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Vulnerabilidad y Exclusión social. Una propuesta
metodológica para el estudio de las condiciones
Nélida B. Perona*
Graciela
I. Rocchi** ResumenEl uso de la noción de
"vulnerabilidad social" se vincula a la línea conceptual que plantea
pobreza como carencias. Se propone como una herramienta analítica para una
mayor aproximación a la diversidad de situaciones a las que se enfrentan los
que de una u otra manera, son partícipes de algún tipo de privación. En
principio se parte de una definición de vulnerabilidad
social, entendida como una condición social de riesgo, de dificultad, que
inhabilita, de manera inmediata o en el
futuro, a los grupos afectados, en la satisfacción de su bienestar -en tanto
subsistencia y calidad de vida- en contextos socio históricos y culturalmente
determinados; se
privilegia su aplicación a unidades de análisis colectivas, grupos familiares /
domésticos ya que es allí donde adquiere mayor significado. La propuesta de trabajar la vulnerabilidad social, de modo que permita analizar las diferencias, las heterogeneidades, el mayor o menor grado de fragilidad y de riesgo de las unidades familiares, incluye considerarla en diferentes ámbitos. Las dimensiones propuestas corresponden a su vez a diferentes niveles: contextual, familiar-doméstico e individual. Estos niveles se vinculan en cierto modo a pensar, desde una metáfora espacial, limitaciones que operan “desde arriba” –el régimen político y social de acumulación- y “desde abajo” –los atributos individuales-.
Vulnerability and social exclusion: a methodological proposal for the
study of home- living conditions
Summary: The use of the “social
vulnerability” notion is conceptually linked to the conception of poverty as scarcity and it is
proposed as an analytical tool for the approximation to the different
situations that experienced people with some source of lack.
Firstly,
we start defining the concept “social vulnerability”, as a social condition of
risk, of difficulty that
disables, in an immediate or future way, the
affected groups, to satisfy their welfare, meaning subsistence and living
quality, in social- historic and culturally
determined contexts; the application of the concept is privileged in
collective units of analysis such as family/domestic groups where it acquires
its most relevant meaning. The proposal of working with “social
vulnerability”, in order to allow the analysis of differences, heterogeneity, degrees of
fragility and risk, of the family units,
includes its consideration in different
scopes. The proposed dimensions include different levels: contextual,
familiar/domestic and individual. These levels are somehow linked to think,
from a spacial metaphorical way, in “top-bottom” limitations- the political and social way of accumulation-
and in “bottom- top” limitations- the individual attributes.
Introducción La multiplicidad de trabajos
que en los últimos años focalizan el análisis o toman
como referente el problema de la pobreza, de la marginalidad y de la exclusión
social, da cuenta no sólo de la profundidad de la problemática sino también de
las dificultades para abordarla, aún cuando aparezca obvia para la opinión
pública. Este tema nos confronta con un nuevo tratamiento de la "cuestión
social" en la dirección de reflexionar sobre la ruptura de lazos sociales,
la pérdida de cohesión social, particularmente en sociedades con déficits de integración y persistente perdida de
"solidaridad orgánica". Los países latinoamericanos
están atravesando intensas transformaciones en el marco de los procesos de
globalización, con reestructuración económica que comprende reformas del
Estado, apertura del mercado financiero, incremento de la terciarización
entre otros. Junto a esto cambia el tipo de desarrollo social; hay aceptación
de la desigualdad y “la noción de igualdad ha sido reemplazada por la de
equidad (que es una parte de la igualdad), la agenda social se ha fraccionado y
se ha ampliado para contemplar temas como la extrema pobreza, la equidad de
género, de raza, de etnia, entre otros”[i].
Los profundos cambios que se
registran son observables a través de diversos indicadores, tanto en lo que se
refiere al plano laboral[ii],
como en lo relativo a los niveles de pobreza urbana y rural[iii].
