Lic. ESTHER PICCO *

Lic. BEATRIZ GALENDE **

RESUMEN

Aunque un enfoque integral del Trabajo Infantil requiere un abordaje desde distintas disciplinas, en este trabajo se procura analizarlo desde una perspectiva psicológica y dejar planteados los problemas más importantes que pueden generarse en el desarrollo infantil de estos niños. Se pregunta cómo el hecho de ser un niño trabajador impacta en la constitución subjetiva. La subjetividad del niño se entiende como las operaciones físicas y mentales que la cría humana es conducida a realizar mediante los cuidados de la crianza, que le posibilitan el desarrollo de las sucesivas etapas que le permiten transformarse en un sujeto de la cultura e integrarse en la sociedad.

ABSTRACT

Although the issue of child work should be approached from several disciplines, in this work it is attempted to analyze it from a psychological perspective. Also, the most important problems in working children’s development are put forward. How the fact of being working children impacts on their subjective constitution is questioned. Child subjectivity is understood as the physical and mental operations that human offspring is guided to perform through child-rearing care permitting the development of subsequent stages aimed at decoming a subject of culture and part of society

UN POCO DE HISTORIA Y ALGUNAS ESTADISTICAS

Disponemos sólo de cifras aproximadas, pero datos de UNICEF (1) señalan que en los países en desarrollo se ganan la vida trabajando al menos 250 millones de niños cuya edad oscila entre los 5 y los 14 años, casi la mitad trabaja jornada completa, sacrificando su salud, su educación y la infancia, para combatir su pobreza y la de sus familias. En 1995 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estimaba que el 13% de los niños de todo el planeta entre los 10 y los 14 años trabajaba, el mayor número en Asia, 44,6 millones, luego en Africa, 23,6% millones y en América Latina, 5,1 millones.

Amartya Sen (2) dice que cabe definir la pobreza no sólo en función de la escasez de ingresos, sino también como una privación de las aptitudes básicas y en este sentido no existe demostración más convincente de este principio, que el trabajo infantil, que constituye al mismo tiempo la causa y el efecto de la pobreza y funciona como una prisión que consume las aptitudes y las perspectivas del futuro. “…El niño trabajador carece de los beneficios liberadores de la educación, tiene amenazados la salud, el crecimiento y el desarrollo, corre el riesgo de quedarse sin el amor, la atención y la protección de la familia y no puede disfrutar del esparcimiento y el juego a que todo niño tiene derecho. Lo más probable es que, afectados por todas estas privaciones quienes sobreviven a estas rigurosas circunstancias sean en el futuro hombres y mujeres incapaces de mejorar su propia vida o participar de lleno y de forma provechosa en la sociedad. También son muchas las probabilidades de que, a su vez, sus hijos se vean sujetos a condiciones de privación semejantes” (3)

Miles de voces denuncian la dramática situación en la que viven franjas cada vez mayores de población, cuyo acceso a niveles mínimos de calidad de vida es imposible. Esta situación impacta fuertemente en la niñez. La cantidad de niños sometidos a situaciones de violencia cotidiana, abandono, maltrato familiar, abuso sexual, problemas en la escuela, explotación, es cada vez mayor y se inicia a edades más tempranas, basta para probarlo que de los 250 millones de niños trabajadores cuyas edades oscilan entre 11 y 15 años, 60 millones tienen entre 5 y 11 años.

No es nuevo el problema del trabajo infantil y poco a poco ha ido ganando en complejidad al adoptar nuevas formas que están relacionadas con el hecho de que sus causas más importantes son la pobreza y la disparidad económica. Ya en 1919 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) elaboró el primer convenio sobre la edad mínima en que los niños podían trabajar y en 1973 se adoptó el convenio aún vigente. Lo cierto es que desde siempre en la historia de la humanidad los niños han contribuido al bienestar de la familia de diversas maneras, pero el incremento de la urbanización y el hundimiento de los sistemas económicos tradicionales han propiciado aún más la precariedad de la subsistencia básica y han expuesto a los niños a mayores peligros.

Dentro de este cuadro la situación de las niñas es aún más grave, todavía en muchas culturas se piensa que la tarea natural de las mismas son las actividades domésticas, y de los más de 120 millones de niños no escolarizados, casi las dos terceras partes son niñas. Es al menos de 1 millón el número anual de niñas y niños destinados a la prostitución en una red que se extiende desde Asia Sudoriental y el antiguo bloque Soviético hasta América Latina.

El informe “El Trabajo Infantil en el Tercer Mundo” (4) señala que el trabajo infantil no es un fenómeno que se registra sólo en los países en desarrollo, también se da en países como Italia y España. Este mismo informe destaca que en la India hay, como ya hemos señalado 44 millones de niños trabajadores. El periódico The Hindú (5) ha criticado a la OIT por no haber sido “adecuadamente severa con los países miembros” al no haberlos obligado a atajar el problema del trabajo infantil. Aporta además otros datos que nos parecen importantes, como es por ejemplo, que el 65% de los niños asalariados, sobre todo las niñas, trabajan 6 o 7 días por semana sin recibir pagos extras por horas extraordinarias ni prestaciones sociales. La jornada laboral es de 9 horas y media y por el mismo tipo de trabajo reciben la mitad del pago adulto. (6) La mayor parte de los niños comienzan a trabajar a los diez años, aunque el promedio de edad mínimo es más bajo en las áreas rurales, donde suelen empezar a trabajar a los cinco años.

