RESUMEN

Este trabajo forma parte de un proyecto más amplio, cuyo objetivo es indagar acerca del proceso de construcción de identidades sociales en el marco del contexto de cambio en el modelo de acumulación capitalista. Abordamos este tema a través de un caso empírico puntual, la población de Villa Corina.

Buscamos profundizar, a través del análisis de un caso particular, en la comprensión del papel que juega el estigma en la construcción y expresión de las representaciones identitarias. Estas representaciones son la definición social de un grupo a través de la cual se opera la disolución simbólica de las diferencias, desigualdades y contradicciones que conforman su realidad. Dichas representaciones no están aisladas de las realidades sociales sobre las que se conforman y desarrollan. Forman parte, indudablemente, pero no son reductibles a ellas.

Nuestra hipótesis de trabajo es que la estigmatización juega un papel central en este proceso de constitución de las subjetividades de los villeros. Y que para salir de ese lugar “negado”, los sujetos involucrados apelan a distintas estrategias, en pos de ubicarse en un lugar socialmente más favorable.

ABSTRACT

This study is part of a wider project, which main goal is to ask about the social identity construction process in the overall context of capitalist accumulation. The approach includes discussing a real case: the population of Villa Corina.

We try to understand, analyzing in deep this particular case, the role that stigmas play in the construction and expression of identity representation. These representations are the social definition of a group through which the symbolic dissolution of differences, inequities and contradictions is expressed. Representations are not isolated from the social realities on which they are conformed and developed. They are certainly part of the social realities but they do not reduce to them.

Our main hypothesis is that stigmatization plays a central role in the process of creation of shanty town’s people subjectivity. We also state that in order to go out of that “denied” place, they use different strategies, trying to install themselves in a more accepted social place.

De que se trata…

Este trabajo forma parte de un proyecto más amplio, cuyo objetivo es indagar acerca del proceso de construcción de identidades sociales en el marco del contexto de cambio en el modelo de acumulación capitalista. Abordamos este tema a través de un caso empírico puntual, la población de Villa Corina. Nos preguntamos que significa ser villero hoy.

Para responder a este interrogante, indagamos acerca de cómo se constituyen simbólicamente los villeros, con relación a sí mismos y a los otros, partiendo del supuesto de que sufren de ‘identidad negativa’ o estigmatización. A partir de dicho supuesto, y en el presente trabajo, pusimos el énfasis en el concepto de estigma, y en el papel que los massmedias cumplen en dicho proceso de constitución las subjetividades sociales.

A modo de contexto…

Por más trillada que esté la palabra, no podemos dejar de hacer referencia a la globalización. Pero no nos referimos a la globalización en términos económicos o tecnológicos solamente, sino que la señalamos como un proceso histórico social de grandes dimensiones. Dicho proceso marca profundos cambios en los marcos de referencias sociales y mentales de personas y colectividades, a la vez que da origen a otros procesos, que a la vez se imponen a los individuos. En este marco se instala el tema estrella de los debates acerca del impacto producido por la Globalización: La nueva cuestión social. Gran parte de los debates se centran en los perversos efectos de la mutación estructural producida. Esta nueva cuestión social ha sido ampliamente debatida en las sociedades “avanzadas”[ii]. Sin embargo, dichos efectos han sido mucho más desestructurantes en sociedades periféricas, donde los debates acerca del tema han sido hasta hoy escasos. Por lo que Ianni plantea que buena parte de las categorías, interpretaciones y conceptos referentes a la realidad social, parecen perder significado, volverse anacrónicos o modificar su sentido original. Como nota distintiva de esta etapa, el imaginario de individuos y colectividades se encuentra influido por la presencia de los massmedias. La realidad social se revela diferente, nueva, sorprendente. El acervo teórico de las ciencias sociales se revela problemático, insatisfactorio, carente de significado, exigiendo una reelaboración o la construcción de nuevos conceptos. (Ianni O. s/d)