De hecho hay que considerar la íntima relación que guardan pobreza y empleo,
tanto porque éste “constituye el principal antecedente de la cuestión social”
como porque la erradicación de la pobreza sólo puede darse si se corrigen las
"distorsiones y los déficits que presenta el
estado de la ocupación en el país”[iv]. En este trabajo se presentan,
en primer término, algunas referencias a las discusiones respecto de las
nociones de vulnerabilidad y exclusión social, vinculadas a la línea conceptual
que entiende a la pobreza como carencia; en la segunda parte, sistematizar una
propuesta, un marco metodológico que permita el análisis empírico de las
diferentes situaciones de exclusión, vulnerabilidad social e inclusión.
Pobreza, vulnerabilidad y exclusión
El
concepto de pobreza, que ha
sustentado la mayor parte de los trabajos sobre el tema realizados en las dos
últimas décadas, es entendida como
carencia[v] y refiere a un estado de deterioro, a
una situación de menoscabo que indica tanto una ausencia de elementos
esenciales para la subsistencia y el desarrollo personal, como una
insuficiencia de las herramientas necesarias para abandonar aquella posición.
Estas carencias refieren a dificultades más estructurales o más coyunturales,
según sea la índole de los indicadores que se utilizan y por ende, el método
por el cual se mide y clasifica el fenómeno. De este modo se es pobre cuando no
se logra satisfacer algunos de los requerimientos que han sido definidos como
“necesidades básicas”, pero también se es pobre cuando aun cubriéndolas, los
ingresos se ubican por debajo de una imaginaria línea de pobreza[vi].
Como resultante se habla de pobreza estructural, pauperizados, pobres por
ingreso; estas distinciones marcan algunas características de quienes se
encuentran en esta condición y en todo caso muestran que los primeros, independientemente
del ingreso en el momento de la medición, han tenido históricamente
dificultades para alcanzar niveles mínimos de acumulación familiar.
En
los diferentes conceptos de pobreza aparece la idea de dificultad y de
ausencia. Pero los miembros que integran este universo de "pobrezas"
reconocen diferentes orígenes, son efectivamente el resultado de una variedad
de situaciones previas; no se participa de la misma historia y por tanto serán
diversas las modalidades de enfrentarse a la condición que los une, que resulta
no ser otra que la imposibilidad de lograr condiciones de vida aptas para el
ejercicio pleno de los derechos que le competen como ser humano. La situación
de carencia y deterioro no sólo compromete el presente con el debilitamiento de
la trama social, sino que involucran a las generaciones futuras en la
perspectiva de la transferencia intergeneracional de la pobreza. Es casi un
“círculo perverso” donde se reproduce las condiciones de marginalidad. Cuando
se apela al concepto de carencia para describir una situación de pobreza
también se está haciendo referencia al deterioro de los vínculos relacionales,
que se traduce en un alejamiento de la vida pública donde la presencia política
o su influencia social se mantienen en el plano de lo formal antes que en el
real.
En
esta línea que entiende pobreza como carencia, es a la que se vinculan las
nociones de vulnerabilidad y de exclusión y la posibilidad de pensar si pueden
ser herramientas analíticas que permitan una aproximación más dinámica, tanto a
la diversidad de situaciones a las que se enfrentan los que de una u otra
manera son partícipes de algún tipo de privación, como para indagar en el
proceso por el cual amplios sectores de la sociedad
perdieron la participación en una o varias formas de relación social.
El
uso de estas categorías plantea en primer lugar un interrogante: ¿cuál es la
relación que tienen los desarrollos vinculados a las mismas, en cierto modo
"importadas" de la discusión europea, con la línea de trabajo y
reflexión que se dio en América Latina, desde los años sesenta, sobre
marginalidad primero e informalidad después?[vii]
En otros términos si se trata de un nombre distinto para tratar la misma
problemática o si agrega algo a los diversos enfoques de la marginalidad
latinoamericana. Una respuesta inicial y provisoria considera que el proceso de
exclusión/inclusión y vulnerabilidad implica incorporar la dimensión de la
pertenencia, y da un marco que otorga un "lugar central a la problemática
de los derechos civiles, políticos y sociales lo que permite plantear una nueva
concepción de las políticas públicas para moverse a la consideración de las necesidades como derechos"[viii].
