Silvia Anguiano de Campero [*]

Es nuestro interés en el presente trabajo abordar el tema de la demanda social y su formulación en un requerimiento social.

Nuestro punto de partida es la distinción efectuada por René Lourau en su libro «El Análisis Institucional»[ 1] , entre demanda social y requerimiento social.

Este autor define la demanda social como «la carencia o desproporción existente entre el estado de las relaciones sociales en un momento dado y el estado de la producción; constituye el signo de que las relaciones sociales -materia prima siempre ya ahí- deben ser transformadas perpetuamente».

Distinguiéndola del requerimiento social: « en cuanto este es la segunda faz de la demanda; significa que la demanda que emana de las relaciones sociales determina de una sola vez no solo la producción del objeto, sino también la manera en que será consumido»[ 2]

También agrega Lourau (en cita a pié de página 194) que, en «términos marxistas, se podría definir la demanda social como la distancia que existe en todo momento entre el estado de las fuerzas productivas y las instituciones del modo de producción. O de manera más descriptiva, como el proceso de socialización ligado al proceso de producción»

A nuestro entender, se destaca de este modo que la demanda social presiona en dirección al cambio de las relaciones sociales instituidas.

Pero, ¿cuál es el sentido del cambio? ¿Quién es el que define la dirección? En el planteo marxista original el desarrollo de las fuerzas productivas genera una dirección objetiva, que tarde o temprano hará estallar las barreras instituídas por el modo de producción porque la realidad misma empieza a estar precedida por otras leyes.

Nuestra interés se dirige a la producción sociológica que ahonda en esta brecha abierta por la «carencia o la desproporción» entre las relaciones sociales del modo de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas.Nos proponemos describir las perspectivas sociológicas desde las que se ha otorgado significación a las «necesidades sociales» que es el referente con el que la teoría sociológica ha conceptualizado la carencia frente al modo de producción instituído y que constituyen el marco referencial actual en la construcción de discursos alternativos .

En efecto, la interpretación sobre la «carencia» , esto es las necesidades sociales, y el punto de vista desde el que se las define determina la segunda faz de la demanda que llamamos siguiendo a este autor:el requerimiento,esto es, la producción del objeto y el modo de consumirlo. Lo que «debe demandarse», es construido desde perspectivas que interpretan las necesidades sociales y su función en la conservación o cambio del orden instituido.

Nuestro tema queda delimitado por esta brecha abierta por la carencia o desproporción entre las relaciones sociales y la producción: ¿Cómo se interpretan las necesidades sociales?.

Esto nos conduce a otro problema ¿Cómo queda implicado el sociólogo y en general los que hacen de lo social su objeto de estudio y trabajo? Nuestro interés se dirige al modo en que cada perspectiva define la participación del científico y el trabajador social en la construcción del requerimiento social.

En efecto, tanto en el discurso erudito como en el discurso de sentido común es posible encontrar en determinado momento la huella de los supuestos teóricos que han terminado por imponerse como el modo «correcto» de referirse, de evaluar, de decir y de actuar en el que los trabajadores e investigadores de lo social han tenido un papel no menor al difundirlo o luchado incluso, por imponerlo. Hubo momentos en que «había que producir un cambio de estructuras» como requerimiento imperioso de la hora, donde lo estructural o la palabra estructura era la clave del orden y del cambio; o no hace mucho, apenas dos décadas, la sociología, el sociólogo y cualquier hombre de bien debía «comprometerse» con sentido histórico por el futuro de la sociedad y el «hombre nuevo» y toda la culpa la tenía «el sistema». Hoy ,en el momento en que la idea de que lo social se construye ha empezado a ser un lugar común , se muestra como importante transitar los rastros de esta huella en el tema que nos ocupa, el de la interpretación de las necesidades y el significado que se les atribuye en el mantenimiento y transformación del orden instituido, ya que los referentes que utilizamos en la semantización de la demanda social determinan un modo de percibir, de decir y de implicar al analista y al trabajador social.

De este modo nos proponemos especificar los marcos referenciales sociológicos desde los que se otorga significado a las necesidades sociales que son el objeto de la demanda social y que a su vez determinan el modo de formular el requerimiento, esto es, que la percepción sobre las necesidades se inscribe dentro de una perspectiva que le sirve de marco de referencia que determina el papel que les cabe en el mantenimiento o cambio del orden instituido y determina la segunda faz de la demanda social, el requerimiento, y define el modo de participación de aquellos que hacen de lo social su objeto de estudio y trabajo.

LA DEMANDA

Que entendemos por demanda ?

La forma mas simple de enunciar el significado de la demanda, de cualquier demanda, es sin duda concebirla como expresión (súplica, pedido, rogatoria)de una necesidad, de un deseo o apetencia.

Pero la simpleza concluye aquí.

Que entendemos por necesidad?

Este interrogante adquiere una dimensión aún mas compleja cuando hablamos de demanda social y el lugar que las «necesidades» desempeñan dentro de las diferentes perspectivas teóricas, tanto de la sociología como de otras disciplinas sociales.

Comenzaremos por analizar las necesidades que presupone una demanda. En la sociología existen dos perspectivas diferentes que asignan a las necesidades un lugar definido en la construcción teórica. Ellas son las perspectivas estructural-funcional y la marxista. Para su tratamiento sintético, nos limitaremos para desarrollar la perspectiva estructural-funcionalista a la obra de Talcott Parsons sobre el Sistema Social [ 3] y a Teoría y Estructura Social de Robert Kin Merton,[ 4] cuyos aportes son, sin lugar a dudas, de gran significación. Para la perspectiva marxista sintetizaremos el pensamiento de Marx y los balances de esta perspectiva de acuerdo al aporte de quienes se apoyan en la tradición marxista desde la crítica a algunos de sus postulados teniendo en cuenta el desarrollo de la sociedad actual: Hanna Arent, Jürguen Habermas y Agnes Heller que señalan alternativas diferentes para el análisis de las necesidades y las demandas sociales.

LA PERSPECTIVA ESTRUCTURAL FUNCIONAL

Talcott Parsons, en la obra citada, lleva adelante el intento de construir a gran escala la teoría funcionalista. Este intento se distingue por pretender formular en forma abstracta la teoría que sistematice el conjunto de las ciencias sociales, desde el nivel de análisis estructural funcional. El concepto de Sistema Social será este principio organizador y sistematizador de todas las disciplinas sociales. Se aleja de este modo de la crítica social hacia las sociedades o civilizaciones históricas, y desplaza su interés hacia la construcción teórica.

El sistema social ha de entenderse como uno de los modos posibles de estructuración de la acción. Por ello será ineludible partir del concepto mismo de acción social.

Es importante señalar, que la acción social es entendida no como un elemento del sistema, sino que ella misma es un proceso que tiene significación motivacional en el sistema compuesto por el actor, la situación y la orientación del actor en la situación.

En palabras de Parsons:

«Es un proceso, en el sistema actor situación que tiene significación motivacional para el actor o actores, orientados por una tendencia a obtener el máximo de gratificación». [ 5]

Un sistema de acción integra los siguiente aspectos básicos: uno de satisfacción y otro de orientación («catético» y «cognoscitivo» respectivamente).Por el primero, la acción despliega los deseos, por el segundo, despliega juicios o interpretaciones sobre lo que las cosas son o lo que significan.En tercer lugar, debe existir la posibilidad de seleccionar y elegir entre las alternativas que se le presentan en los juicios e interpretaciones: este es el aspecto de «valoración».