En este marco, podemos decir que los cambios producidos en la economía argentina en los últimos treinta años, tuvieron consecuencias en todo el mapa de la sociedad, desde el mundo del trabajo hasta la educación, desde la situación de las provincias hasta la vida política. Modificaron las estructuras del país, y desde allí extendieron su impacto hasta cada uno de sus habitantes. “Un nuevo país, una nueva pobreza, una mutación de los actores sociales históricos y del tipo de relaciones colectivas, individuales, macro y micro cotidianas, que configuran una sociedad muy distinta en las que nos criamos treinta o cuarenta años atrás” (Feijoo, 2001:8) “La diferencia fundamental –y fundacional- entre el viejo país y el actual se refiere al descentramiento paulatino de relaciones sociales alrededor de las cuales se organizó la vida de la población…”. (Feijoo, 2001:15)

Habida cuenta de estos profundos cambios, y a consecuencia de ello, consideramos que la relación entre actor y estructura ha sido modificada. Todo el conjunto de la vida social es atravesado por una especie de desinstitucionalización entendida ésta como la desvinculación respecto de los marcos objetivos que estructuran la existencia de un sujeto (Castel, 1997). Esta mutación que comenzó a gestarse mediados de los ´70, parecería estar definitivamente completada a la fecha.

La globalización destruye y reconstruye al mundo, en el que se generan otros procesos, otras perspectivas y otras formas de sociabilidad. El problema radica, entonces, en que nuestra capacidad de comprensión de la complejidad del nuevo escenario, opaco aún, no nos ha permitido generar nuevas denominaciones para los nuevos problemas, configuraciones y relaciones sociales.

¿Dónde, cómo y con qué trabajamos…?

Dónde…

Villa Corina es una de las grandes villas del Gran Buenos Aires, ubicada en el partido de Avellaneda, a sólo 7 Km de la capital Federal. Surgida alrededor de 1950/52, pegada al cementerio municipal, se encontraba (al igual que hoy) delimitada por las calles Centenario Uruguayo, Suipacha, Agüero y Camino Gral. Belgrano. No era una villa homogénea, sus cuarenta manzanas rodeaban dos grandes lagunas, ubicadas en la zona central. Alrededor de las lagunas se concentraban una serie de casillas y ranchos asentados en el barro. El agua estancada, los laberintos intrincados y los grandes basurales formaban parte del paisaje cotidiano de Villa Corina. Sin embargo, a medida que se alejaban de las lagunas, iba apareciendo la forma de un barrio humilde, los pasillos centrales se ampliaban, aparecían las primeras casas de material y el agua ya no inundaba las viviendas con cada lluvia. La ocupación que concentraba más población masculina era la de changarines, en el gremio portuario y de la construcción, y en menor medida operarios de fábricas, comerciantes y empleados del sector servicios. Las mujeres concentraban su ocupación en servicio doméstico y en menor medida, como operarias de fábrica. (Pozzi y Sajón, s/d)

Este paisaje cambia abruptamente en 1973 como resultado de una decisión nacida del Ministerio de Bienestar Social de la Nación, a implementarse en la Pcia. de Buenos Aires, en el marco de sus políticas de radicación de villas. En este proyecto de radicación participaron las asociaciones de la villa, se utilizó mano de obra villera en la construcción y existió representación de todas las líneas políticas reconocidas.(Pozzi y Sajón op.cit). Sin embargo, no todas las nuevas viviendas llegaron a sus destinatarios originales.

El plan original de radicación estaba a cargo de la Secretaría de Vivienda y Urbanismo y del Banco Hipotecario Nacional. En dicho plan se estipulaba que los departamentos del complejo debían ser adjudicados a los habitantes de la villa erradicada. Pero en 1977, cuando el Instituto Provincial de la Vivienda se hace cargo de terminar los últimos edificios, cambiaron las reglas del juego. No se respetaron las adjudicaciones previas, ni las mismas fueron para vecinos de Villa Corina. Las nuevas unidades fueron entregadas a familias desalojadas, ex inquilinos, a personal de las fuerzas armadas y a recomendados. A partir de ese momento, se produjo un enfrentamiento entre los nuevos habitantes del Complejo Corina, que eran mayoría y los viejos pobladores corinenses, de los que quedaron muy pocos. Corina empezó a fracturarse, ya que cada grupo quiso que Corina fuera el reflejo de su propia identidad.