En
los países europeos el uso de la
categoría de exclusión se difunde ampliamente en los '90, y el
"éxito" se debe en gran parte a la toma de conciencia colectiva de la
amenaza que pesa sobre franjas cada vez más numerosas y mal protegidas de la
población, así como a que lo consensuan diversos sectores del espectro político[ix]. Surge para designar una
de las características salientes de los nuevos pobres, a partir de los análisis
y trabajos que han investigado el aumento de los fenómenos socioeconómicos que
hacen a una sociedad cada vez más dual. Así el debate sitúa los términos del
problema no en el crecimiento económico, ni en la producción de riquezas, sino
en la manera de repartirla y de tener acceso a ella. “El dualismo social se
plantea a partir de la creciente división social entre los que participan de
los beneficios de la modernidad, gozando de ingresos suficientes y estables, y
aquellos que excluidos de los beneficios de la modernidad, viven con ingresos
insuficientes y trabajan en situación precaria”, pero además con fronteras
entre incluidos y excluidos difíciles de delimitar[x].
Atkinson
(1998) marca tres componentes que aparecen regularmente en los debates para
definir la exclusión: sobre su carácter relativo, acerca de los mecanismos y el
elemento dinámico que la caracteriza. En primer lugar implica tiempo y espacio,
una sociedad en un territorio y un período determinado. Toda definición de
exclusión debe considerar el funcionamiento de toda la sociedad no sólo la
trayectoria individual, ya que las causas por las que algunos grupos tienen
esta condición generalmente se encuentran en otro sector de la sociedad. En
segundo término implica una acción donde están involucrados otros actores. El
tercer componente, el carácter dinámico de la exclusión, concierne a las
perspectivas futuras, a la transmisión por generaciones de las condiciones de
riesgo[xi]. Exclusión entonces debe ser entendida como un concepto
relativo y en un doble sentido: “constituye la contrapartida de la inclusión,
es decir se está excluido de algo cuya posesión implica un sentido de
inclusión. Este algo puede significar una enorme diversidad de situaciones o
posesiones materiales y no materiales, como trabajo, familia, educación,
vivienda, pertenencia comunitaria, etc. No es un concepto dicotómico que divide
a los individuos o grupos en dos; existe una serie de situaciones intermedias
entre ambos estados”. Es también relativo porque varía espacial e
históricamente en los contextos situados; por otra parte tiene mayor
potencialidad analítica para referirlo a aquellas situaciones que implican
“fuerte acumulación de desventajas”[xii].
R.
Castel (1991, 1995, 1996) considera las situaciones de carencia en función de
relacionar dos ejes: Un eje de integración-no integración con relación al
trabajo, es decir la relación con los medios por los cuales un individuo logra
o no reproducir su existencia en el plano económico; otro vinculado a la
inserción o no en una sociabilidad socio familiar, es decir la inscripción o la
ruptura con respecto al sistema relacional en el seno del cual reproduce su
existencia en el plano afectivo y social. Esta intersección generaría tres
zonas: de integrados-estables, de vulnerabilidad y de exclusión donde se
encuentran los más desfavorecidos. Sitúa el centro de la
"metamorfosis" en la precarización de las condiciones de trabajo que
rompe con la solidaridad y las protecciones construidas en torno a las
relaciones laborales y plantea la aparición de “una nueva matriz de
desigualdades: la desigualdad ante la precariedad”. La contracara en sentido
positivo implica la posibilidad de “inclusión”, tomando en cuenta las
dimensiones social y económica que surgen de la intersección de los ejes antes
mencionados y por los que se generan las diferentes situaciones: integración o
no al trabajo e inserción –o no- en una sociabilidad relacional con mayor o
menor densidad. Desafiliación y vulnerabilidad son fenómenos que deben ser
comprendidos desde un horizonte más amplio en el que señala la precariedad del
lazo social en las sociedades contemporáneas y la pérdida de poder integrador
del Estado a partir de la crisis de la sociedad salarial[xiii]. En
este sentido el concepto de vulnerabilidad refiere a aquella diversidad de
“situaciones intermedias” y al proceso por el cual se está en riesgo de
engrosar el espacio de exclusión.
