio web de la OTAN y de la Casa Blanca. La censura de todos los medios independientes de Yugoslavia ha dejado prácticamente a la gubernamental Radio Televisión Serbia como la única fuente de noticias dentro del país, con pequeñas excepciones. Tanto el sitio web de B92 como el del grupo de apoyo han venido recibiendo una  gran cantidad de visitas: 15 millones en 7 días el primero y 16.000 diarias el segundo”.

La represión serbia liquidó prácticamente la Asociación de Medios Electrónicos Independientes (ANEM) y clausuró dos medios en lengua albana, el diario de Pristina Koha Detore y Radio 21; los periodistas huyeron del país. El ministro serbio de Información, Aleksandr Vucic, incluyó a Internet dentro del ámbito de aplicación de la draconiana ley de información. Sin embargo, el ya famoso “cibermonje”, el religioso ortodoxo Sava Jancic siguió utilizando su lista de correo como medio de difusión de noticias para, según sus palabras, “hablar desde el púlpito de mi teclado”. Mientras tanto, fuera del país se multiplicaron los sitios web y los boletines dedicados a la crisis balcánica. Existen más de mil sitios donde se informa sobre la situación en Kosovo. Además de Help B92 y de otros, como el grupo de apoyo catalán promovido por Aleph, hay que mencionar al grupo de discusión soc.culture.albania, Kosovo-reports, el sitio de Open Yugoslavia –de la Universidad de California de Los Angeles–, la National Public Radio, Kosovo.com –un web de información canadiense independiente–, Kosova Press –que suele publicar, desde Suiza, los comunicados del Ejército de Liberación de Kosovo– y, de forma especial, el Instituto de Información sobre la Guerra y la Paz (IWPR) de Londres. El Centro de Crisis de Kosovo proporciona información actualizada y el sitio de Guerra contra Yugoslavia ha ofrecido imágenes de Belgrado.

“Todo esto demuestra que Internet es un medio eficaz para resistir a la censura y la desinformación. Pero también es un medio idóneo para  hacer la guerra por otros medios”, recuerda Villate. Eso es lo que expresan los ataques sufridos por el sitio web de la OTAN a partir del 28 de marzo de 1999, reivindicados por un grupo de hackers rusos denominado Territorio Pirata. Este grupo, que también se atribuye otro ataque contra el web de la Casa Blanca, ha difundido un llamamiento de la Unión de Piratas Rusos para lanzar una campaña de agresiones contra las redes informáticas de la OTAN y de sus países miembros. El web de la OTAN recibió, según ha informado su portavoz Jamie Shea, unos 2.000 mensajes diarios desde Belgrado, infectados la mayor parte con virus. Además, Paul Magis, administrador del sitio, confirmó haber recibido un ataque de pings, con la intención de paralizar el servidor. Desde que se inició el ataque de la OTAN a Yugoslavia, las visitas al web de la organización han pasado de las 30.000 a las 90.000 diarias.

LAS ORGANIZACIONES REGIONALES Y LOCALES EN LAS PANTALLAS

A niveles más locales y modestos, la CMC no deja de ser efectiva. Rheingold (1994) considera a Dave Hughes, habitante de Colorado City, como uno de los pioneros político-electrónicos de los Estados Unidos, cuyas acciones se han difundido por medio de proclamas, manifiestos y seminarios de acceso público en al menos una docena de redes de CMC en la última década. Hughes aboga por las comunidades-telepuertos, donde personas como él puedan disfrutar de la paz y la atmósfera bucólica de un pequeño pueblo mientras trabajan desde sus casas, provistos de computadoras y módems. Cuando la Municipalidad de Colorado Spring se dispuso a aprobar una ordenanza que prohibiría el teletrabajo en la localidad, Hughes consiguió que la decisión se pospusiera durante un mes y difundió el texto del proyecto de ordenanza en su BBS (Bulletin Board System), mientras escribía a los periódicos locales, invitando a los lectores a que se conectaran con su BBS para leer dicho texto. Recibió más de 250 conexiones de vecinos que copiaron, reprodujeron y difundieron la ordenanza en toda la ciudad. El procedimiento tuvo tanto éxito que en la siguiente reunión del Consejo Municipal se presentaron 175 ciudadanos de todos los partidos políticos locales para protestar contra los obstáculos al teletrabajo. El proyecto fue anulado. A partir de este triunfo, Hughes participó con éxito en una serie de movimientos locales, utilizando medios electrónicos.