La OIT (7) en un estudio realizado sobre el trabajo de menores en cuatro países observa que el 25 % de los niños trabajan. En Senegal hasta el 40% de los mismos participa de alguna actividad económica en algún momento del año, mientras que en regiones estudiadas de Ghana, la India, Indonesia y Senegal, el 12% de los niños menores de 15 años participa de alguna actividad durante un período de referencia de una semana.

Cuatro de cada cinco niños que trabajan lo hacen los 7 días de la semana, especialmente en zonas rurales, en muchos casos las niñas trabajan más que los varones. Un elevado número de niños trabajadores entregan todo su salario a sus padres o a otros familiares que viven con ellos, en algunos casos el salario infantil representa un tercio del total de ingresos del hogar, en otros casos es prácticamente el único ingreso.

Algunos de los niños encuestados por la OIT informaron que sus empresarios less maltrataban y/o estaban expuestos a peligros en el lugar de trabajo. Aproximadamente un 5% debía consultar al médico por lesiones o fatiga. Es frecuente que a las niñas empleadas domésticas se les haga pasar la noche en la casa de su patrón, con el consiguiente riesgo de abusos sexuales.

Con relación a Latinoamérica el informe de Medicus Mundi de España señala, como un dato especial, que el 80% de los niños de familias rurales que entregan a sus hijos a familias de la ciudad, para trabajos domésticos, sufren trastornos de estómago o dolores de cabeza como consecuencia del aislamiento emocional que sufren, según diagnóstico de los psiquiatras. Muchos parecen retardados física y psíquicamente sin que lo sean, porque una vez liberados de su situación e integrados a la comunidad rinden normalmente en la escuela.

No vamos a abundar más en datos internacionales, nos interesa mostrar algunas estadísticas referidas a nuestro país, donde si   bien no hay datos oficiales, referidos al trabajo infantil podemos decir que de los 3.770.000 de argentinos indigentes, (8) un 14 % son chicos menores de 15 años. Es decir que son 1.618.171 los menores de 15 años que pasan hambre todos los días. Según la encuesta permanente de hogares del mes de octubre de 2000, la indigencia abarca al 7% de todos los hogares del país

La línea de indigencia para un niño menor de 15 años es de un peso y cuarenta centavos por día lo que compromete severamente el desarrollo de los mismos. (9)

El estudio de los datos del INDEC sobre el gran Buenos Aires (único distrito que informa regularmente al Estado Nacional) muestra el crecimiento de la indigencia infantil: en 1995 era el 8%, para fines del 2000 la cifra era del 11,6%. La distribución de esta indigencia no es pareja en las Provincias: Santa Cruz (2,4%), Ciudad de Buenos Aires (3,9%) y Tierra del Fuego (5,7%) son los índices más bajos. La provincia con mayor porcentaje de niños menores de 15 años indigentes es Formosa con un porcentaje de 38,4%, le siguen el Chaco con el 33% y Corrientes con el 29,1%. Nuestra provincia, San Luis, posee un índice del 18,2%. (10)

Estos datos nos muestran con toda elocuencia que el problema de la exclusión y la pobreza, va en aumento y que ello necesariamente lleva a que cada vez más niños, entre ellos los que trabajan, tengan problemas con su salud y educación. Esto se da en un marco mundial en el que en los últimos años, se entiende mejor en qué consiste el trabajo infantil y se intenta remediarlo. Por ejemplo la mayoría de los países del mundo han ratificado y adoptado la convención de los Derechos del Niño de 1989.

A partir de la Declaración de los Derechos del Niño entendemos al trabajo infantil en su sentido más amplio y nocivo. Sabemos que es necesario abordarlo desde diferentes ángulos que deben ser complementarios: desde leyes y mecanismos encaminados a abolirlo a reglamentaciones sobre la edad mínima laboral y sobre todo a garantizar su cumplimiento. Debemos asegurar el cumplimiento del artículo 32 de la Convención de los Derechos del Niño que establece el derecho del niño “ a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer la educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental. espiritual, moral o social”.

En nuestro país se creó por Decreto Nª 719 del 2 Agosto de 2000 la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil ( CONAETI) con el objetivo de coordinar, evaluar y dar continuidad a los esfuerzos para la erradicación progresiva, real y efectiva del trabajo infantil, al que define como un problema social de alta complejidad que debe ser abordado por organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, provinciales y municipales. Sin embargo, lamentablemente la lucha contra el trabajo infantil no constituye una política de estado y la distancia que separa las declaraciones de la realidad concreta es un obstáculo que está lejos de ser superado. Lo cierto es que cada vez hay más niños y niñas en la calle, hay más prostitución infantil, maltrato y abuso sexual y más niños que trabajan.