Vulnerabilidad
no es exactamente lo mismo que pobreza, si bien la incluye. Esta última hace
referencia a una situación de carencia efectiva y actual, mientras que la
vulnerabilidad trasciende esta condición proyectando a futuro la posibilidad de
padecerla a partir de ciertas debilidades que se constatan en el presente.
Desde este punto de vista es un concepto más dinámico y más abarcativo. En su
sentido amplio la categoría de
vulnerabilidad refleja dos condiciones: la de los “vulnerados” que se
asimila a la condición de pobreza, es decir que ya padecen una carencia
efectiva que implica la imposibilidad actual de sostenimiento y desarrollo
y una debilidad a futuro a partir de
esta incapacidad; y la de los “vulnerables” para quienes el deterioro de sus
condiciones de vida no está ya materializado sino que aparece como una
situación de alta probabilidad en un futuro cercano a partir de las condiciones
de fragilidad que los afecte. Consideraciones metodológicas
La
noción de vulnerabilidad social ayudaría a identificar a grupos sociales,
hogares e individuos, que por su menor disponibilidad de activos materiales y
no materiales, quedan expuestos a sufrir alteraciones bruscas y significativas
en sus niveles de vida ante cambios en la situación laboral de sus miembros
activos. Aquí se plantea la utilización del concepto asociado al de condiciones
de vida para tener una mirada multidimensional y compleja sobre un fenómeno que
excede conceptualmente a la idea de pobreza.
La
introducción de la categoría conceptual "condiciones de vida" se
vincula a la necesidad de abarcar los diversos planos y dimensiones tanto de la
vida privada como comunitaria. Esto se refiere a los múltiples elementos que
pueden ser indicadores de diferencias y posicionamientos en la estructura
social. En síntesis, "condiciones de vida" aluden al equipamiento y/o
provisión de bienes del hogar con relación a la cantidad de miembros, a las
características de la inserción ocupacional de los miembros, a los niveles de
educación alcanzados por los mismos, al acceso a los beneficios sociales y a la
posibilidad de expresión y participación en la vida pública[xiv].
Entonces,
el uso de la noción de "vulnerabilidad social" se vincula con la
línea conceptual que plantea pobreza como carencias y se plantea como
herramienta analítica que permita estudiar lo que ocurre en ese gran espacio de
marginación y de pobreza, cuyos límites son difusos y móviles, identificando
situaciones diversas y con distinta condición de riesgo. Así, el concepto
permitiría una mayor aproximación a la diversidad de situaciones a las que se
enfrentan los que de una u otra manera, son partícipes de algún tipo de
privación, incluidas las más críticas, para las que se reserva el término
exclusión.
De
esta forma la riqueza analítica del concepto no sólo no restringe su aplicación
a las carencias actuales sino que también permitiría aplicarse para describir
situaciones de riesgo, de debilidad, de fragilidad y de precariedad futura a
partir de las condiciones registradas en la actualidad. Es por ello que las
categorías de vulnerabilidad y exclusión se presentan como sugerentes para
distinguir las diferencias y develar las heterogeneidades, tanto para la
comprensión del fenómeno como para diseñar e implementar distintas acciones
posibles en materia de políticas diversas.
Como
se trata de un concepto que puede ser ambiguo, polisémico, que ha invadido el
discurso mediático, con el que se alude a fenómenos diversos y situaciones
disímiles, aquí se parte, en términos operativos, de una definición de
vulnerabilidad social entendida como una condición social de riesgo, de
dificultad, que inhabilita e invalida,
de manera inmediata o en el futuro, a los grupos afectados, en la
satisfacción de su bienestar -en tanto subsistencia y calidad de vida- en
contextos sociohistóricos y culturalmente determinados.