En el último año del milenio, proliferan las experiencias vecinales con respecto al uso de informática para mejorar la calidad de vida. En realidad, estas prácticas no son nuevas. Alejandro Artopoulos (1998) demuestra que el estudio de las fuerzas sociales que dieron origen a estas experiencias indica que antes del desarrollo tecnológico hubo experiencias sociales de usos alternativos de la informática centralizada (mainframes) en espacios urbanos. “Fueron el resultado de la actividad de un movimiento político-tecnológico opuesto a la informática centralizada del complejo militar y corporativo norteamericano. (…) Lejos de la tesis del posmodernismo, el uso alternativo de esa tecnología no expresa solamente la rebeldía cyberpunk, sino también la utopía de la participación ciudadana en el centro del espacio territorial comunitario: la ciudad”.

¿SON REALMENTE ÚTILES LAS REDES COMUNITARIAS?

Una pregunta que atraviesa todos los debates sobre estos temas es: ¿Cuán útiles son las redes electrónicas comunitarias? Seguida inevitablemente de: ¿Cuál es la utilidad real de las REC? Sus defensores reivindican –a veces utópicamente- que estas organizaciones contribuyen a promover el debate cívico, agudizar la conciencia ciudadana, romper los monopolios de información, hacerla accesible a todos los ciudadanos, o aún a disminuir el abismo entre pobres y ricos. También creen que las redes que tienen anclaje en cierta comunidad, como un barrio o una ciudad, poseen más posibilidades de llevar una vida larga y saludable que las comunidades electrónicas. Pero, ¿pueden las RC cumplir realmente los roles y funciones que sus defensores piensan? ¿Y qué pueden hacer los ciudadanos para contribuir a esto?

Para responder a estos interrogantes, Douglas Schuler (1998) propone comenzar por examinar el concepto de “comunidad”. Para este propósito, puede definirse la comunidad como “un grupo de personas que viven en cercanía geográfica unas de otras y que están ligadas por relaciones sociales y laborales, u otros intereses comunes”. Para que esto resulte efectivo, los individuos que desarrollan redes comunitarias deben reconocer, apoyar y alentar estos lazos. Un modo de hacerlo, según afirma Schuler en su libro “New Community Networks: Wired for Change”,  es ofrecer información y desarrollar servicios que contribuyan a sostener y desarrollar los “valores centrales” de la comunidad.  Estos valores serían: cultura y convivialidad; educación; fuerte cultura democrática; salud y bienestar; equidad económica, oportunidad y sustentabilidad; y información y comunicación (incluyendo, por ejemplo, tanto bibliotecas tradicionales como medios informáticos, televisión, radios libres, etc.). Todos estos valores son interdependientes y de acuerdo a una concepción organicista, pueden ser visualizados como sistemas vitales para una comunidad, del mismo modo en que los sistemas circulatorio, nervioso o muscular desempeñan roles interdependientes en el cuerpo humano.

En Estados Unidos, determinados “miembros claves” de diferentes comunidades, como bibliotecarios, maestros, funcionarios municipales, agencias de servicios sociales, ONGs, etc., están  explorando las maneras en que la tecnología de redes puede ayudarlos a alcanzar sus objetivos. A menudo sus esfuerzos se dirigen a desarrollar y afirmar el control y el acceso a la información comunitaria. Uno de estos grupos es Sustainable Seattle (Seattle Sustentable). Compuesto por miembros provenientes de una gran variedad de orígenes sociales  afiliaciones políticas, esta organización trabaja desde 1991 con el objetivo de identificar y evaluar tendencias pasadas y futuras que revelen la relativa “salud” de Seattle, medida según un juego de criterios críticos de sustentabilidad interrelacionados, que incluyen niños en estado de pobreza, calidad del aire, número y estado de los salmones silvestres, criminalidad juvenil, tasas de voto, trabajo realizado para satisfacer necesidades básicas y muchos otros. Cada indicador fue seleccionado, analizado y descripto tan rigurosamente como fue posible. Los informes sobre cada indicador fueron reunidos e impresos en un informe general. Para extender el alcance de la versión en papel, Sustainable Seattle también hizo accesible el informe por medios electrónicos, a través de la Red Comunitaria de Seattle. Esto tiene una doble función: publicita sus propios esfuerzos, mientras a la vez facilita a otras organizaciones la iniciación de proyectos similares.