Por otro lado es de observación corriente, que frente a esta realidad, los niños se organizan en la calle, acatan la explotación, evaden normas sociales, se defienden con sus propios códigos y organizan sus propios estilos de supervivencia. El trabajo infantil es uno de ellos. También justo es señalar que frente a esta nueva realidad, los niños de sectores populares y campesinos siempre trabajaron para contribuir a su sostén y es una imagen histórica ver chicos revolviendo basurales en busca de desechos para vender.

OBJETIVOS

Pensamos que un enfoque integral del Trabajo Infantil requiere un abordaje desde distintas disciplinas. A nosotras nos interesa hacerlo desde una perspectiva psicológica y dejar planteados los problemas más importantes que pueden generarse en el desarrollo infantil de los niños que trabajan. Preguntarnos cómo impacta en la constitución subjetiva el ser un niño trabajador, entendiendo por subjetividad infantil, las operaciones físicas y mentales que la cría humana es conducida a realizar mediante los cuidados de la crianza, que le posibilitan el desarrollo de las sucesivas etapas que le permiten transformase en un sujeto de la cultura e integrarse a la sociedad.

Desde la perspectiva social y educativa encontramos una importante bibliografía sobre el tema. Son muchas las investigaciones que analizan la relación entre trabajo infantil y pobreza, exclusión social, deserción escolar, salud etc., pero no muchas se preguntan ¿qué incidencia tiene en la constitución subjetiva ingresar precozmente al mundo del trabajo? ¿Qué imagen tienen los otros (adultos-pares) del niño que trabaja y cómo impacta esta imagen en la constitución de su propia identidad? ¿Cómo es incorporado al aparato psíquico, desempeñar una actividad que hasta los propios padres ocultan por ser semilegal o ilegal, ejercida en situaciones muy precarias y en una etapa del desarrollo que se caracteriza por el cuidado y la protección de los adultos?

DEFINICIÓN DE ALGUNOS CONCEPTOS

Para abordar esta temática debemos preguntarnos ¿qué vamos a entender por “infancia” y por “trabajo infantil”? Contrariamente a lo que se puede pensar, ninguna de las dos preguntas es de fácil respuesta. La primera, porque aún cuando pudiéramos responder, de manera rápida, que se trata de un período evolutivo que abarca los 10 ó 12 primeros años de vida, lo realmente importante es qué pasa en ese período, caracterizado como de protección y cuidados por parte de los adultos, fundamentalmente los padres y maestros, en el caso de los niños que trabajan, que generalmente están sometidos a situaciones de abandono y explotación o se transforman en “cuasi adultos” que aportan los recursos que permiten sobrevivir al grupo familiar.

¿Cuándo surge la palabra niñez o infancia como construcción social? Etimológicamente niñez deriva de niño y su origen podemos encontrarlo entre el año 1220 y 1250. Infancia, palabra de origen latino, aparece en el siglo XIII. Si analizamos diferentes textos nos encontramos con que es frecuente usar niñez e infancia como sinónimos. Sin embargo hay diferencias. Infancia se refiere a origen de un ciclo, sugiere continuidad. Para el psicoanálisis lo “infantil” corresponde a un tiempo, a una etapa cronológica en la estructuración del aparato psíquico. En cambio niñez es un período más abarcativo, que no remite necesariamente a inicio y se refiere a un estadio histórico dentro del desarrollo evolutivo de los humanos.

Creemos importante hacer estas disquisiciones porque nos permite clarificar y rastrear históricamente qué se instituyó como niñez e infancia en nuestro país. Son interesantes las elaboraciones de Carla Sandri cuando señala que “La niñez y la infancia fueron objetos construidos política, social, cultural y educativamente, indicativos de procesos más amplios de construcción de la hegemonía” (11. Esta autora habla de tres períodos, el primero correspondería a la etapa fundacional de la educación argentina, que desarrolló una concepción de infancia, visible en el discurso sarmientino, cuyo modelo era el del niño subordinado a los padres y a los docentes, sin derechos propios. Hacer visible, los niños que quedaban fuera de este modelo dice Eva Giberti (12), fue producto del discurso de las mujeres (anarquistas, liberales, socialistas y demócratas) que fueron las que plantearon las condiciones del niño trabajador, del desertor escolar y del huérfano, y con esto generaron su atención. El segundo período va desde 1945 a 1955, donde el discurso sobre la niñez es “ todos los niños son privilegiados”, los mismos niños que luego, en el discurso de 1990, son “carenciados” y “usurpadores”, junto con sus familias.