Estos aspectos básicos pueden ser analizados desde la perspectiva del actor o desde la perspectiva de la situación.

En el primer caso, desde la perspectiva del actor sirven para justificar la motivación del ser humano como tendencia a obtener un máximo de gratificación, pues se trata de necesidades, o en términos del autor, disposiciones de necesidad que no dependen de la voluntad del individuo sino que el organismo humano ya está constituido (dispuesto) de este modo. En tanto necesidades biológicas, psíquicas, emotivas, etc. proporcionan la justificación del interés que el individuo tiene en la acción y constituyen en conjunto un sistema de expectativas del actor en la situación. Como disposiciones de necesidad, se clasifican por lo tanto en cognitivas, catéticas y valorativas.

Desde la perspectiva de la situación son criterios de orientación por valores, establecidos por la tradición para orientar al actor en la situación, que constituyen en su conjunto las soluciones o satisfacción a las necesidades. También se clasifican en cognitivos, apreciativos y morales.

El complejo estructurado de las disposiciones de necesidad constituye el sistema de la personalidad.

El complejo estructurado de las orientaciones de valor constituye el sistema cultural.

En tanto, el Sistema social es concebido como un conjunto compuesto por una pluralidad de personas en interacción «motivadas según una tendencia a la optimización de la satisfacción y cuya relación con sus situaciones, incluyendo las de unas con otras, es definida y mediada según un sistema de símbolos culturalmente estructurados y compartidos».[ 7] El sistema social así definido, es uno de los posibles modos de estructuración de la acción social en tanto sistema, los otros dos modos son el sistema de la personalidad y el sistema cultural.

El problema central que se plantea desde la perspectiva de Parsons es cómo se organiza empíricamente un sistema social, esto es cuándo y cómo decimos que un sistema es una sociedad. A este respecto nos dice Parsons:

«Puesto que la organización empírica del sistema es un punto fundamental, la norma, como si dijéramos, tiene que ser la concepción de un sistema social empíricamente autosubsistente».[ 7]

Nos señala en el párrafo precedente cuál es la perspectiva, el punto de vista decisivo y fundamental de la mirada sociológica: ella debe dirigirse a interrogar cómo se organiza empíricamente un sistema social, esto es, que la preocupación central del sociólogo debe estar dirigida a desentrañar como hace un sistema para ser autosubsistente. Agrega:

«Si añadimos la consideración de duración lo suficientemente larga para sobrepasar la vida del ser humano normal, el reclutamiento mediante la reproducción biológica y la socialización de la nueva generación devienen aspectos esenciales del tal sistema social. A un sistema social de este tipo, que cumple con todos los prerrequisitos funcionales esenciales de persistencia a muy largo plazo desde sus propios recursos, lo llamaremos sociedad. No es esencial al concepto de sociedad el que no deba ser en modo alguno empíricamente interdependiente con otras sociedad, sino simplemente que contenga todos los fundamentos estructurales y funcionales propios de un sistema que subsiste por sí solo».[8]Cómo hace un sistema social para subsistir de sus propios recursos y durar? Cumpliendo con los prerrequisitos funcionales de:

a) satisfacer las necesidades mínimas de la mayoría de los actores .

b) mantener un control mínimo sobre el comportamiento potencialmente perturbador.

c) proveer recursos culturales suficientes para interiorizar un nivel de personalidad adecuado al sistema social.

d) integrar los sistemas social, cultural y de la personalidad entre si, mediante la estructuración de apoyos mutuos.

El valor Orden es fundamental en la perspectiva de Parsons, y este valor es el que subyace debajo de la multiplicidad de requisitos que enumera como funciones que las estructuras deben cumplir para que el sistema empírico (sociedad) exista y perdure.

El orden normativo es el que integra los elementos simbólicos y motivadores. Las Instituciones tienen una función estratégica en el mantenimiento de este orden del sistema, ya que ellas garantizan la ordenación normativa de la satisfacción de las necesidades (disciplinamiento), y ellas constituyen el núcleo de toda sociedad.

No pretendemos desplegar la teoría de este autor en forma completa. Creemos que en los puntos señalados es posible situar el papel que las necesidades, y en especial las sociales, desempeñaba en su construcción teórica.

En efecto, en primer lugar, las necesidades son el motor de la acción en tanto sistema: son Disposiciones de Necesidad, según la terminología parsoniana, catéticas, cognitivas y valorativas.

El ser humano individual despliega en su acción estas motivaciones: la satisfacción óptima de sus necesidades orientándose para ello según ideas o juicios y seleccionando de entre las alternativas, según criterios de valor(necesidades individuales).

En segundo lugar, para que un sistema social total (la sociedad) subsista y perdure debe satisfacer un mínimo de las necesidades de la mayoría de los actores (necesidades sociales).

El eje que define la acción humana en tanto sistema y el eje de la sociedad en tanto sistema social total pasa, por lo tanto, por el reconocimiento de las necesidades individuales y sociales.

Pero este reconocimiento tiene un límite: siempre que dichas necesidades no perturben el mantenimiento del orden y amenacen la integración social, evitando mediante mecanismos de control, el comportamiento perturbador, o potencialmente perturbador. Y fundamentalmente, lo que podríamos llamar «mecanismos o técnicas de disciplinamiento de las necesidades», que consisten en recursos culturales aptos para la interiorización de una personalidad adecuada al sistema social , evitando que el sistema imponga demandas excesivas o imposibles de cumplir a las personas. A estas podríamos llamarlas necesidades sistémicas.

Las instituciones de la sociedad tienen esta función estratégica para el mantenimiento de la ordenación normativa de las necesidades.

El límite de la satisfacción de las necesidades individuales y sociales son las propias necesidades sistémicas.

Otro enfoque estructural funcional, el desarrollado por Robert Merton, hace suya algunas de las variadas críticas que se hicieron al sistema social parsoniano y trata de corregir alguna de las deficiencias ideológicas que dificultaban el uso de la perspectiva estructural funcional, que según Merton, puede constituirse en una estrategia netamente instrumental. Lo ideológico corre por cuenta de quien la utiliza en casos particulares, constituyendo un problema propio de la sociología del conocimiento analizar la implicación ideológica en la formulación de problemas, supuestos teóricos, conceptos, determinada por la posición del sociólogo en la estructura social, explica este autor. [9]

Mas allá de estas ideas, el aporte de Merton a nuestro tema podemos centrarlo en los siguientes puntos:

En primer lugar, la distinción entre disposiciones subjetivas y consecuencias objetivas observables de la acción. La no distinción entre ambas ha llenado de confusión los análisis funcionales. Las disposiciones subjetivas, tales como fines, motivos, propósitos, corresponden al punto de mira del participante de la acción . Las consecuencias objetivas observables son el verdadero contenido de la función, y corresponden al punto de vista del observador.

Las disposiciones subjetivas pueden coincidir o no con las consecuencias objetivas, esto lo lleva a efectuar la distinción conceptual entre funciones manifiestas y latentes: las primeras son consecuencias objetivas que contribuyen a la adaptación al sistema, reconocidas y buscadas por los participantes; y las segundas no son reconocidas ni buscadas por los participantes.