Una red electrónica comunitaria selecciona y ofrece información de múltiples fuentes, posibilitando la idea de un punto único de acceso a la información, sin tener que recurrir a llamar a varias oficinas municipales, leer varios diarios y consultar a las variadas asociaciones de vecinos. Sin embargo, las REC ofrecen más que información local: muchas de ellas organizan periódicos semanales o boletines electrónicos, proporcionan conexiones con redes nacionales e internacionales, así como el acceso comunitario a la televisión por cable –que es en realidad una comunicación interactiva, de dos direcciones- y sirven como catalizadores y conductos para proyectos comunitarios, como el mencionado proyecto de indicadores críticos de Sustainable Seattle.

Aunque no existe una red electrónica comunitaria paradigmática, una recorrida por las REC existentes puede ilustrar sobre muchos conceptos. La base electrónica de las REC incluye habitualmente correo electrónico, acceso a Internet, listas de distribución electrónica o listervs, y foros de discusión online. Sin embrago, las REC no proporcionan la misma capacidad de circulación online que los proveedores comerciales. Existen REC que obtienen su conexión a Internet y su página web por medio de la buena voluntad de proveedores locales, y otras que lo pagan, Los miembros de las REC o los ciudadanos que acuden a ellas puntualmente las contactan a través de una variedad de maneras, que incluyen la conexión a través de computadoras personales y módems, conexión mediante otra computadora en Internet (a través del Programa Telnet), o directamente vía Internet. En los países desarrollados, las bibliotecas públicas y universidades proveen terminales de acceso para los que carecen de equipamiento informático en el hogar. También se instalan kioscos informáticos, terminales de computación a través de las cuales se puede acceder a Internet pagando el equivalente a un dólar. El acceso al ciberespacio ya no está tan limitado financieramente como al inico de la difusión de internet, aunque las fronteras impuestas por los diferentes capitales culturales siguen vigentes.

MONEY, MONEY…

Una utilidad de las REC en la que comienzan a interesarse tanto las organizaciones sin fines de lucro como las empresas en busca de ganancias, es la financiera. Martin Johnson (1999) plantea que poner una organización comunitaria en Internet es una de las maneras más efectivas de obtener financiación y sponsors para la misma, dado que las redes electrónicas ofrecen una manera de alcanzar a nuevos donantes, entre los jóvenes de las clases acomodadas. “En todo el mundo, los usuarios de Internet  poseen ingresos superiores al término medio, buenos trabajos, y tienen entre 21 y 45 años. Es en este grupo etario que las organizaciones sin fines de lucro identifican a los donantes del futuro. Los medios tradicionales de obtener fondos no son muy efectivos cuando se solicitan donaciones a este grupo”. La investigación de Johnson reveló que el 65% de los visitantes de un site estaban dispuestos a hacer donaciones online. Además, los que tenían entre 19 y 45 años y habían usado Internet durante dos o tres años, eran los más dispuestos a efectuar donaciones, aunque sus preocupaciones sobre “dónde va el dinero” y sobre la eficiencia de la organización  eran similares a los de los que efectúan donaciones por medios tradicionales.