Asociados con estas circunstancias, dice C. Sandri, la crisis de la instrucción pública acompañada con la crisis de la familia y el estado, genera cotidianamente identidades infantiles. ¿Que significa? : que cada niño asume la posición que le es asignada. ¿Por qué remarcamos esto? Porque nos parece importante preguntarnos, si los niños, que precozmente deben ingresar al mundo del trabajo, situación que les limita seriamente las posibilidades de educación y que podría estar incidiendo en su formación subjetiva, tienen posibilidades de “zafar” de esta situación y no están condenados desde el inicio a un no desarrollo pleno de sus posibilidades y en lo laboral a trabajos precarios y poco valorizados.

Si la infancia es el período de vida que transcurre desde el nacimiento hasta los 10-12 años, período caracterizado fundamentalmente por el cuidado y protección del adulto (los padres) los niños que trabajan, ¿son niños o adultos? , ¿son adultos niños?, ¿Qué pasa con el desarrollo del niño trabajador que carece del espacio de contención emocional provisto por las funciones parentales? Creemos que si el niño trabaja para un adulto, esta situación borra la diferencia simbólica entre ambos, diferencia que la institución moderna del trabajo, al prohibir el trabajo infantil contribuía a sostener. Pero si los niños están en mejores condiciones que los adultos para generar recursos, la idea de fragilidad, inmadurez, no-preparación, etc., para excluirlos del trabajo desaparece.

Por otro lado, en este período del desarrollo se da el ingreso a la educación sistematizada, donde el niño adquiere los elementos básicos de una socialización que lo preparará para ingresar luego al mundo del trabajo y donde además la sociedad le reconoce, por medio de leyes, una serie de derechos tales como protección, asistencia, escolaridad, salud. etc.

No hay infancia sino es por la práctica de un numeroso conjunto de instituciones modernas de resguardo tutelar y asistencia a la niñez (la familia, la escuela, el estado etc. Cuando estas instituciones tambalean la producción de la infancia se ve agotada. Es el signo de nuestra época: asistimos a una modificación del estatuto de la infancia que está asociada a cambios en la familia, en la escuela, en la cultura; en el vertiginoso desarrollo de la tecnología y el consumo. Cambios profundos en la sociedad y en el sistema político social con sus tremendas secuelas de desigualdad en la distribución de los bienes.

Lo dicho hasta ahora nos lleva a señalar que los conceptos de infancia y niñez que hemos explicitado, son cuestionados por la inclusión del niño al mundo del trabajo. Pueden ser válidos para estudiar otros niños, pero no nos sirven para analizar la problemática psicosocial de los niños trabajadores, al menos de los que precozmente, ingresan al mismo. Pero también es posible pensar que no todos los trabajos producirían efectos negativos en el desarrollo, que incluso podríamos pensar algunos, dentro de determinados contextos, como auxiliares de un proceso de aprendizaje que el niño realiza y contribuyendo a generar sentimientos de identidad positivos (13.

Antes de entrar a analizar estas cuestiones nos parece importante definir ¿qué es el trabajo infantil? Sin duda es una práctica heterogénea con relación a su forma de expresión. Desde el marco legal la OIT ha definido al trabajo infantil como “un trabajo realizado por niños menores de 15 años, con la excepción del trabajo efectuado en casa de los padres” ( siempre que sea una ayuda y no impida al niño asistir a la escuela. Esta misma organización señala que no siempre es evidente cuándo el trabajo infantil es realmente trabajo y cuando hay que considerarlo como un sistema de aprendizaje. Fija criterios que permiten juzgar cuando el trabajo se vuelve una forma de explotación: si es realizado por niños menores de 6 años que trabajan en fábricas; si las jornadas laborales son demasiadas largas (más de 8 horas diarias); si los ingresos son insuficientes; si las condiciones de trabajo son peligrosas; si hacen peligrar la integridad psíquica o moral del niño; si son obligados a trabajar por los padres u otras personas.

TIPOS DE TRABAJO INFANTIL

Investigaciones realizadas en nuestro país, coinciden en señalar un conjunto de modalidades y relaciones en el trabajo infantil que resultan de la superposición de la esfera económica y la esfera doméstica.

Mientras que las prácticas laborales realizadas en el ámbito familiar y las asalariadas se realizan por igual en los ámbitos rurales y urbanos, las actividades denominadas ECONÓMICAMENTE MARGINALES son exclusivas de las grandes ciudades. En ambos grupos el fenómeno común es la “mercantilización temprana”: el niño comienza a manejar dinero, comienza a independizarse de la familia, familia que está o termina por desmembrarse (14.

Se entiende por actividades económicamente marginales a actividades laborales que son legales o semi-legales, como es por ejemplo la venta de golosinas o distintos alimentos; el lavado de vidrios y/o de autos en estaciones de servicio y/o estacionamientos; apertura y cierre de puertas de autos, venta de diarios, mendicidad; recolección de basura. Son trabajos que pueden estar amenazados por la violencia, la explotación y la discriminación y a los niños que las ejecutan suele llamárseles “chicos de la calle”. Dentro de ellos están los que retornan al hogar por la noche y aquellos que hacen de la calle su hábitat y donde adquieren la socialización que les permitirá sobrevivir.