Afirma Merton « Hay algunas pruebas de que precisamente en el momento en que la atención investigadora de los sociólogos pasó del plano de las funciones manifiestas al plano de las latentes fue cuando hicieron sus aportaciones mayores y distintivas».[10]

El análisis funcional no debe limitarse a las consecuencias objetivas observables «positivas», esto es que favorecen el mantenimiento del sistema. Por el contrario, es necesario distinguir entre consecuencias funcionales, disfuncionales, o afuncionales y un «saldo líquido de una suma o agregación de consecuencias, ya sea para todo el sistema social, o para algunas de sus estructuras.

Esto implica dos cosas:

1) que lo que es funcional para ciertas estructuras puede no serlo para otras(en contra del postulado de la unidad funcional de la sociedad).

2) que no todas las estructuras desempeñan funciones positivas para el mantenimiento del sistema (en contra del postulado del funcionalismo universal ).

En segundo lugar: la consideración de que el análisis funcional debe considerar activa a la estructura social, esto es, que la estructura produce o genera motivaciones, por la presión que ejerce sobre los individuos. Nos dice Merton que « Si la estructura social restringe alguna inclinaciones a obrar, crea otras». [11]

Las necesidades, por lo tanto no están dadas sólo por la naturaleza humana sino que hay una definición cultural de las mismas, son «inducidas culturalmente». A su vez, como la estructura social impone un acceso diferencial a las oportunidades, puede suceder que «La cultura y la estructura social operan en sentidos cruzados» [12] pudiendo, la misma presión que genera la conducta «conforme» al sistema, generar la conducta «divergente».

En tercer lugar, como consecuencia de los dos aportes anteriores, que las instituciones pueden tener diferentes grado de apoyo entre los grupos de una sociedad, y lo que está «legitimado» puede, por lo tanto, no estarlo para «todos los grupos de la sociedad»[13]. Esto permite concluir, que el inconformismo con algunas instituciones de la sociedad puede representar «el comienzo de una norma nueva, con sus derechos distintivos a la validez moral». [14]

Esto es importante para la consideración de las necesidades sociales que satisfacen las estructuras, ya que las estructura «oficiales» pueden dejar insatisfechas demandas sociales, que al estar generadas por presiones culturales determinan la aparición de estructuras alternas [15] ,con legitimación por parte de algunos grupos de la sociedad con acceso restringido a las estructuras «oficiales».

En cuarto lugar, la tensión, discrepancia o contradicción entre los componentes de la estructura social y cultural, siempre que no sean controlados mediante mecanismos adecuados, pueden ser conducentes a producir cambios en el sistema social.

«Todo esto no quiere decir, por supuesto, que dichas tensiones actúen solas en la producción de cambios en una estructura social, pero presentan una fuente teóricamente estratégica de cambio…» [15]

Una última consideración, la quinta, al aporte de Merton en sus estudios sobre las ocupaciones como uno de los núcleos importantes de la organización de la sociedad, donde señala que «las aspiraciones, los intereses y los sentimientos personales de los individuos están organizados en gran parte y sellados con la marca de su perspectiva ocupacional.(…)los individuos de diferentes ocupaciones tienden a desempeñar papeles diferentes en la sociedad, a tener participaciones diferentes en el ejercicio del poder, lo confiesen o no, y a ver el mundo de una manera diferente» .[16]

Podríamos decir, que la diferenciación social, producto de la diferencial participación en la estructura de las ocupaciones implica una diferenciación en las perspectivas con las que se perciben las necesidades, y una diferencia en los modos de definirlas, como así mismo, una diferencia fundamental en cuanto a las chances de satisfacerlas.

Balance de la perspectiva estructural funcional:

Creemos que el aporte más significativo de la perspectiva estructural funcional a nuestro tema es haber revelado las restricciones que impone el sistema social, el disciplinamiento de las necesidades, el condicionamiento estructural en la generación de las necesidades, en definitiva, como «funciona» la sociedad capitalista, especialmente la norteamericana, y el papel de los valores culturales y su mantenimiento como uno de los ejes donde se vertebra la sociedad.

Las deficiencias del análisis estructural funcional, viene dada por su poca preocupación para explicar como y porqué llegó a constituirse este estado de cosas. Esta escasa preocupación se revela como defectos de la perspectiva en sí y no como deficiencias de quienes lo utilizan.

En efecto, por qué el análisis estructural funcional no puede explicar ¿cómo y por qué se produjo este estado de cosas?

Porque su punto de partida es el sistema establecido, lo ya dado, el orden social. Privilegia de este modo lo instituido y reduce lo instituyente a un proceso de interiorización, de inculcación represiva .Toma como supuesto central las necesidades funcionales del sistema, y su análisis parte de las estructuras en las que se cumplen las funciones o las disfunciones.Desde este punto de mira, la creación de una sociedad orgánica como meta puede ser emprendida por una ingeniería social que, corrigiendo errores, mejorara lo dado. Con el auxilio obvio de los sociólogos.

Además, porque soslaya las luchas de poder en el transcurso histórico, o mejor expresado, lo histórico está fuera de alcance del análisis estructural funcional.

La consecuencia en la utilización de esta perspectiva, es el riesgo de explicaciones tautológicas (la parte existe porque cumple una función para el sistema y el sistema existe porque la parte cumple su función) y teleológicas( ya que las estructuras sociales existen para cumplir fines y objetivos generales y abstractos).

Descuida por lo tanto, las acciones concretas que llevaron a la constitución de este sistema, los conflictos de poder que terminaron por imponer este estado de cosas, lo cual implica la no necesariedad de este sistema y que la ingeniería social que se propugna sea más de lo mismo con el aporte del sociólogo incluido .

LA PERSPECTIVA MARXISTA

Las premisas de las que parte Marx para elaborar su teoría general, relacionadas al tema que nos ocupa, son sucintamente las siguientes:

Las necesidades ,el trabajo y la alienación.[17]

Los hombres reales, son organismos físicos, con necesidades físicas reales. Los hombres viven y se desarrollan sólo actuando con la naturaleza, y esta interacción con la naturaleza es ineludible para el hombre sea cual sea el modo de producción, o el sistema social.«El hombre vive de la naturaleza: significa que la naturaleza es su cuerpo, con el que debe mantener un proceso constante para no morir» .

A diferencia de otros animales, el hombre no toma simplemente de la naturaleza lo que necesita sino que él mismo produce, reproduce, crea y recrea los medios reales con los que subsiste, sus medios de subsistencia.

El trabajo humano es la producción de la vida, el mantenimiento de la vida, pero además es creación de un mundo superorgánico que se expande al mismo tiempo que se expande el reino de la necesidad, se multiplican las necesidades humanas.