El interés de las empresas en las comunidades virtuales comienza a activarse seriamente. En el Congreso VIRCOMM 99,  esto ha resultado muy claro. Buena parte del interés de las sesiones de este evento se concentró en descubrir qué valor comercial tienen las comunidades virtuales. VIRCOMM 99  es uno de los pocos congresos que trata la creación, construcción, crecimiento, y dirección de las comunidades virtuales, entendiendo por éstas algo más que espacios de chat y foros de discusión. Las Comunidades electrónicas  se han convertido en un gran negocio y la audiencia potencial de usuarios fieles que puede acudir a una comunidad con éxito ha captado la atención de los “portales”, así como de directores de muchas compañías e importantes firmas. Una de las preguntas clave entre los empresarios que se aventuran en el ciberespacio es:  “¿Dónde está el dinero en el comercio electrónico?”.  Por respuesta dio un consejo: “La cuestión clave está en obtener datos sobre tus clientes y utilizarlos apropiadamente para obtener valor comercial”. Otra recomendación interesante fue la de lograr mejores datos utilizando la información que se consigue para proporcionar más valor a los clientes. Las herramientas de personalización o los productos recomendados del historial de compras pueden ser útiles también.

Cuando una comunidad proporciona visitas y perfiles adecuados de miembros, hace posible el marketing “one to one” y permite preguntar la opinión a grupos muy precisos de clientes. Ésta es la base del valor de una comunidad focalizada culturalmente. La fórmula general del éxito es, según dicen, centrarse en un perfil de usuarios proporcionando contenidos adecuados a sus intereses. Luego añadir algunos servicios: e-mail, páginas web, o herramientas de personalización. Finalmente el ingrediente esencial: los servicios interactivos, chats, foros y newsletters. Se agita todo y se espera a que se forme la “masa critica”, es decir, el número de miembros que empieza a generar un contenido significativo. ¿Cuánta gente es eso? Según Katherine Prouty, vicepresidente de Family Education Network, como mínimo unos 10.000 visitantes al mes teniendo en cuenta que la tasa de los que participan activamente es de un 1% aproximadamente.

Las comunidades electrónicas se han convertido en blancos apetecibles de las estrategias de marketing. Surge el interrogante de si serán capaces de desarrollar estrategias propias para resistir las tendencias comerciales que amenazan con desvirtuar su esencia social y a su vez, extraer provecho financiero de Internet y sus posibilidades,  para asegurar su permanencia

APOCALÍPTICOS E INTEGRADOS

La participación comunitaria a través de la CMC no carece de defensores rayanos en la utopía y de detractores virulentos. Los primeros, entre los que se encuentran Schuler, plantean que dado que los ciudadanos que trabajan juntos, en el “mundo real”, hacia la consecución de objetivos comunes, son la base del trabajo comunitario, de ahora en adelante una gran parte de este producción podrá concretizarse a través de las comunicaciones electrónicas. Para Schuler, como hemos visto, las comunidades electrónicas son la prolongación de las reuniones cara a cara, a las que refuerzan y potencian. Lo mismo opinan los creadores de la red europea Epitelio de redes electrónicas comunitarias (http://www.eurosur.org/epitelio/infoen.htm). Esta es una iniciativa para estimular la cooperación entre los grupos marginales europeos. La aplicación telemática innovadora está diseñada para las peronas implicadas en la lucha contra la exclusión, quienes participan en las diversas fases del proyecto. La Red Epitelio es un nuevo concepto en el tratamiento y el estímulo de la integración social, por medio del uso de Internet como medio de comunicación, pero no se detiene allí: ofrece servicios de apoyo a  ONGs y a usuarios, así como también a centros de investigación. La red actual comprende nodos en España, Italia, Portugal, Holanda, Bélgica, Irlanda, Inglaterra, Grecia y Noruega, y plantea extenderse a Europa Central, Europa del Este y el Norte de Africa.