Teniendo en cuenta las distintas formas de trabajo basada en el reconocimiento del destino de la actividad y en el tipo de relaciones que se establecen en su realización, se pueden sistematizar los trabajos infantiles de la siguiente manera:

1) Actividades orientadas a la subsistencia.

Las situaciones laborales que podemos identificar aquí son: el trabajo “invisible”, en las tareas de mantenimiento cotidiano del grupo familiar, como ayuda de la madre o responsable de la preparación de alimentos, planchado, lavado, acarreo de agua, mandados, reparaciones etc.; y el trabajo en las actividades de producción doméstica para la subsistencia del grupo familiar, sólo o ayudando a los padres en las tareas de cuidado de huertos familiares, crianza de animales domésticos, confecciones caseras etc.

2) Actividades orientadas al mercado:

Las situaciones laborales que podemos identificar son tres: el trabajo como ayuda familiar en las actividades de producción para el mercado de los trabajadores domiciliarios: confecciones, reparaciones, artesanías, servicios etc.; el trabajo como asalariado indirecto como parte de la fuerza de trabajo familiar en empresas familiares o de trabajadores por cuenta propia por ejemplo en la construcción, o en servicios etc.; como asalariado directo o trabajador por cuenta propia en pequeñas empresas de producción de servicios informales, venta callejera, ciruja, lustrabotas, etc.

CAUSAS DEL TRABAJO INFANTIL

La causa principal es la pobreza. La renta familiar es insuficiente y los niños deben ganar dinero para remediar esta situación. En este contexto el trabajo infantil es una “estrategia de supervivencia familiar” ante situaciones de desempleo adulto, bajos ingresos o desintegración familiar. El trabajo infantil como necesidad de supervivencia se caracteriza como un problema que excede el ámbito familiar y se ubica en el campo de lo social. Por otro lado al estar legalmente prohibido su ilegalidad deja al niño en absoluta desprotección.

Kcrichesky (15) señala con relación a este tema que “… El niño ha sido un eterno protagonista de estrategias de supervivencia individual o familiar, invisible para la historia documentada en la estadística y en el ámbito de lo público, pero socialmente existentes en el nivel de lo cotidiano”. Esto es así y es motivo de preocupación en tanto dificulta su estudio histórico y analizar la situación actual.

Podemos señalar otras causas del trabajo infantil, Las encuestas realizadas por la OIT pusieron de manifiesto la relación positiva entre el trabajo de menores y de otros factores, como el analfabetismo, el nivel de subdesarrollo rural, la situación de los barrios urbanos pobres, la falta de asistencia a la escuela, los niños abandonados o fugitivos, el fallecimiento o la ausencia permanente del padre, las familias de gran tamaño y la ocupación de los padres. Los niños que abandonaron la escuela antes de finalizar la escolarización representan un elevado porcentaje entre los menores que trabajan.

En los hogares en que la mujer es jefe de hogar es donde hay mayor número de niños que trabajan, la ausencia del padre es un factor decisivo en el trabajo infantil. Cuanto mayor es el nivel educativo de los padres es menor la frecuencia del trabajo infantil de menores.

CONCLUSIONES

Nos interesa aquí dejar planteados, a modo de síntesis, los problemas que fueron delineándose a lo largo de la exposición anterior y relacionar todo esto con lo que ocurre en San Luis, provincia de la región centro de la República Argentina.

Desde lo político observamos que no existe una política nacional en materia de trabajo infantil. Es necesario definirla y correlacionarla con todos los aspectos que afectan a la protección del menor( independientemente del obligado reconocimiento normativo que se evade sistemáticamente. Deben articularse las políticas de la minoridad con la educación de los mismos, por ejemplo con relación a la duración de la enseñanza obligatoria, la calidad y la orientación de los sistemas educativos.

Debe coincidir la edad de admisión al empleo con la edad de terminación de la educación obligatoria. Cuando la primera es más elevada que la segunda, los niños que han terminado sus estudios no pueden ejercer lícitamente una actividad lo que aumenta el riesgo del trabajo clandestino. Si es al revés se alienta el abandono antes de finalizar el ciclo obligatorio.

Esta política debe coordinarse con un adecuado sistema público de salud infantil. La protección de la salud (tanto física como psíquica) es un elemento a tener en cuenta al fijar las edades mínimas de admisión al empleo, que pueden ser diferentes para los distintos trabajos. Los aspectos de salud preventivos y la inspección laboral son también elementos esenciales a tener en cuenta.

El trabajo infantil debe también analizarse en el marco de la política de empleo. Evitar el uso de mano de obra “barata” infantil redundaría en mayor número de puestos laborales para adultos. Promover acciones que conlleven al cumplimiento voluntario de la legislación. Un eficiente y adecuado régimen en la aplicación de sanciones para las violaciones de las normas aplicables. Fortalecer y asegurar el funcionamiento de la inspección de trabajo, poniendo el énfasis en el trabajo infantil en sectores de alto riesgo. Descontamos que todo esto sólo es posible en el marco de adecuadas políticas sociales que impliquen la no-necesidad del trabajo infantil como medio de subsistencia individual y familiar.