A partir de 1978, el intendente de la Municipalidad de Avellaneda sanciona con fuerza de ordenanza un cambio en la denominación y delimitación de las localidades que componen este municipio. En los considerandos puede leerse que toma tal medida “tomando en cuenta las necesidades de la cartografía censal, que existen conflictos jurisdiccionales entre las organizaciones comunitarias, y que existen superposiciones de denominación”. (Ordenanza 7025 del 1/2/1978)

De esta manera, a partir de ese momento Villa Corina pasó a ser dividida en dos villas y un barrio: Villa Corina, Villa Avellaneda y Barrio Industrial Obrero. El complejo Villa Corina pasaba entonces a quedar dentro de los límites de Villa Avellaneda. Una vez más, la mirada exterior tenía la fuerza para denominar a los villeros. Sin embargo, los habitantes de Corina ignoraron dicha reestructuración de su espacio. Si lo hicieron por desconocimiento o volitivamente no se sabe, pero lo cierto es que siguen considerando que todo Corina ocupa el área original.

Hoy, Corina tampoco es una villa homogénea. Dicho enclave está definido desde la mirada exterior, como una villa miseria. Sin embargo, como resultado de un proceso de configuración socio-espacial de larga duración, Corina ha tenido cambios estructurales que han redimensionado los espacios internos. Estos cambios hacen que hoy Villa Corina presente una notable heterogeneidad. Desde la calle Agüero sólo se divisan las torres de once pisos. A su alrededor se encuentran las “tiras”, similares a las torres pero con sólo tres pisos. Las calles están llenas de lomos de burro y tal como sucedía con la vieja Corina, a medida que se acercan al centro la precariedad se va ahondando. Los primeros chalets se construyeron en el año 1950 y ocupan alrededor de 3 manzanas entre las calles Agüero y Centenario Uruguayo, Lucena y Oyuela. Frente a estos, se encuentran los pabellones (alrededor de 200) construidos entre el 1958 y 1962 como parte de una política asistencialista para la reconstrucción de villas afectadas por los incendios, en esta caso la Isla Maciel (Pozzi y Sajon, op.cit.). Atravesando los pasillos que cruzan estas casillas, se llega al centro comercial de Corina, construido sobre largas tiras de cemento y techos de chapa, con locales de ambos lados, hoy mayormente desocupados. Este centro funcionaba como frontera que encapsulaba y abastecía internamente a la villa hasta la llegada de un hipermercado sobre la calle Mitre (20 cuadras), que abrió un nuevo espacio de salida al “exterior”. A partir de allí, empiezan a asomar “los chalecitos”. Casas de material, de uno o dos pisos, cuidados jardines y calles asfaltadas. Rejas por todos lados y medidores de luz.

Corina tiene una escuela primaria, un jardín de infantes, una escuela diferencial y una escuela secundaria que está en el límite del complejo, sobre la calle Centenario. Los continuos ataques a las escuelas han dado como resultado el amurallamiento de las mismas, (paredes con rejas de 2 metros de altura) lo que genera una sensación de encapsulamiento notable. En 1999 se instaló un destacamento policial. También existen cuatro templos evangelistas de fuerte presencia en la zona. Hay una congregación religiosa, las Hermanas de la Caridad, que viven allí y realizan tareas asistenciales además de religiosas. La iglesia católica se encuentra en un terreno pegado a las torres. Canchas de fútbol rodeadas por alambrados marcan el fin del complejo, y desde allí y hasta Camino Gral. Belgrano, y a lo largo del paredón del cementerio, se extiende la villa que quedó desde la primera etapa. Pero ahora más grande ya que se ocuparon los espacios vacíos y también la calle. Su precariedad la hermana con la vieja Corina antes de la construcción del complejo.

Este barrio que había sido diseñado con un irreal sentido comunitario empezó a fracturarse; hoy esta fractura tiene manifestaciones físicas concretas. Villa Corina ha sido testigo de mejoras en su infraestructura urbana (pavimento, iluminación), pero sólo en partes, lo que contribuyó aún más a su heterogeneidad edilicia. En la zona comprendida entre Pedernera, Suipacha, De la Serna y Agüero emana un permanente y nauseabundo olor.[iii] Sobre Casacuberta y Suipacha está “la tierrita” y los edificios conviven con las casillas; hacia la calle Centenario (los últimos edificios entregados) Corina está parquizada y las torres presentan otro aspecto. El primer anillo de chalets adquirió la fisonomía de un barrio obrero con casas de material y calles anchas y asfaltadas. Su población hoy es aproximadamente de 15000 habitantes, de los cuales estimativamente 7000 habitan en el Complejo. El desempleo y la subocupación alcanzan a un 80% de la población[iv]. Hoy, en Corina, los ingresos en dinero se dan sólo a través de los planes Trabajar y Copa de leche. El desempleo y la invasión de la droga son referidos por sus habitantes como los problemas más acuciantes.