«Así como el salvaje debe luchar con la naturaleza a fin de satisfacer sus necesidades, para conservar su vida y reproducirse, del mismo modo ha de hacerlo el hombre civilizado, bajo cualquier forma de sociedad y en todas las condiciones posibles de producción. Este reino de la necesidad se expande con su desarrollo, y otro tanto sucede con la esfera de las necesidades humanas. Se observa al mismo tiempo, no obstante, una expansión análoga de las fuerzas productivas, que vienen a satisfacer, las nuevas necesidades » [18]

Su trabajo no es solo una actividad vital, como la de cualquier animal, sino que lo que distingue la actividad vital del hombre es que él posee una actividad vital consciente, por la que puede tomar a ésta como objeto de su voluntad y de su conciencia. Su propia vida es para él un objeto porque es un ser genérico : «El hombre es un ser genérico….porque se comporta frente a sí mismo como frente al actual género viviente, porque se comporta frente a sí mismo como frente a un ser universal y, por tanto, libre.» [19]

Por su trabajo el hombre objetiva un mundo, produce un mundo objetivo, al mismo tiempo que se autoproduce como ser consciente, porque es en su actividad al elaborar el mundo objetivo que se experimenta a sí mismo como ser genérico. «El objeto del trabajo es pues la objetivación de la vida genérica del hombre: porque éste se duplica a sí mismo no sólo de una manera intelectual, cual es el caso en la conciencia, sino en forma activa, real, y se contempla a sí mismo en un mundo que él ha creado.»[20]

Pero estas facultades creadoras se hallan en una situación propia de las sociedades clasistas. Los obreros condenados a volverse más pobres cuanta más riqueza producen, cuanto « mas crece en poder y volumen su producción…El objeto que el trabajo produce lo enfrenta como un ser extraño, como un poder independiente del productor…»[21]. La actividad productiva aparece como pérdida de la realidad del obrero, como pérdida de su esencia humana; la objetivación del mundo que el obrero produce se presenta como pérdida del objeto o «servidumbre al objeto»; y la apropiación como alienación, como desapropiamiento» [22]

El sistema industrial capitalista ha reducido al obrero a ser una bestia limitada a las más estrictas necesidades corporales.

El trabajo pasa de ser una manifestación de la potencialidad creadora del hombre a ser un medio de subsistencia. Su condición de obrero solo le permite conservarse como ser físico: «El colmo de esta servidumbre es que sólo su calidad de obrero le permite conservarse todavía como sujeto físico, y que ya sólo como sujeto físico es obrero» [23]

La economía política ha escondido esta realidad al considerar al trabajo sólo desde la perspectiva del capitalista, como por ejemplo, cuando analiza la relación entre salario y utilidad de capital, o cuando concibe al trabajo como productor de valor. Marx parte de la relación del obrero con los objetos de su producción: «La relación inmediata del trabajo con sus productos es la relación del obrero con los objetos de su producción. La relación del hombre que posee fortuna con los objetos de la producción y con la producción misma no es mas que una consecuencia de esa primera relación» [24]

De este modo se esconde la relación alienada del obrero con el producto de su trabajo: cuanto mas pone el obrero en el producto mas se empobrece a sí mismo, mas pobre se vuelve su mundo interior. El trabajo deja de ser una manifestación de su creatividad, de su personalidad para convertirse en solo «un medio de subsistencia» que sólo le permite subsistir como obrero porque sólo provee a su existencia física. La naturaleza ya no lo provee de los medios de subsistencia, la naturaleza se ha vuelto extraña y ajena.

La relación alienada del obrero con el objeto sólo es posible porque la actividad misma, el trabajo es la alienación en acto: «Su trabajo no es pues voluntario, sino impuesto; es trabajo forzado. No es pues, la satisfacción de una necesidad, sino un medio de satisfacer algunas necesidades al margen del trabajo…El trabajo exterior, el trabajo en el que el hombre se aliena, es un trabajo de sacrificio de sí, de mortificación.

Por último, el carácter exterior del trabajo con respecto al obrero aparece en el hecho de que no es un bien propio de éste, sino un bien de otro; que no pertenece al obrero; que en el trabajo el obrero no se pertenece a sí mismo, sino que pertenece a otro» [25]

El obrero sólo se siente libre en sus funciones animales, comer beber y procrear:«Lo bestial se convierte en humano y lo humano se convierte en bestial» [26]

De este modo también se le arranca al hombre su genericidad. El trabajo no le pertenece, la naturaleza lo enfrenta como extraño y transforma al trabajo en un medio de subsistencia individual y vuelve al hombre extraño al hombre, y cada uno de los hombres se vuelve extraño a la esencia humana: pierde su ser genérico.

El extraño al que pertenece el producto y el trabajo no puede ser sino otro hombre que no es el obrero, bajo cuya coerción, dominio, yugo, el obrero sirve.

La propiedad privada aparece ahí como producto, como consecuencia y no como causa del trabajo alienado. Primero está el trabajo alienado, el trabajo como servidumbre, luego la propiedad privada. Después se da la retroalimentación, la propiedad privada genera más servidumbre.

La alienación del trabajo es, para Marx, un producto histórico propio de un estadio necesario en el desarrollo humano; la propiedad privada, su producto, también es propia de un estadio evolutivo en ese desarrollo. Ambas, como fases del desarrollo humano, serán superadas por la emancipación de los obreros que será al mismo tiempo la emancipación universal del hombre, y la propiedad, verdaderamente humana y social.

Hemos seguido principalmente el desarrollo de este tema en el análisis que Marx efectúa en los Manuscritos por que creemos que en ellos está contenida más explícitamente su concepción en relación a nuestro tema.

En síntesis, sus premisas son:

a)El hombre tiene necesidades concretas, reales que hacen a su reproducción física.

b)El trabajo es la actividad ineludible para crear vida.

c)Por el trabajo se reproduce la vida, se transforma la naturaleza, se crea un mundo super-orgánico, crecen las necesidades y fundamentalmente, por el trabajo el hombre se hace consciente de sí y de su genericidad.

c)Por el trabajo y sus productos se pone en marcha la historia.

d)En este desarrollo histórico, se han producido las fases de la alienación del trabajo y el surgimiento de la propiedad privada.

e)La liberación del obrero será la emancipación del género humano y el hombre dejará de estar sometido al reino de la necesidad e ingresará en el reino de la libertad, y del trabajo como expresión de su personalidad, como creación.

Balance de la perspectiva marxista:

Esta balance lo efectuaremos siguiendo el desarrollo que han efectuado algunos autores contemporáneos que han marcado un aporte, dentro de esta perspectiva, a nuestro tema.

El planteo de Marx significó poner el tema de las necesidades humanas en relación con la liberación de la humanidad en perspectiva histórica.

Su distinción entre actividad vital atada a la supervivencia, a la reproducción física del hombre y la actividad creadora, como actividad consciente de la genericidad que sólo puede desarrollarse plenamente cuando se haya liberado al género humano del yugo de producir para reproducir la especie, produjo un debate que se convirtió en el tema que ha iluminado el desarrollo teórico de las críticas que se han efectuado tanto a la sociedad capitalista como a las sociedades comunistas.

En este sentido , podemos encontrar en los análisis de Hannah Arent, los que efectúan los integrantes de la escuela de Francfurt, y los desarrollos de la escuela de Budapest, especialmente desde la perspectiva de Agnes Heller, una aproximación a los debates que en torno a este tema se han generado teniendo presente el estado actual de desarrollo alcanzado por la sociedad.