Algunos de los detractores afirman que las comunidades virtuales anularán las comunidades “reales” mientras que otros opinan, por el contrario, que las REC carecen de utilidad dado que no reemplazarán a las reuniones cara a cara. Curiosamente, la casi totalidad de estos críticos no utilizan ni e-mail ni Internet, como lo ha demostrado la investigación desarrollada sobre Buenos Aires [2] y carecen, por lo tanto, de experiencia al respecto. Las investigaciones y experiencias provenientes de Estados Unidos, Canadá y Europa, así como las entrevistas realizadas a miembros y directivos de redes electrónicas comunitarias en Buenos Aires muestran que las REC amplían el alcance de las organizaciones comunitarias, posibilitando su integración a redes ancionales e internacionales, facilitando su acceso a fuentes de financiamiento y actualizando la formación e información de sus miembros (Baumann, 1999). Es cierto que ni los e-mails ni las visitas a páginas web reemplazan las reuniones cara a cara, afortunadamente. Esa no es su función. Su rol es ampliar el alcance de la información, haciendo posible que miembros de la comunidad que no pueden hacerse presentes en reuniones puedan participar en las mismas y sobre todo, impidiendo que el accionar de las organizaciones comunitarias se vea limitado por distancias y barreras geográficas.

Otros estudiosos del tema temen que la CMC continuará siendo el terreno exclusivo de los segmentos educados y económicamente acomodados de la población, que a escala global todavía pueden ser definidos como una elite. A pesar de que se admite que el uso de la CMC se está expandiendo, particularmente a través del sistema de educación, y que alcanza a proporciones considerables de la población -aunque sobre todo en los países mas industrializados- se argumenta que “Los impactos culturales más importantes de la CMC pueden ser potencialmente el refuerzo de las redes sociales culturalmente dominantes, así como el incremento de su cosmopolitismo y globalización” (Castells, 1997).

Sin embargo, el panorama esta cambiando a ojos vistas: La CMC se esta extendiendo rápidamente, no sólo en los sectores de bajos ingresos de los países industrializados, sino también en los segmentos de ingresos medio-bajos y bajos de los países periféricos, a través de escuelas y universidades, empleos, sistemas bancarios, partidos políticos, medios de prensa y organizaciones intermedias. En España, numerosas comunidades están usando la CMC para conseguir trabajo y ofrecer bienes y servicios. Un ejemplo clásico es el pueblo de Callús, en Cataluña, cuyo alcalde tuvo la iniciativa de transformar una economía basada en la industria textil decadente en un conjunto de microempresarios en Internet, conectando a todo el pueblo a la red.  Otras iniciativas de organizaciones sin fines de lucro es educar e informar a sus miembros y simpatizantes: desde Montevideo, la Red REPEM, uno de cuyos objetivos es formar a las mujeres en el uso de los medios informáticos,  informa a organizaciones femeninas en todo el mundo hispanoparlante sobre las actividades que les conciernen y alienta las reuniones y congresos cara a cara. En la misma ciudad, la organización Vecinet distribuye una publicación electrónica semanal que une a las organizaciones comunitarias uruguayas que trabajan sobre temas urbanos.

En Argentina, donde el acceso a Internet está todavía mayoritariamente circunscripto a los estratos sociales de ingresos medios y altos, la Sociedad de Trueque y el Paraguas Club llevan a cabo efectivas estrategias de superviviencia para los declinantes sectores medios de la población.

La primera (http://www.geocities.com/RainForest/Canopy/5413/introdution/quees/html) es una asociación de “prosumidores”, según el término acuñado por Alvin Toffler (1979), que define a las personas que son, al mismo tiempo, productores y consumidores de bienes y servicios. En el caso de los clubes de trueque, este doble rol se materializa a través del intercambio de bienes y servicos mediante trueque multirrecíproco. No se empela dinero ni trueque directo, sino vales o “créditos”. El primer Club del Trueque argentino surgió en Bernal, Gran Buenos Aires, en 1995. A fines de 1997 existían ya más de 400 clubes, en los que participaban alrededor de 100.000 socios. Estos clubes se interconectan formando una red nacional horizontal, sostenida por una red electrónica, que los socios usan para ofrecer sus “productos” y adquirir otros, además de reunirse en foros virtuales tanto como en ferias cara a cara en las que intercambian relojes por clases de inglés, o lecciones de computación por masajes reductores.