Cómo y con qué…

Con respecto a la metodología sostenemos que este tipo de trabajo requiere de un abordaje cualitativo. Utilizar una metodología cualitativa supone un intercambio dinámico entre teoría, conceptos y datos. Así, no podemos separar la instancia de la recolección de datos con el análisis de la información que nos brinda dichos datos. Ambas etapas van creciendo y modificándose mutuamente a lo largo del trabajo de campo.

 De acuerdo a esta perspectiva metodológica, para la recolección de datos utilizamos las siguientes técnicas: observación participante, entrevistas no estructuradas, entrevistas en profundidad (individuales y grupales) historias de vida, análisis de fuentes secundarias (crónicas periodísticas televisivas y en diarios y revistas).

 Las entrevistas se realizaron en distintos ámbitos, todos ellos pertinentes para con los objetivos de esta investigación. Si bien se optó por privilegiar las voces de Villa Corina, se consideró fundamental escuchar a parte de los “otros” en cuestión, ya que en cierta forma, se constituyen y son constituidos como los destinatarios de ese relato que quiere ser legitimado. El criterio de selección de las personas con las que trabajamos no se realizó a priori. Por el contrario, lo fuimos diseñando durante y en forma paralela al trabajo de campo. Para ello tomamos en cuenta la forma en que los informantes se ubicaban a sí mismos, y también nuestras propias percepciones. Nos vinculamos a ellos de forma “encadenada”. Ellos mismos nos conectaban con otras personas facilitando así la búsqueda de informantes.

En primer lugar se realizaron entrevistas a residentes de Villa Corina, de cada sector de la misma. Las entrevistas cubrieron la totalidad de los sectores de Villa Corina, a saber: habitantes del complejo habitacional (las torres y las tiras), el sector de “los chalecitos”, del barrio industrial u obrero, del sector de “la villa o la tierrita”, gente de los pabellones o precarias. También se entrevistaron personas que hubieran vivido en Corina y ya no lo hicieran. Dentro del grupo de residentes de Corina se eligieron personas con representatividad institucional (como punteros políticos, presidentes de Sociedades de fomento, miembros de grupos religiosos que viven y actúan institucionalmente en el lugar) y personas comunes. Se trata de registrar las voces de una villa en sus propios términos. En segundo lugar, se entrevistaron personas ligadas políticamente a Villa Corina, miembros del Concejo Deliberante de la Municipalidad de Avellaneda, (concejales y asesores) que hubieran tenido activa participación en actividades relacionadas con Corina. En tercer lugar, se entrevistaron vecinos de Villa Domínico, barrio circundante a Villa Corina, barrio que podríamos caracterizar como de clase media baja.

Tenemos claro que esta forma de aproximarnos a nuestro objeto no permite generalizaciones cuantificables, pero al decir de Giddens, “descubrir generalizaciones no es el alfa y el omega de la teoría social” (Giddens,1995:20) Lo que sí puede permitirnos es contribuir a desarrollar y refinar conceptos y marcos de referencia, y de eso se trata.

Una ecuación peligrosa: Pobreza, Identidad Social y Estigma

Sostenemos que la identidad social está en permanente construcción y reconstrucción dentro de nuevos contextos y situaciones históricas. Este carácter procesual de la Identidad social permite afirmar que ésta no está construida definitivamente como conjunto de cualidades, valores y experiencias comunes, tal como lo esgrimiría una mirada esencialista. Los procesos de identificación colectiva son construcciones ideológicas que se vinculan de manera directa a la competencia entre grupos por la consecución de la hegemonía. Como dice Bourdieu, ….. “La imposibilidad del desposeído del poder de dar sentido a su vida en el doble sentido de expresar la significación y la dirección de su existencia es…el destino de todos los dominados, obligados a esperarlo todo de los demás, poseedores del poder sobre el juego y sobre la expectativa objetiva y subjetiva de ganancias que puede ofrecer, y por lo tanto, dueños de jugar con la angustia que nace inevitablemente de la tensión entre la intensidad de la espera y la improbabilidad de la satisfacción…La apuesta de ese juego es el problema de la razón de ser, la justificación de la existencia humana…en su singular particularidad. Que se da cuenta de que ha sido cuestionada en su ser social mediante…esa especie de pecado original sin origen, como los estigmas racistas. … …No hay peor desposesión ni peor privación, tal vez, que la de los vencidos en su lucha simbólica por el reconocimiento, por el acceso a un ser social socialmente reconocido, es decir, en una palabra, a la humanidad “ (Bourdieu, 1999: 313 y ss.).