En efecto, Hanah Arendt trata de describir las desastrosas consecuencias que ha traído aparejada para la política y la vida pública el surgimiento de la sociedad moderna. Sostiene que el desarrollo de la sociedad ha tenido por consecuencia la desaparición de la esfera política. Su triunfo ha sido el hombre normalizado, socializado. Como asegura con su tono tan vívido: «Es decisivo que la sociedad en todos sus niveles, excluya la posibilidad de acción…En su lugar, la sociedad espera de cada uno de sus miembros una cierta clase de conducta, mediante la imposición de innumerables y variadas normas, todas las cuales tienden a «normalizar» a sus miembros, a hacerlos actuar, a excluir la acción espontánea o sobresaliente.»[27]

Lo que antes era considerado privado, las tareas propias de la reproducción de la especie, se ha convertido en un asunto público. Esto ha generado una esfera híbrida donde los intereses privados adquieren significado público: lo que llamamos sociedad ha ganado por completo el control de la situación. La vida sujeta a la reproducción de la especie se ha convertido en una cuestión nacional.

«Tal vez la indicación más clara de que la sociedad constituye la organización pública del propio proceso de la vida, pueda hallarse en el hecho de que en un tiempo relativamente corto la nueva esfera social transformó todas las comunidades modernas en sociedades de trabajadores y empleados; en otras palabras, quedaron enseguida centradas en una actividad necesaria para mantener la vida»

«La sociedad es la forma en que la mutua dependencia en beneficio de la vida y nada más, adquiere público significado, donde las actividades relacionadas con la pura supervivencia se permiten aparecer en público».[28]

De este modo, la actividad laboral, que había permanecido inalterada por miles de años, atada a la reproducción de la vida, ha ingresado a la esfera pública transformándose « rápidamente en un progresivo desarrollo cuyos resultados han modificado por completo y en pocos siglos todo el mundo habitado» [29]

Este crecimiento puede considerarse como producto del incremento constante y acelerado de la productividad del trabajo, que a su vez, obedece a un factor en constante crecimiento: la organización laboral, consecuencia clara de la división del trabajo o lo que es lo mismo, «es lo que le sobreviene a la actividad laboral sometida a las condiciones de la esfera pública. [30]

Estos procesos han desencadenado dos principios retributivos que en esencia son lo mismo: el dinero y la admiración pública que se consumen por igual. Sin embargo, de los dos, el dinero es el que se convierte de hecho en el denominador común, ya que si bien ambos son igualmente fútiles, la recompensa monetaria puede ser « mas objetiva y más real»[31] «La posición social, como diríamos hoy día llena una necesidad como el alimento lo hace con otra». [32]

De este modo, la reproducción vital, el reino de la abundancia se convirtió en el verdadero fin de la actividad humana, y la eliminación de la pobreza como Cuestión Social, es el reconocimiento público de la ignominia de la pobreza de masas y la necesidad de eliminarla, que es el reconocimiento de que el objetivo social ya no es la liberación del reino de la necesidad sino el disfrute del consumo y la abundancia. Los ideales salidos de la pobreza se han convertido en prevalecientes en todas partes: la abundancia y el consumo sin fin son la contracara de la miseria y ambas son el nuevo vínculo de la humanidad con la necesidad. Una humanidad de empleados y consumidores es su resultado. La liberación de la pobreza como fin de la acción ha sustituído al interés por la libertad.

La liberación es siempre respecto de algo: a la necesidad o de gobernantes opresores. La libertad pública es un estado objetivo y tangible en el que los hombres se encuentran entre sus iguales y tratan de alcanzar la inmortalidad (vencer al tiempo y hacer existir lo perdurable) y participan en la formación y comprobación de opiniones a través del debate público, dando nacimiento al «no gobierno» que se diferencia del «gobierno de nadie» en que aquél es el dominio de la persuasión y no de la fuerza ni la violencia; el gobierno de nadie, como en las burocracias modernas, puede devenir en una de las más crueles y tiránicas versiones de gobierno.

La liberación de la pobreza, cuando entra al dominio público, esto es cuando de él se hace una meta política, y se la convierte en Cuestión Social, lo único que se logra es que entre el terror y la violencia a la esfera pública, que es lo que lleva al fracaso de las revoluciones cuando estas han tomado como objetivo político la cuestión social. La «compasión» por los pobres es la que conduce a reclamar la «acción rauda y directa, es decir, acción por medio de la violencia» [33]

La libertad pública tangible, en cambio, permite integrar los conceptos de democracia participativa , debate, pluralidad, felicidad pública y poder comunal. La condición humana sin embargo es tal, que en tanto sigamos siendo humanos siempre existe la posibilidad real de que los individuos se reúnan, debatan y actúen colectivamente al decidir los asunto públicos. En el espíritu revolucionario, ese «tesoro perdido», detecta la manifestación de la acción que busca un nuevo comienzo, que trata de crear un espacio público en el que pueda aparecer la libertad. Mientras existan hombres existe la posibilidad de un nuevo comienzo, y este comienzo es «la capacidad suprema del hombre» e idéntico a la libertad humana.

En síntesis, el polémico pensamiento de Hanna Arendt nos plantea la relación entre necesidad y derechos humanos a la liberación de la necesidad; y por otra parte, la relación entre necesidad y libertad no implicada en la anterior.

Desde su perspectiva, la libertad pública tangible es posible porque es la concreción de una capacidad humana que en determinados momentos ha aparecido en la escena pública (en la Grecia clásica, en las revoluciones),pero la liberación del reino de la necesidad que es su condición de posibilidad no conduce necesariamente al reino de la libertad. De hecho ha conducido a la apatía política en las sociedades desarrolladas. La liberación de la necesidad es una condición necesaria pero no suficiente para ingresar en el reino de la libertad por lo que debe crearse un espacio (consejos) donde ejercer la libertad. Pero esto nos plantea en forma ineludible : cómo hacer para que este espacio no esté sólo abierto a los ricos y tengan cabida en el todos, (como sostiene Hanna Arendt) dejando por lo tanto subsistente el problema del derecho a la liberación de la necesidad, que en el planteo de Arendt no pertenece a los temas que deban debatirse en la esfera pública.

Por su parte, el programa que intentó llevar a cabo la escuela de Francfurt fue esbozado en sus lineamientos generales por Max Horkheimer y consistió en propiciar la integración interdisciplinaria sistemática de todas las disciplinas de investigación social, en el desarrollo de una teoría marxista de la sociedad, de orientación filosófica y de base empírica.

El eje de la labor interdisciplinaria estaría constituido por la Economía Política, cuya función sería la de mediar entre la filosofía de la Historia y las ciencias especiales y cuyo objeto de estudio es el progreso productivo capitalista en su estado actual de concreción histórica, que es el estado actual de realización de la Razón, como fuerza desatada por el desarrollo y presión de las fuerzas productivas. Una segunda disciplina, la Sicosociología inspirada en Freud, sería la encargada de estudiar cómo y por qué se produce la integración de los individuos al sistema social sometiéndose a sus exigencias. Una tercer disciplina, el Análisis Cultural, se aplicaría al estudio de los medios masivos de comunicación como mecanismos que permiten la inserción de la forma de producción en la psiquis del individuo, esto es, una teoría de la cultura que se ocupe de las mediaciones entre el sistema y el individuo.