Desde lo social observamos que los organismos internacionales como la OIT, la UNESCO, UNICEF, etc., enfocan al trabajo infantil como un aspecto central de situaciones de crisis y pobreza, que se presenta en determinadas regiones. Se lo interpreta como ya hemos señalado, como una estrategia individual y familiar de subsistencia

Ambos enfoques parecen ser insuficientes o incompletos y coincidimos con aquellos que creen que el trabajo infantil no sólo debe ser analizado desde la dimensión de la pobreza y como recurso de supervivencia, sino críticamente en una doble dimensión: como fenómeno socio-histórico y como estrategias de supervivencia ante las presiones de la crisis.

Existe sin duda mucha diferencia entre los niños que en el seno del núcleo familiar desempeñan una actividad que produce ingresos a la unidad doméstica (como es por ej. en el ámbito rural), con aquellos que podrían ser tipificados como “chicos de la calle” (lustrabotas, limpiavidrios, vendedores ambulantes etc. La situación de enajenación, de abuso, violencia y riesgo son algunos de los aspectos más remarcados de la problemática social del trabajo.

Desde lo psicológico: el trabajo infantil tiene numerosas consecuencias, entre ellas, asumir roles adultos para los que los niños no poseen la madurez suficiente ni están preparados psicológicamente.

La no-existencia de un entorno familiar y el ingreso al trabajo precozmente los exponen a múltiples riesgos desde el punto de vista de su salud física e integridad psíquica. Como el niño comienza a independizarse tempranamente de la protección familiar, carece de la contención emocional que los mismos proveen, quedando el aparato psíquico expuesto al incremento de estímulos perturbadores, lo que puede obstaculizar los procesos de simbolización. También se verán comprometidos la constitución discriminada del mundo interno y la fluidez de la relación con los objetos externos. No existe o es muy limitada la socialización primaria que ofrece la familia; adquiere la socialización secundaria, no en el ámbito protector e institucional de la escuela, sino en la calle, como el hábitat predominante y como un medio para sobrevivir.

La ausencia del grupo familiar lo lleva a buscar figuras de identificación sustitutivas, que son generalmente inadecuadas por el ámbito de semilegalidad o ilegalidad en que se mueven. Internaliza, desde muy temprano, la violación de las normas como algo legitimado por el grupo familiar, por los pares y por los adultos con los que trabaja. Son generalmente los propios padres los que ocultan las actividades laborales de sus hijos, sobre todo en sus formas atípicas o marginales, puesto que la normativa cultural establece que esta etapa de la vida sea destinada al estudio y ellos los que deben satisfacer sus necesidades.

También es necesario señalar que en determinadas condiciones, para niños de sectores populares inmersos en condiciones de marginalidad social, el trabajo puede tener otro significado y ser un elemento positivo para la construcción de una identidad positiva porque construyen procesos de socialización laboral y conocimientos y saberes en torno al mismo.

Frente a estas situaciones que describimos, no podemos dejar de preguntarnos ¿se acabó para estos niños la infancia? ¿Cómo construye su subjetividad el niño que trabaja sin el soporte o lazo subjetivo entre él y su familia? ¿Cómo ingresan estas marcas o inscripciones en el aparato psíquico? Como psicólogas interesadas en el la evolución infantil, nos preocupa el devenir de una infancia cada vez más difícil de suponer como tal, sobre todo ante la corroboración de que instituciones como la familia y la escuela han ido perdiendo su capacidad de protección, cuidado y contención de la fragilidad que caracteriza la infancia.

Analizando el tema del trabajo infantil en nuestra provincia, nos encontramos con que la misma no escapa a la norma general de la ausencia de datos sistematizados y oficiales sobre esta problemática. De todos modos es de observación directa el trabajo de los niños en tareas que podemos catalogar como económicamente marginales.

Hasta hace no mucho tiempo la Dirección del Menor y la Familia informaba que la mayor cantidad de niños se dedicaba a la venta de diarios, actividad que poseía características de peligrosidad, explotación y delincuencia por dos razones: porque los diarios deben retirarse a la madrugada y porque lo que ganan lo gastan en alcohol y juegos electrónicos. En algunos casos los mayores retiran los diarios, los entregan a los menores y reparten las ganancias. Esta situación en parte, parece haberse modificado, son menor la cantidad de niños que realizan esa actividad y ha quedado, casi exclusivamente, en manos de mayores como consecuencia de haber aumentado el nivel de desempleo y ser una trabajo económicamente rentable.

La otra actividad importante que realizan los niños en la ciudad capital (San Luis) es lavar autos en los estacionamientos (los más importantes frente a las plazas. También aquí se observa que la mayor parte de la tarea ha quedado en manos de los adultos sobre todo en los horarios de mayor estacionamiento; aunque también siguen realizándola niños en algunos horarios. Ellos cuentan que los adultos han organizado la actividad sobre la base de dos criterios: horario y zona. Los grandes trabajan preferentemente por la mañana y los chicos por la tarde. Un lado de la plaza está destinado a los chicos de 15 años para abajo. Durante la entrevista realizada con cinco chicos de 16 a 7 años, todos manifestaron trabajar por cuenta propia (es decir lavar sus autos y cobrar todo); el más pequeño admitió que algunas veces lavaba autos a medias con otro más grande.