La construcción de la identidad es un proceso que ocurre dentro de relaciones y prácticas disponibles y de los símbolos e ideas existentes. Sin embargo, la recurrencia de dichos símbolos e ideas no necesariamente implica que sus significados hayan permanecido estables. Por otra parte, no se puede considerar a la identidad únicamente como un proceso discursivo público, sino que necesitamos hacer foco en las prácticas y los significados sedimentados en la vida cotidiana. Dado que estos dos polos, el público y el privado, se interrelacionan como dos momentos de un proceso circular de interacción recíproca, debemos tener en cuenta que la identidad no consiste sólo en el proceso de ser situado, sino también en el proceso según las personas se sitúan ellas mismas.

Sabemos que la palabra no es inocente, está condicionada por quien lo dice, como lo dice, desde donde lo dice, y a quien se lo dice. En una situación de dominación, (y el villero lo está) la exoidentidad[v] puede llevar a la “identidad negativa”, que se traduce en la estigmatización de los grupos dominados. La identidad negativa aparece entonces como una identidad vergonzosa que puede derivar en un intento por eliminar, en la medida de lo posible, los signos exteriores de la diferencia negativa.

La identidad negativa aparece en toda clase de mensajes sociales muchas veces trascendiendo el plano de la comunicación para ingresar en el de la acción. Perteneciente a la esfera de lo simbólico, tiene peso propio en las relaciones sociales, en los itinerarios urbanos, las localizaciones espaciales, el mundo del trabajo, el uso del tiempo libre y la comunicación social. (Margulis y Urresti, 1999) El sector paradigmático de la población que soporta una identidad negativa, es aquel que lleva en sí mismo, en su cuerpo, en sus espacios, en su presencia, las marcas de la pobreza: nos referimos a los villeros. Estos, a través de la pobreza y su consecuente marginación social y espacial están vinculados con el estigma a través de relaciones sutiles, y no tan sutiles, en un proceso conocido pero a la vez encubierto. Por ello, indagamos acerca de cómo se constituyen simbólicamente, con relación a sí mismos y a los otros, partiendo del supuesto de que sufren de ‘identidad negativa’ o estigmatización.

Sostenemos que el concepto de estigma es central en este trabajo. Veamos de que se trata[vi]. La palabra estigma encuentra su origen en Grecia. Con ella los griegos se referían a los signos corporales con los cuales se intentaba exhibir algo malo y poco habitual en el status moral de quien los presentaba. Goffman (1963) nos señala que la sociedad establece los medios para categorizar a las personas y muchas veces lo hace a través de la estigmatización, que hace referencia a la posesión de un atributo profundamente desacreditador. Sin embargo, si nos quedamos solamente en la noción de atributo, se perderá de vista que lo que se está marcando es la presencia de una relación desigual, ya que un atributo que estigmatiza a un tipo de poseedor, conlleva implícitamente la función de confirmar la normalidad de otro.

Los mecanismos de estigmatización, entonces, son aquellos procesos por los cuales se construye una teoría del estigma para explicar la inferioridad y dar cuenta del peligro que representa ese grupo o persona que posee tal “atributo”, racionalizando así una animosidad que se basa en otras diferencias, como por ejemplo la de clase social. Goffman pone énfasis en un hecho fundamental: el individuo estigmatizado tiende a sostener la misma creencia sobre su identidad que aquel que lo estigmatiza. (Goffman, 1963) De ese otro que denomina, que tiene el poder para denominar. Ahora bien, sostenemos que hoy la individualidad se ha instalado en lugar del lazo social. Hoy los individuos se definen en términos de implicación subjetiva distanciándose de las estructuras colectivas. Entonces, ¿cómo sale el individuo de esa estigmatización grupal? A través de las estrategias identitarias. Este término nos marca la presencia del margen de maniobra que tienen los actores para definir su identidad. En la medida que la identidad es un lugar en el que se ponen en juego luchas de clasificación, tanto sea para la reproducción como para la inversión de las relaciones de denominación, los actores utilizan estrategias identitarias para construir dicha identidad. Pero no debe seguirse de este concepto que los actores tienen absoluta libertad para definir su identidad según sus intereses. Si bien la plasticidad de este concepto permite la instrumentación del mismo, no puede olvidarse que la identidad es el resultado de una identificación que los otros nos imponen y que nosotros aceptamos.