Estas tres líneas de análisis permitirían, según Horkheimer, encontrar la respuesta al problema que se plantea como el principal desafío de su tiempo: Si la sociedad ya ha alcanzado la posibilidad objetiva de permitir la satisfacción de las necesidades humanas ¿por qué no se ha producido la liberación del ser humano del reino de la necesidad?, ¿por qué el proletariado se ha integrado al sistema y dejo la promesa liberadora incumplida?. ¿Qué mecanismos mentales hacen posible que la tensión entre las clases sociales permanezcan latentes y no conduzcan a la revolución?

La hipótesis central giraba en torno al potencial liberador de la razón : el desarrollo de la Razón nos haría libres, pero por la dialéctica del iluminismo, la Razón había devenido en su negación convirtiéndose en un instrumento de dominación en manos de la burguesía. La razón «debía» liberarnos, la razón nos «debe» hacer libres. Si la razón no nos hizo libres es porque se ha convertido en un instrumento de manipulación durante el desarrollo de la etapa de dominación burguesa de la sociedad. El «dominio de la naturaleza» que permitió esta razón como instrumento, se prolonga en la manipulación del hombre por el hombre, en un nuevo sometimiento del hombre por el hombre. El hombre manipulado por el sistema y las recompensas inherentes al sistema ha dado por resultado un «sociedad totalmente administrada».

Según J. Habermas, esta hipótesis los condujo por sendas especulativas que debilitaron el análisis del proceso de cosificación (originado en el trabajo abstracto, un tipo de trabajo orientado por las leyes del mercado, que penetró todas las esferas de la sociedad) que inicialmente encarara la escuela de Francfort, llevándola a concebir una sociedad represivamente integrada, a través de unos mecanismos sociales de integración que se limitan a prolongarse hacia adentro de las conciencias individuales, intrasíquicamente. La resultante es una sociedad totalmente administrada. ¿Cómo explicar entonces que el sociólogo escapa de la prisión y puede despertar las conciencias de los hombres haciéndoles ver las posibilidades para los que ya está madura la propia situación histórica?

¿Cuál es el espacio posible para desarrollar una acción liberadora?

Habermas se propone superar los supuestos de filosofía de la historia a los que estaba vinculada la escuela de Francfurt. Entiende que es necesario restituir el potencial liberador que está contenido en la cultura, el mundo superorgánico creado por el trabajo del hombre, en la perspectiva de Marx.

Para Habermas,debe haber un campo objetual donde encaminar la investigación empírica que permita explicar por qué es posible, a pesar de los mecanismos represivos del sistema y de su interiorización intrasíquica, plantearse la posibilidad liberadora: este es el campo de la acción comunicativa.

Siguiendo a Habermas en su obra «La teoría de la acción comunicativa»[34] en las sociedades modernas se ha producido un doble proceso de diferenciación sistémica, dando origen a dos subsistemas: el administrativo y el económico que guardan entre sí una relación de complementariedad.

Para que esta diferenciación fuera posible fue preciso una profunda colonización del mundo de la vida (racionalización) y que los factores «dinero» y «poder» se institucionalizaran por el derecho positivo. Esto permitió que la reproducción del la vida ya no descansara en el mundo de la vida e ingresara como materia propia de la dinámica de los subsistemas: en los países capitalistas el desarrollo viene impulsado por el subsistema económico y en los países comunistas viene impulsado por el subsistema administrativo.

Esto permitió que el mundo de la vida (al quedar independizado de la reproducción material) procediera a diferenciar sus estructuras simbólicas poniendo en marcha la evolución que caracteriza la modernidad cultural. Quedan definidas así dos esferas que permanecen como entornos del sistema: la de la vida privada y la opinión pública.

Bajo las premisas de diferenciación sistémica del complejo monetario burocrático y la diferenciación del mundo de la vida se puede explicar como reobra uno sobre el otro. En efecto, los subsistemas económico y administrativo tienen una lógica diferente: ellos son el ámbito de la acción racional regida por medios; la lógica del mundo de la vida es la de la acción simbólicamente mediada y dirigida al entendimiento. Cuando los mecanismo de integración sistémica: dinero y poder, afectan represivamente el ámbito del mundo de la vida sucede la cosificación del mundo de la vida, que es una deformación patológica de las infraestructura comunicativa. La estructura comunicativa cuya integración se edifica en normas, valores y procesos de entendimiento que elaboran el «consenso» es sustituida por mecanismos de integración sistémica como el poder y el dinero. Estos puntos donde colisiona la lógica de los susbsistemas con la lógica de la acción simbólica dirigida al entendimiento, son los puntos, la brecha donde puede surgir el potencial liberador.

Es en estos puntos donde se puede intentar la implantación de nuevas formas de vida (cultura alterna) y una comunicación libre de toda dominación, es decir en los ámbitos donde se elabora el consenso.

¿Cuáles son estos ámbitos en el mundo de hoy?

La socialización, principalmente en la familia , que con el desarrollo de la autonomización que viene experimentando en la actualidad puede mirar de frente a los imperativos sistémicos, dando lugar a una socialización efectuada por medio de una acción consensual ampliamente desinstitucionalizada.

Los medios de comunicación de masas, haciendo uso de su potencial ambivalente: pueden ser usados autoritariamente (por una red centralizada) o pueden usarse para la liberación, ya que en los espacios públicos creados por los medios se abre la posibilidad de que la comunicación que baja por la red centralizada sea contradicha por actores capaces de responder autónomamente de sus actos.

El potencial liberador se ha trasladado desde la razón instrumental que se manifestó en la «utopía de la sociedad del trabajo» en Marx, al dominio de las acciones simbólicas dirigidas al entendimiento, como la posibilidad objetiva abierta por el desarrollo histórico del mundo de la vida cuya infraestructura está constituida por la acción simbólica dirigida al entendimiento.

Pero esta es solo una posibilidad abierta, y no la utopía de una nueva sociedad. En efecto, la sociedad de la comunicación se reduce a expresar normativamente solo las condiciones generales para una vida cotidiana comunicativa y para una procedimiento de formación discursiva de la voluntad que «han de poner a los participantes mismos en situación de realizar las posibilidades concretas de una vida mejor y menos peligrosa según las propias necesidades, y conveniencias y según la propia iniciativa».[35]

El contenido utópico se reduce aquí a la posibilidad de elaborar los contenidos formales de una comunicación libre de dominio que permita el despliega de una intersubjetividad íntegra, y la formación discursiva de la voluntad. Por lo tanto, son los espacios donde se elabora el «consenso» sobre valores, derechos, por procesos dirigidos al entendimiento, donde surge la posibilidad liberadora. De este modo, la liberación del reino de la necesidad, propia del paradigma de la sociedad del trabajo se transforma en la construcción de espacios de comunicación libres de dominación donde puedan plantearse y decidirse las propias necesidades, según la propia iniciativa.

La clave hay que buscarla en los espacios en los que hoy es posible una acción más desinstitucionalizada : la socialización familiar y la acción en los espacios públicos creados por los medios de comunicación.

De este modo es posible que desde aquí, el terreno de la cultura, donde no se discute sobre dinero y poder sino sobre definiciones, pueda ejercerse una presión transformadora sobre los otros niveles.