La
idea de “condición social de riesgo” implica una diversidad de situaciones que
podrían estar incluidas bajo esa característica; esto refiere también a la
multidimensionalidad y complejidad de la categoría, por lo que se pretende
incluir dimensiones referidas, tanto a la posición, a la situación más
objetivable, como las vinculadas a la
percepción de la situación de riesgo y privación; pretende asimismo reconocerle
su significado dinámico, ya que la idea de riesgo implica la probabilidad de
ocurrencia, esto es, la posibilidad de concreción y cristalización, en este
caso de vulnerable a vulnerado. En este sentido el tiempo, considerado como
transcurso, atraviesa las distintas dimensiones de la vulnerabilidad con
efectos diferenciales según de que plazo se trate. La idea de “satisfacción del
bienestar, en tanto subsistencia y calidad de vida”, es de hecho de mayor
amplitud que la de “necesidades básicas”; se orienta a incluir elementos que
den cuenta de otros requerimientos como por ejemplo posibilidades de descanso y
tiempo libre durante la etapa laboral y hacia el final de la vida activa.
Un
concepto de vulnerabilidad en el sentido que se viene planteando, alude a
situaciones de debilidad, de precariedad en la inserción laboral, de fragilidad
en los vínculos relacionales; situaciones éstas en las que se encuentran, en
mayor o menor medida, una diversidad de grupos sociales y no sólo los que se
definen como pobres según las mediciones usuales. Este universo formaría parte
del espacio donde se inscriben las distintas pobrezas e integraría algunas de
las dimensiones de la misma, pero vulnerabilidad no se agota en pobreza, más
bien la incluye.
Los
hogares vulnerables -y los individuos- se enfrentan a riesgo de deterioro,
pérdida o imposibilidad de acceso a condiciones habitacionales, sanitarias,
educativas, laborales, previsionales, de participación, de acceso diferencial a
la información y a las oportunidades.
La
identificación de los grupos sociales, hogares e individuos que se enfrentan a
los riesgos mencionados y expuestos a ver modificados sus condiciones de vida
ante cambios en las condiciones laborales de sus miembros activos, en cierto
modo implica la ponderación de los indicadores relacionados con la inserción
laboral, pero no excluye la importancia de las otras dimensiones.
Es
en esta línea que se privilegia la aplicación del concepto a unidades de
análisis colectivas, grupos familiares / domésticos ya que es allí donde
adquiere mayor significado y aplicabilidad. El uso de estas unidades al menos
desde la perspectiva sociológica, fue privilegiado como ámbito de interacción
que conforman mediaciones entre individuos, contextos sociales y estructuras;
implica también una apreciación crítica de los trabajos que se basan en
individuos agregados como seres aislados. La aplicación de esta perspectiva ha
sido bastante fecunda tanto en cuanto a desarrollos conceptuales como a los
resultados en hallazgos de investigación, con conceptos tales como “instancias
mediadoras”, “contextos familiares” entre otros, y para dar cuenta de la
relación entre capacidades, recursos y requerimientos, del uso de la fuerza de
trabajo, de diversidad de acciones llamadas “estrategias” en sentido laxo.
Las
unidades de análisis conformadas por agregados, remiten en su construcción a la
objetivación de diversas relaciones que operan en los espacios de interacción e
involucran a los componentes de los grupos familiares; desde los lazos de
consanguinidad y co-residencia hasta los sistemas de poder, autoridad y
adjudicación de responsabilidades, así como los sistemas de normas y valores
que rigen. No debe asumirse como espacio armónico, de consolidación de afectos,
sino también de tensiones.
Como
se ha señalado antes, la propuesta de trabajar la vulnerabilidad social de modo
que permita analizar las diferencias, las heterogeneidades, el mayor o menor
nivel o grado de fragilidad y de riesgo de las unidades familiares, incluye
considerarla en diferentes ámbitos o dimensiones: algunos que hacen al
contexto, otros al micro espacio de relaciones conformado por las características
de los miembros. A partir de la información que se registra para los individuos
o para el hogar, según sea la dimensión que se considere y de modo de poder establecer las relaciones
pertinentes, se construyen las unidades de análisis[xv].
Las
dimensiones que se proponen corresponden a su vez a diferentes niveles:
contextual, familiar-doméstico e individual. Estos niveles se vinculan en
cierto modo, a pensar desde una metáfora espacial limitaciones que operan
“desde arriba” –el régimen político y social de acumulación- y “desde abajo”
–los atributos individuales-. Las distintas instancias analíticas plantean
diferentes necesidades de información y requieren de instrumentos técnicos y
analíticos diversos que al mismo tiempo permitan establecer las vinculaciones.