La crisis de empleo ha desplazado a los niños de estas actividades y los adolescentes de 15 – 17 años han asumido otras tareas económicamente marginales. Los niños más pequeños de mendicidad (tocan timbres en las casas o paran a la gente en la calle para pedir monedas, comida, ropa; abren o cierran puertas de los autos (en la terminal de ómnibus y en el aeropuerto); venden alimentos en la calle y/o en los espectáculos. También piden en bares de los que son corridos en cuánto los dueños advierten su presencia.

Las características que podemos señalar sobre la base de la observación y la entrevista con estos niños (16) son las siguientes:

ENTORNO FAMILIAR Y SOCIAL: familias desintegradas, ausencia del padre, abandono de los hijos por parte de la madre en manos de los abuelos, sucesivos concubinatos. Les cuesta precisar los vínculos familiares y las relaciones entre ellos. Generalmente es más de un niño por familia que trabaja, los mayores lo hacen en trabajos asalariados (a veces), las hermanas ayudan en tareas del hogar (cuidar hermanos, hacer las compras.

PERTENENCIA SOCIAL: todos provienen de sectores sociales muy pobres. El dinero que ganan lo entregan en forma casi total al adulto ( la madre, abuelo) y no se cuestionan el tener que hacerlo. Tampoco se preocupan por saber en qué se gasta.

TAREAS LABORALES: empezaron inducidos por algún miembro familiar (madre, padre, hermanos.

ASISTENCIA A LA ESCUELA: dicen asistir a la escuela pero no es cierto. Cuando se profundiza sobre el tema reconocen haber comenzado tarde, haber repetido grados y no asistir en forma regular. Sin embargo valoran la escuela como positiva para su trabajo. Los conocimientos que recuerdan corresponden sobre todo al área de matemáticas y lengua. También la reconocen desde el punto de vista de la socialización porque “te enseña a respetar a la gente, a tratarla”. En algunos casos la escuela es claramente exclusora en la figura de la maestra ( “es mala, dice que soy un mugriento, todo lo que hago está mal”) también los compañeros. La escuela no articula ningún mecanismo que facilite la inclusión y permanencia en el sistema.

LA SOCIALIZACION LABORAL la hacen en el trabajo mismo (aprendí solo, me enseñó mi hermano, mirando a los otros etc. Nada de lo que se aprende en el trabajo es tomado y valorado por la escuela. Los compañeros lo “cargan” porque trabaja, la maestra no los reconoce como trabajadores.

El ser trabajadores es vivido como característica positiva de sus identidades, pero rechazan continuar en el futuro haciendo lo mismo, tampoco pueden proyectarse en ninguna otra actividad.

Son pasivos frente a las contingencias negativas que pueden surgir en el trabajo (no protestan si un cliente se fue sin pagar por ejemplo) posiblemente por esta característica de semilegalidad y marginalidad que el trabajo tiene.

Como síntesis de lo expuesto podemos señalar que el trabajo infantil rompe con el concepto de infancia como período de protección y cuidados y de ingreso a la institución escolar, como transición hacia el mundo del trabajo. Desde ese concepto de infancia, difícilmente podamos comprender la problemática psicológica y social que presentan los niños trabajadores.                                 Sin duda estos niños pueden constituirse fácilmente en futuros niños de la calle o en delincuentes con un nivel de marginación social que obstaculice su desarrollo personal, formación educativa e integración positiva a la sociedad.

Todos los niños deben gozar de los derechos de la niñez. Tampoco podemos dejar de reconocer la grave crisis que sufren sectores cada vez más amplios de la población. Una visión crítica y totalizadora del trabajo infantil, que no lo reduzca a un mero valor económico sino que reconozca su instancia socializadora, podría ser una práctica social relevante para la construcción de una identidad positiva de los niños de sectores populares en condiciones de pobreza y marginación social, siempre y cuando se realice en ámbitos protegidos y estructurados y se complemente con el horario escolar.

También creemos que es necesario promover investigaciones que cubran los vacíos de información que sobre el tema existe y que permitan elaborar políticas destinadas a esta población.

Notas

*Profesora Titular de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de San Luis. Argentina. Asignatura Psicología Evolutiva de la Lic. en Psicología y Prof.Educ. Especial.

**Profesora Asociada de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de San Luis. Argentina. Asignatura Psicomotricidad I del Prof. de Educ. Especial y Psicología Evolutiva de la Lic. en Psicología.

Este Trabajo es producción del Proyecto de Investigación “TENDENCIAS EPISTEMOLÓGICAS Y TEORÍAS DE LA SUBJETIVIDAD. SU IMPACTO EN LAS CIENCIAS HUMANAS”. Universidad Nacional de San Luis. San Luis. Argentina.