«En estos escenarios pueden constituirse ámbitos públicos autónomos que también entran en comunicación recíproca en la medida que se utiliza el potencial de autorganización y se usan de modo autónomo los medios de comunicación. Las formas de autorganización fortalecen la capacidad de acción colectiva por debajo de un umbral en que los objetivos de la organización se distancian de las orientaciones y posiciones de los miembros de la organización y donde los objetivos son independientes de los intereses de conservación de organizaciones autónomas».[36]

En definitiva, Habermas sostiene que las sociedades modernas tienen tres recursos para la integración de la sociedad: dinero, poder y solidaridad. La nueva utopía es hacer que el poder de integración de la solidaridad se afirme contra los «poderes» de los otros dos recursos: dinero y poder administrativo; y es en los ámbitos vitales estructurados de modo comunicativo, especializados en trasmitir valores y bienes culturales, en integrar a los grupos, en socializar las nuevas generaciones donde el poder de solidaridad se ha desplegado siempre.

Para Agnes Heller[37] por su parte, el problema que es necesario plantearse en el estadio evolutivo de la sociedad actual es si es necesario esperar primero a la abolición negativa de la alienación (toma del poder por la clase obrera y abolición de la propiedad privada) para proceder a la abolición positiva de la alienación de la vida cotidiana. Para esta autora, en las sociedades burguesas de occidente, el nuevo estadio de desarrollo industrial trajo aparejado la representación de una sociedad que integra en el sistema capitalista a las clases sociales, incluida la clase obrera considerada como potencialmente revolucionaria en el planteo de Marx.

En estas sociedades, la manipulación de la opinión pública y la satisfacción de ciertas necesidades esenciales por la acción de la intervención del Estado de Bienestar, han obrado en dirección a la estabilización del orden burgués, de los valores de la vida cotidiana alienada: pragmatismo, éxito económico, particularismo.

De este modo, profundiza el pensamiento de Marx en relación a la alienación, a la conciencia de la genericidad y las posibilidades de una vida no alienada.

Es cierto que la vida cotidiana se edifica sobre la experiencia que precede a cada existencia particular. El ser humano al nacer encuentra esta estructura ya «dada» y se apropia de ella incorporando el complejo de hábitos y técnicas que la componen a través de la socialización. La encuentra ya dada, como formas o «pragmas» que resuelven su quehacer con su ambiente. Los conceptos propios que ellas implican no pasan de ser mera opinión, lugares comunes.

Además,el hombre con su actividad crea un mundo y es creado por su acción. Las objetivaciones de la sociedad en su conjunto, la producción, el derecho, la religión, la ciencia, la filosofía, el arte, tomaron cuerpo independiente y se independizaron de la vida cotidiana a consecuencia de la alienación y de la propiedad privada. Lo esencial de la vida cotidiana alienada hay que buscarlo en la relación, según Heller, que el hombre mantiene con estas formas de actividad abstracta, así como en su incapacidad para jerarquizar estas formas y sintetizarlas en una unidad, orientándolas en el sentido de la especie.

El hombre se distingue del animal porque tiene actividad vital consciente, convierte a su actividad vital en objeto de su voluntad y su conciencia y es, por lo tanto, aquél para quien su propia vida es objeto, precisamente por pertenecer a una especie. Solo por esto es la suya una actividad libre. Pero por obra de la alienación la conciencia de su propia esencia genérica le es arrebatada y su esencia, su actividad consciente, pasa a ser un mero instrumento de su existencia.

El resultado de esta acción, de este modo de vida es el «particular alienado» cuyo objetivo vital es la autoconservación.

Pero es posible identificar otro tipo extremo de comportamiento humano: el que caracteriza al «individuo»: cuyo comportamiento se orienta en el sentido de la especie.

Estos son los individuos capaces de conducir su vida, y asumirse a sí mismos como miembros de una especie. Para el individuo o para aquél que ha iniciado el camino de la individuación, las categorías estructurales de la vida cotidiana siguen siendo las mismas que para el particular alienado, y de hecho las acepta como dadas. Pero estas ya no tienen la apariencia de cuasi trascendencia y puede percibirlas como formas vacías que ocultan aspiraciones e intereses de contenido axiológico negativo. Por lo tanto el individuo se convierte en capaz de elegir, rechazándolas, negándolas o superándolas.

Para despertar esta autoconciencia es necesario tomar distancia de si mismo, de sus concepciones, motivaciones y circunstancias particulares y jerarquizar su vida cotidiana de acuerdo a los valores que ha elegido. La ideología es la que permite operar la selección del camino de individuación (la Concepción del Mundo).

Este camino entraña toda una gama de posibilidades : desde el carácter puramente ético hasta la praxis revolucionaria.

Pero al elegir el camino de individuación, elige la Comunidad, esto es el Compromiso de construir relaciones humanas inmediatas en el mundo de las mediaciones (clase social, nación , etc.), que le permite recomponer la realidad de un modo tal que resulte ya posible organizar humanamente la vida en su totalidad global, y que tengan un valor modélico: sirvan para mostrar y demostrar que es posible y realizable. Su compromiso por lo tanto es doble: operar la transformación de si mismo y de la realidad. Debe encarnar el «ideal y actuar de acuerdo a este ideal en su modo de existencia. El camino de la individuación se resume por lo tanto en Tomar Conciencia, Comprometerse y Dar Testimonio de vida.

La transformación de la vida cotidiana y de todas las instituciones que reproducen y fijan esta forma de vida alienada solo puede lograrse bajo la guía de una objetivación que ofrezca en sí misma una nueva forma de vida, la que “debe” ser. La filosofía es una utopía racional que nos permite representar una forma de vida donde lo bueno y lo verdadero constituyan una unidad, la unidad del ser y del saber. Este es el ámbito de la Razón Práctica, que se distingue de la Razón pragmática que es la que le permite al particular apropiarse de la forma de vida ya dada. La oposición dialéctica entre lo que es de hecho y lo que debería ser, nos reconduce a las posibilidades existentes de hecho permitiéndonos transformar la realidad.[38]

El despliegue de la Razón Práctica se efectúa por la discusión permanente de los valores, pero supone la aceptación de un valor ya válido anterior a toda discusión: el de la libertad.

Junto a este valor hay tres valores materiales que pueden pensarse sin contradicción con él ni entre sí; estos son: la comunicación racional libre de dominación como lo verdadero; el reconocimiento y la satisfacción de las necesidades de todos como lo bueno; y el desarrollo de las capacidades humanas como lo bello.

En síntesis, Agnes Heller nos remite a un problema fundamental en relación a las necesidades: la determinación de actuar en el sentido de todo el género humano; en la necesidad de contar con una ideología surgida de la discusión permanente de los valores que acepte como válido más allá de toda discusión el valor libertad.

Las necesidades planteadas fuera de este contexto conducen a nuestros esfuerzos en el sentido de la alienación de la especie.

El requerimiento y la participación del analista y el trabajador social.

Hemos repasado sucintamente los marcos de referencia sociológicos en el tratamiento de las necesidades, en especial las sociales. Estas dos perspectivas señalan dos modos de abordar la demanda social que incidirá en el tipo de requerimiento que se formule.