La información a utilizar responderá a cada requerimiento específico según las
dimensiones o los planos que se han planteado. Se asume la postura de la
complementariedad de los métodos de recolección y análisis vinculada al ámbito
específico de la problemática que se aborda.
En
el plano contextual se deberán considerar diversos indicadores socioeconómicos,
referidos a algunas características demográficas y al funcionamiento del
mercado laboral y de la producción en el espacio social analizado; implican en
cierto modo, los "condicionamientos" el marco de referencia para
analizar las diferentes situaciones. Para analizar las situaciones
de vulnerabilidad, se proponen las siguientes dimensiones:
1)
Con
relación al hábitat y a las condiciones
habitacionales, los indicadores que se seleccionaron permiten evaluar el
acceso pasado y actual a un aspecto de las condiciones materiales de existencia
logradas en el tiempo. En cierto modo miden situaciones menos coyunturales, si
bien no se pueden evaluar con los indicadores usados, qué acciones se llevaron
a cabo para llegar a este nivel, como por ejemplo el “sacrificio de bienes
pasados”.
2)
Vinculada
a los tipos y formas de la organización
familiar así como a la posición social de los hogares, ya que las
características sociodemográficas de los hogares y su ubicación social importan
para analizar requerimientos y necesidades y la posibilidad de satisfacción,
según diferentes etapas del ciclo vital, responsabilidades según género y
generaciones.
3)
Ligadas a
las características educacionales,
ya que no sólo advierte sobre las capacidades operativas de la población y la
posibilidad de dar respuestas a los requerimientos del mercado laboral, sino
también de los posibles niveles en la adquisición de, y en la exposición a,
redes de socialización. Incidiría también en la conformación de determinado
capital social y cultural. En este punto es particularmente importante
considerar los niveles de escolaridad de modo diferencial según los grupos de
edad y de los lugares que ocupen en la estructura familiar.
4)
Con
relación al ámbito laboral, ya que
el trabajo como recurso generador de recursos no sólo posibilita el sustento
material de la existencia sino también que determinadas formas y condiciones de
trabajo provean –o no- seguridad, reconocimiento e inserción en alguna clase de
mecanismo de integración y cohesión social. En esta dimensión sería pertinente
considerar también las trayectorias como uno de los recursos explicativos de
mayor o menor logro en los niveles de acumulación de activos materiales y no
materiales, estos últimos vinculados a las formas de capital social que se
pueden generar a través de la inserción en diferentes ámbitos.
5)
Con
aspectos relativos a lo previsional
ya que muchas de las garantías asociadas a la condición salarial están en
retroceso.
6)
En el ámbito relacional que contemple las
posibles inserciones de redes de relaciones en sistemas de sociabilidad, de
contención que hacen a la integración en diferentes lazos sociales. Las diferentes situaciones de privación y de fragilidad se definirán por la
interrelación de distintas dimensiones considerando el peso diferencial que se
le otorgue a cada una. Con condicionamientos del “contexto” se deben
interrelacionar las características propias de los grupos a analizar, familiares
o co-residenciales, sus atributos, sus capacidades, las normas y valores, los
sistemas simbólicos, las diferencias de
género, entre otras. Se intenta lograr una medida compleja que diferencie
situaciones de mayor o menor fragilidad, incluyendo también distintos plazos. A
modo de ejemplo: los indicadores de la dimensión laboral estarían referenciando
una situación vulnerable en el plazo inmediato cuando el tipo de inserción
ocupacional es precario; en la misma dimensión los indicadores relacionados a
lo previsional podrían considerarse como un elemento
de potenciales situaciones de vulnerabilidad en el futuro. De igual modo, un
índice que conjugue nivel de instrucción con rango etáreo y posición en el
hogar indicaría diferentes condiciones de riesgo, actual o futura. Con esta propuesta metodológica se propone identificar
hogares en situación de mayor o menor riesgo o debilidad, por "desbalance" entre recursos, en sentido amplio y
necesidades. Por otra parte, los atributos
individuales inciden también en la determinación del tipo o forma de
fragilidad. A modo de ejemplo, si se trata
de jóvenes que buscan su primer empleo, considerando las características de los
hogares de pertenencia, probablemente se esté en presencia de una situación que
en el futuro será de mayor debilidad, ya que o bien han interrumpido la escuela
secundaria o están dispuestos a abandonarla ante la posibilidad de obtener
algún ingreso para aportar al grupo familiar.