El Paraguas Club se dirige específicamente a los sectores de ingresos medios y mediana edad (profesionales, comerciantes, pequeños industriales, generalmente de más de 40 años, que han quedado desplazados del mercado de trabajo) que decidan juntar sus recursos financieros, conocimientos y experticias para crear sus propios empendimientos. El Club proporciona a sus miembros una evaluación sobre la factibilidad de sus proyectos, información sobre los requisitos necesarios a considerar antes de invertir tiempo y dinero, un completo apoyo de información para comezar proyectos nuevos, encuentros grupales para promover intercambios de información y recursos,  información sobre las nuevas posibilidades de crecimiento comercial, además de un web site, boletines, y una revista que informa sobre ofertas y propuestas.

Paraguas Online (www.paraguasclub.org.ar, buscados@paraguasclub.org.ar), es la nueva estrategia del Club para usar Internet como herramienta de información y promoción. El website (al que se puede acceder desde terminales de computadoras en cualquier locutorio telefónico, si se carece de equipamiento informatico en el hogar) ofrece a los miembros del Club información sobre productos, servicos, requerimientos, propuestas, etc. Los miembros pueden promover sus inicativas, enviar y recibir e-mails de socios potenciales, y hacer contactos a nivel internacional, con especial énfasis en los países del Mercosur. Los coordinadores del Club consideran que el uso de Internet y de las redes electrónicas ha implicado un desarrollo notable de sus capacidades. Se muestran entusiastas sobre su web page en constante crecimiento, ya que opinan que es una herramienta fundamental para sus actividades.

Experiencias como éstas, la de las mujeres de Montana, Sustainable Seattle o Jervay muestran que no es necesario que los miembros de las organizaciones de base posean computadoras individuales ni conocimientos previos en informática. Se puede acceder a ordenadores y módems, así como también a la formación necesaria para manejarlos, a través de escuelas, universidades, bibliotecas, locutorios, centros vecinales y otras organizaciones.

La difusión masiva de la CMC no es tampoco un triunfo de la democratización de la información, sino de los intereses de las empresas de telecomunicaciones tienen en expandir sus mercados. De ahí el abaratamiento del costo de las computadoras y de la conexión  a Internet, si bien no aún el de las tarifas telefónicas. De hecho, la división digital  se  está  estrechando,  según un nuevo estudio realizado por el U.S.  Internet Council, una entidad sin fines de lucro, ya que cada vez son mas las minorías  y  las mujeres que estan en línea. Casi un cuarto (23%) de los negros y un  poco  más  de un tercio de los hispanos (36%) estáan ahora en línea, y se espera que  estos  dos porcentajes lleguen al 40% o más el año próximo.  Por otra  parte, es posible que el porcentaje de mujeres que usan Internet alcance el 50% el año que  viene,  logrando el mismo nivel que los hombres.  El estudio también reveló que solo el 7,5% de la población de los EE.UU.  vive en un área que no tiene proveedor local de servicio de Internet (ISP), mientras que más del 75% tiene cuatro o más ISP para elegir.  (Washington Times, 13/4/99).

En Argentina, donde el 8% de los hogares posee computadoras, se estima que menos del 1% de al población total está conectada a Internet. El hecho de que casi un tercio de la población del país viva en condiciones de pobreza no es un factor que ayude precisamente a la difusión de las TICs en los sectores que se beneficiarían de ellas.

REFERENCIAS

[ *] Autora: Susana Finquelievich. CONICET. Instituto de Investigaciones Gino Germani.

Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Buenos Aires

sfinquel@ciudad.com.ar

NOTAS:

1- Per-Olof Ågren, Disappearance to Third Places for Social Capital, Department of Informatics, Umeå University, S-901 87 Umeå, SWEDEN.

2- PIP CONICET “Nuevos paradigmas de participación ciudadana a través de las tecnologías de información y comunicación”, op. Cit.

BIBLIOGRAFIA

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DEL CAFÉ DE BARRIO A LAS REDES ELECTRÓNICAS. LAS COMUNIDADES VIRTUALES COMO ACTORES SOCIALES EN LAS CIUDADES.

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