Dentro de la primer perspectiva, el referente fundamental es el Orden como sostén de la permanencia del todo. La necesidad de integración para la supervivencia del todo es la Necesidad que se constituye en límite para la satisfacción de las necesidades individuales y sociales. El Orden es un orden Institucional: las instituciones cumplen con la función de mantenimiento del orden para lo cual proveen recursos de disciplinamiento de las necesidades, como medio de eliminar el potencial perturbador de las necesidades insatisfechas. Cuando Merton agrega la consideración de la limitación institucional en cuanto a la posibilidad de que no estén legitimadas para todos los sectores de la sociedad dando lugar a la creación de instituciones alternas, no se aparta en lo fundamental del postulado inicial. En efecto, esto es simplemente congruente con la necesidad sistémica de Orden para la permanencia, en cuanto da la posibilidad de que algo cambie para que el todo permanezca. Las instituciones pueden morir por el desuso, pueden nacer otras nuevas, pueden incorporarse nuevas estructuras que complementen instituciones vigentes, y este cambio solo muy a la larga puede ir cambiando la fisonomía de la sociedad, sin que ésta en tanto sistema haya corrido ningún peligro de desaparecer.

De acuerdo a estos referentes el requerimiento, forma parte de una ingeniería social que hace posible la construcción de instituciones para la satisfacción de necesidades. La idea de una ingeniería social ya señala como se construye el requerimiento:

a) la necesaria participación de los especialistas en la detección de las necesidades sociales y el diseño de los satisfactores.

b) la implementacion y ejecución del plan diseñado a través de la creación organizacional (organizaciones instituidas) controlada políticamente. En este tipo de construcción los especialistas y profesionales de lo social quedan definidos como los mediadores entre el sistema y las necesidades de la gente, como facilitadores del cambio programado, como recurso disciplinador, como garantes del Orden Instituido.

Dentro de la perspectiva marxista, la demanda es siempre emanación de una situación objetiva: es demanda liberadora. El requerimiento consiste en tomar conciencia y organización para la revolución. El analista y el trabajador social o cumple una función conservadora del sistema o se prepara y compromete con la revolución.

Este punto clave es el que ha desencadenado el principal cuestionamiento en los autores que hemos reproducido.

En Arendt, el reino de la necesidad solo debe ser desplazado del centro de la actividad política. La actividad política, verdadera actividad creadora debe ocuparse en hacer existir lo permanente, el debate político debe centrarse en la creación , mantenimiento o transformación del orden institucional. La revolución fracasa cuando se instala el terror producto de la violencia que desencadena el objetivo de atender a la cuestión social.

El requerimiento desde este punto de vista se dirige a la creación de espacios donde construir el consenso, espacios públicos donde pueda surgir la libertad, donde la política sea la actividad que representa la potencialidad suprema del hombre con la que vence el tiempo y que le permite hacer existir lo perdurable.

En Habermas, este espacio está dado por aquellos puntos de sutura donde colisiona la lógica de los subsistemas ( poder y dinero) con la lógica de la acción simbólicamente mediada y dirigida al entendimiento. Los ámbitos donde se elabora el consenso en las sociedades actuales como posibilidad alcanzada en el desarrollo histórico son el ámbito de la socialización y el de los medios de comunicación.

El requerimiento desde esta posición consiste en formular los requerimientos normativos que establecerán las condiciones generales para una vida cotidiana que permita la formación discursiva de la voluntad y de la creación de formas de autorganización, de modo que los participantes mismos estén en situación de realizar una vida mejor, según las propias necesidades y según la propia iniciativa.

En Agnes Heller el requerimiento se puede dirigir a la construcción de espacios de comunicación libres de dominación donde se reconozca como valores fundamentales la satisfacción de las necesidades de todos y el desarrollo de las capacidades humanas, hacia formas de organización autónomas.

¿Cómo ha quedado definida la participación del analista y el trabajador social ?

En Agnes Heller «tomar conciencia» , «comprometerse» y dar «testimonio de vida» señala la implicación activa a la que se enfrentan los que de un modo u otro se hacen cargo de lo social. En Arendt y Habermas la implicación en la que se encuentra el trabajador social y el sociólogo es el compromiso político con valores fundamentales: debe buscar las posibilidades de construcciones institucionales alternas donde la libertad (en Arendt) y la solidadridad y la libertad (según Habermas) sean posibles. La dimensión utópica de la conciencia histórica no debe desaparecer, es la que nos hace realmente humanos.

En síntesis: Estos marcos referenciales que explícita o implícitamente están en la base de los diferentes tipos de requerimientos, señalan modos diferentes de entender las necesidades y la demanda social y de tomar posición en relación a ellas, e implican al analista social y en general a los que hacen de lo social su trabajo comprometiéndolos particularmente.

Autora:

Profesora e investigadora en Sociología. Universidad Nacional de San Luis.

Referencias:

1–Lourau, René:«El Análisis Institucional» Amorrortu. Pag. 193

2–Herbert:citado por Lourau en ob. cit. Pag. 193.

3-Parsons, Talcott: «The Social Sistem». GlencoeIll,The Free Press, 1951.

4-Merton, Robert K. «Teoría y Estructura Sociales. Fondo de Cultura Económica, Mexico.1964

5-Ob. Cit. Pag. 5-6

6-Ob.Cit.Pag.5-6

7-Ob.Cit.Pag.19

8-Ob.cit. Pag 19

9-Merton,Robert: Ob. cit. Pag 64

10–Ob. cit. Pag. 76

11–Ob. Cit. Pag. 131

12–Ob. cit. Pag. 131

13–Ob. Cit. Pag. 132

14–Ob. Cit. Pag. 132

15-Como intenta mostrarlo en el estudio sobre la «maquinaria política» en páginas 82 a 91, ob. cit.

15-Ob. cit. Pag. 132

16-Ob. Cit. Pag. 136

17– Marx, Karl:«Manuscritos de 1984- Economía, Política y Filosofía. Edit.Arandú, 1968.Traducción de Hugo Acevedo.

18-Citado por Karl Popper, «La sociedad abierta y sus enemigos», Edit. Amorrortu.Pag.130

19-Manuscritos. Pag. 117

20-Manuscritos. Pag. 117

21-Manuscritos. Pag. 111

22-Manuscritos. Pa. 110

23-Manuscritos. Pag. 111

24-Manuscritos. Pag. 112

25-Manuscritos. Pag. 113

26-Manuscritos. Pag. 114

27-Arendt, Hannah: «La condición Humana». Pag. 51.Paidós.

28-Ob. Cit. Pag. 57

29-Ob. Cit. Pag. 57

30-oB. Cit. Pag. 58

31-Ob. Cit. Pag. 68

32-Ob. Cit. Pag. 65

33-Arendt, Hannah:«On Revolution» citado por R. Berntein en Perfiles filosóficos, pag. 280-Siglo XXI-1993.

34-Habermas, J.:«La teoría de la Acción Comunicativa»Ediyorial Taurus.1982

35-Habermas,J:«Ensayos políticos»Ed. Península, Barcelona-1988, Pag. 134

36-Ob. Cit. Pag. 133

37-Heller,Agnes:«La Revolución de la vida cotidiana», Ed. Península. 1982

38-Heller, Agnes: «El hombre del Renacimiento».Ed. Península, Barcelona. 1980

Las necesidades y la demanda social.

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