Un tipo
distinto de condiciones de vulnerabilidad es la que representan los hogares
cuyos jefes pertenecen al estrato de 25 a 29 años que independientemente de su
inserción ocupacional actual, no concluyeron el ciclo secundario. Esta
característica constituiría un indicador de riesgo futuro, particularmente por
los requerimientos cada vez más complejos del mercado laboral.
Las
distintas formas específicas del tipo de vulnerabilidad de los hogares deberían
ser tomadas en cuenta al decidir maneras de intervención. Cuando la misma está
asociada fundamentalmente a la escasez de los ingresos y a la situación de
desempleo de uno o varios miembros, las políticas sociales implementadas
deberían tender a cubrir esta situación a partir del diseño de políticas de
empleo focalizadas tanto para jefes de hogar como para mujeres o jóvenes; y
contemplar las necesidades de las madres a través del funcionamiento de
guarderías en distintos centros barriales, con personal capacitado que atiendan
a los niños cuando aquéllas deban participar del mercado laboral. Dicho
personal podría ser seleccionado en los mismos ámbitos de pertenencia brindándole formación a las jóvenes para que puedan cumplir
con las tareas. Cuando la situación es de riesgo futuro y se vincula
básicamente con el déficit educativo las políticas tendrían que tender hacia
una capacitación polivalente que les permita insertarse en un mercado cada vez
más exigente respecto de los conocimientos y las habilidades. ANEXO METODOLOGICO 1.- Nivel
familiar-doméstico Dimensiones Indicadores en Encuesta Permanente de
hogares
2.- Nivel Individuos
Estudios de casos: selección de barrios / zonas específicas Construcción de instrumentos específicos que consideren la siguiente necesidad de información 1.- Nivel familiar-doméstico Dimensiones Indicadores
2.- Nivel Individuos
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* Una
primera versión de este trabajo se presentó al Primer Congreso Internacional
“Políticas Sociales para un nuevo siglo”, Concepción, Chile, Noviembre de 2000.
*
Investigadora-Docente. CIUNR-Facultad de Ciencia Política y Relaciones
Internacionales. UNR. Nperona@citynet.net.ar
**
Investigadora-Docente. CIUNR-Facultad de Ciencia Política y Relaciones
Internacionales. UNR.
[i]Minujin, A., "Vulnerabilidad y Exclusión Social
en América Latina", en Bustelo, E. y Minujin, A. (Editores), Todos entran. Propuesta para
sociedades incluyentes, Unicef-Santillana, Bogotá, 1998. págs.
163-165.
[ii] Persistencia de elevadas tasas de desempleo,
el incremento de la intensidad de la desocupación y la existencia de un gran
sector de ocupados en condiciones precarias o en tareas que generan poco
ingreso, fragilidad de los contratos laborales, la inexistencia de beneficios
sociales tradicionalmente relacionados con la categoría de asalariado.
[iii] En este sentido el Informe de CEPAL(1999) sobre situación social y económica de la región
si bien marca que en la década del noventa “en la región en su conjunto el
porcentaje de hogares en situación de pobreza disminuyó de 41% a 36%," con
relación al nivel previo a la crisis de los años ochenta ". la población
pobre se mantiene en torno a 200 millones de personas”, señala las diferencias
regionales con empeoramiento en algunos países (Argentina, México) en el
período 1994-1997 sin registrar mejoría en otros (Venezuela, Costa Rica, El
Salvador, Honduras). Indica además que la desaceleración del crecimiento
económico podría llevar al empeoramiento de la pobreza en varios países.
[iv] A. Monza, “La
crisis del empleo en la Argentina de los 90. Las debilidades de la
interpretación estándar”, en A. Isuani y D. Filmus, La Argentina que viene. Análisis y propuestas
para una sociedad en transición. Norma-FLACSO-UNICEF, Buenos Aires, 1998; La
situación del empleo en la Argentina, Proyecto Gobierno Argentina/Pnud/Oit-Arg/92/009,
Informe 3, Buenos Aires, 1992.