  • (1) UNICEF, Informe año 2000
  • (2) Premio Nobel
  • (3) UNICEF, “Eliminar el Trabajo Infantil Afirmando los Derechos del Niño “UNICEF División de Comunicaciones 3 United Nations Plaza, H-9F, Nueva York, NY 10017,USA. Marzo 2001.
  • (4) INFOMUNDI. “Medicus Mundi”, España. 1996.
  • (5) THE HINDÚ, “El Estado Cómplice”, 7 de Junio de 1995
  • (6) REVISTA DEL PROGRAMA INTERNACIONAL PARA LA ERRADICACIÓN DEL TRABAJO INFANTIL, IPEC,   de la OIT. Nª 1. Junio 1995.
  • (7)CHILD LABOUR SURVEYS: RESULTS OF METHODOLOGICAL EXPERIMENTS INFOUR COUNTRIES, 1992-1993. Año 1996.
  • (8) La indigencia se calcula sobre bases de supervivencia, la medida básica es una canasta de alimentos que implique la ingestión de 2.700 calorías diarias. No incluye transporte, educación, salud, limpieza, vivienda, esparcimiento.
  • (9) DIARIO PÁGINA 12, Equis Consultora, Artemio López, Estudio sobre la Encuesta Permanente de Hogares y datos del INDEC. , Buenos Aires, Junio de 2001. La línea de indigencia para los menores de 15 años es el promedio del costo de todas las edades y resulta en 42,59 pesos mensuales.
  • (10) DIARIO PÁGINA 12, 3 de junio de 2001.
  • (11) SANDRI, C., “Historia de la Infancia”, Revista del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación. Año III, Nro.4, Bs.As. , 1994
  • (12) GIVERTI, E., “Políticas y Niñez”, Losada, Buenos Aires, 1997.
  • (13) MANCERA M., “Incidencia del Trabajo Infantil en la Educación Escolar Rural de Vereda del Hato, Municipio de Choachí”, Universidad Javeriana. Bogotá, 1991. En las conclusiones de este trabajo se señala que el 55% de los padres consideran que el trabajo como un importante factor de aprendizaje para sus hijos; un 35% que sus hijos son importantes para la economía familiar; para el 70% el trabajo es una buena forma de inculcar a sus hijos buenas costumbres y un 30% considera que el trabajo quita tiempo para el estudio. El 100% opina que el excesivo trabajo del niño disminuye el rendimiento académica (fatiga, ausentismo, falta de concentración, preferencia del trabajo respecto al estudio.
  • (14) FORNI, A.” El primer año del Colegio Secundario”, Revista de Ciencias Educativas, Ed. Cántaro. FLACSO/ CLACSO. Buenos Aires. 1988.
  • (15)KRICHESKY, M. D., “Trabajo y Escuela en la Infancia de Sectores Populares”.   Cuadernos Pedagógicos Universitarios. Buenos Aires. 1992.
  • (16) Para este trabajo hemos tomado diez de las entrevistas realizadas a niños trabajadores.

BIBLIOGRAFIA.

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  • ARIES, P. (1986) La Infancia. Revista de Educación No 281. Ministerio de Educación y Ciencia. Madrid.
  • CARPIO, MINUJIN y col. (2000) Infancia y Pobreza en la Argentina, Centro de Estudiantes de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires.
  • COREA   C., LEWKOWICZ I. (1999) ¿Se acabó la infancia? Ensayo sobre la destitución de la niñez. Lumen Humanitas. Buenos Aires.
  • FORNI, A. (1988) El primer año del Colegio Secundario, Revista de Ciencias Educativas, Ed. FLACSO/ CLACSO. Cántaro. Buenos Aires.
  • FUNDAIH, (1989) Niñez, adolescencia y familia a fines del siglo XX, Revista FUNDAIH, No 10, Buenos Aires.
  • GIVERTI, E. (1997) Políticas y Niñez”. Losada, Buenos Aires.
  • KRICHESKY, M. D. (1992) Trabajo y Escuela en la Infancia de Sectores Populares.   Cuadernos Pedagógicos Universitarios. Buenos Aires.
  • LLLOMOVATE, S. (1987) Adolescentes trabajadores: su vida, escuela y Trabajo. Dto. No 42. FLACSO. Buenos Aires.
  • Mancera M. (1991) Incidencia del Trabajo Infantil en la Educación Escolar Rural de vereda del Hato, Municipio de Choachí, Universidad Javeriana. Bogotá.
  • RIQUELME C., FERNANDEZ BERDAGUER L., (1989) La Inserción de Jóvenes Universitarios en el mundo del trabajo. Instituto de ciencias de la Educación. Cuadernos de Investigación No 2. Buenos Aires.
  • VOLNOVICH, J. (1999) Los cómplices del silencio. Infancia, subjetividad y prácticas institucionales. Lumen Humanitas, Buenos Aires.
Trabajo infantil su impacto en la constitución subjetiva

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