[v] En los conceptos de pobreza interviene la
idea de carencia como también la de desigualdad. Ver Lizcano,
E. (1995).
[vi] Se hace referencia a las formas usuales de
medición de la pobreza; por el método de la Necesidades Básicas Insatisfechas
se definen la población categorizada como
"pobres estructurales", sectores que históricamente sufrieron
situaciones de carencia. La pobreza medida según los niveles de ingreso
posibilita identificar la magnitud y la evolución de los "nuevos
pobres" y de la indigencia. Una revisión crítica de la bibliografía sobre
métodos multidimensionales de medición de la pobreza en: Julio Boltvinik, "Métodos y medición de la pobreza.
Conceptos y tipología" y "Métodos de medición de la pobreza. Una
evaluación crítica (2da.parte)", en Socialis.
Revista Latinoamericana de Políticas Sociales. Nºs.
1 y 2, octubre 1999 y mayo 2000. FLACSO-Facultad de Ciencias Sociales
(UBA)-Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales (UNR)-Homo Sapiens Ediciones.
[vii] Una revisión del uso del concepto de
marginalidad y la posible vinculación con las nociones de vulnerabilidad y
exclusión en: N. Perona "Desde la marginalidad a la exclusión
social. Una revisión de los
conceptos", en Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales,
mayo-agosto, 2001, vol.7 nº 2, pp.35-48.
[viii] A. Minujin, Op. Cit., Pág. 171.
[ix] Serge Paugam "La consitution d'un paradigme" en Paugam S.(sous
la direction de), L'exclusion.
L'état des savoirs, Éditions La découverte, París,
1996.
[x] B. Wehle, “El
debate europeo acerca de las nuevas dimensiones de la pobreza y la exclusión
social”, ponencia presentada al I Congreso Nacional “Pobres y pobreza en la
sociedad argentina”, Quilmes, noviembre 1997.
[xi] Tony Atkinson, "La pauvreté et l'exclusion sociale en Europe", en Atkinson, T., Glaude, J. Freyssinet y C. Seibel, Pauvreté et exclusion, La documentation française, Paris, 1998.
[xii] A. Minujin, Op. Cit.,
pp.169-173.
[xiii] Robert Castel, “Los desafiliados. Precariedad del trabajo y
vulnerabilidad relacional”, en Revista Topía,
año I Nº 3, noviembre 1991.pp.28-35 y
“De la exclusión como estado a la vulnerabilidad como proceso”, en Archipiélago,
Nª 21, Madrid, 1995. La métamorphoses
de la question sociale,
Fayard, París, 1995. “Metamorfosis de lo social y
refundación de la solidaridad: el debate teórico”, Conferencia pronunciada en
el Coloquio internacional Mutaciones. Metamorfosis de lo social. Refundación de
la solidaridad”, Buenos Aires, julio 1996. "Les marginaux
dans l'histoire", en Paugam S. (Sous la direction de), Op. Cit. pp.32-41.
[xiv] La noción de "condiciones de vida"
aquí planteada reconoce antecedentes en los desarrollos que R. Williams (1958) hiciera de "modos de vida" para
incluir componentes objetivos (vivienda, rutinas cotidianas, etc) y subjetivos
e identitarios. También con el planteo de Thompson (1993) de contextos sociales, que implican
escenarios espacio-temporales, parte constitutiva de la acción e interacción
que se dan en ellos.
[xv] En un trabajo previo, analizando las
características socio-ocupacionales de un barrio de la ciudad de Rosario, se
utilizaron algunos de los indicadores que se incluyen en esta propuesta, para
establecer hogares vulnerables. N. Perona y S. Robin, "Desocupación y vulnerabilidad. Un estudio de
caso en el Barrio Parque Sur.Rosario.", en
Anuario del Departamento de Ciencias de la Comunicación, Año 1999/00, Volumen
V, Escuela de Comunicación Social. Facultad de Ciencia Política y Relaciones
Internacionales. U.N.R.
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