En este complejo marco de la globalización, la identidad como necesidad de identidad, como pulsión, como necesidad de afirmación de una diferencia, es siempre la expresión de una lucha, donde el “sentido de los límites” genera conceptos que a su vez producen grupos (nosotros / ellos): Solamente en la lucha y por ella, los límites incorporados se convierten en fronteras para defenderse o para chocar con ellas y desplazarlas. (Bourdieu, 1999)

Pero no siempre la construcción de un “ellos” va acompañada de un carácter negativo, no necesariamente ese “otros” implica la estigmatización por parte del “nosotros”. Sólo lo hace cuando a la percepción de la diferencia se le suma el plus de la agresividad. Ese plus es el que transforma el etnocentrismo presente en todo reconocimiento del “nosotros” en discriminación (Margulis y Urresti, op.cit). De esta forma, la estigmatización opera a través de representaciones estereotipadas de algunos grupos sociales, buscando así ventajas en las luchas por la obtención del capital simbólico y económico.[vii]

Por lo expuesto, es que consideramos central indagar acerca del manejo del estigma en las estrategias identitarias, la naturalización de las identificaciones colectivas, la apropiación de las etiquetas externas. Dada la creciente influencia de los massmedias en el imaginario de los individuos y de los grupos sociales, indagamos también en el rol que juegan los medios en la conformación y confirmación del estigma.

Los villeros en los medios: aquí están, así son…

En los medios se generaliza o se estabiliza cierto tipo de categorías. Al generar colectivos de cierto tipo la comunicación tiene que ver con la identidad, que es lo constitutivo de los colectivos. Cuando en los medios aparece el tema “pobreza” generalmente se hace referencia a la situación en que se encuentra una persona como desocupado crónico o villero, etc… La identificación como excluido desde el relato de los medios lo redefine como tal y así se genera un círculo de retroalimentación.

 Sostenemos que hoy, desde los medios, se construye el sentido de los fenómenos sociales. Pero cuando la identidad es impuesta, en vez de construcción será un estereotipo y lo podemos percibir a través del rastreo efectuado. Exacerba y cosifica determinadas características del segmento de la población más pobre hasta despojarlas de sentido. De esta manera, a sabiendas, instala un estereotipo estigmatizado del cual será muy difícil salir. Los pobres ingresan a los medios a través de tres formatos diferentes: primero, como género policial, bajo la forma del delito; segundo, también en los medios se tematiza la pobreza como una cuestión social; y el tercer formato es la casuística, donde se personalizan los casos. Acá tenemos dos miradas: o la visión rousseaniana del pobre, o visión negativa del fracasado, por vago, por promiscuo, por elección.

A los medios les interesan los pobres cuando son capaces de representar dramáticamente una situación social que pueda ser consumida como un melodrama, más que como un problema de exclusión o de pobreza. Este formato, que los medios manejan muy bien, tienen como característica la idea de personalización. Estos formatos construyen relatos, pero toda construcción de relatos deja afuera otros relatos y allí donde los medios posicionan un tema obturan el ingreso de ese mismo tema bajo otros formatos.

Jorge Halperín[viii] plantea que “los medios en general no se dirigen a los pobres, estos sólo aparecen en las razzias que se hacen en las villas, en las casas tomadas, en los secuestros de bebes, en los chicos de la calle, en las inundaciones, en la noticia policial, o sea, en el mundo del delito y la violencia. Son los feos, sucios y malos. Hay también, un desfile de modelos sociales, que son los que ayudan a los pobrecitos pobres, que exaltan la caridad personal y la misericordia y no el legítimo derecho ciudadano para tener un empleo y ejercer su ciudadanía ” [ix].

“Ah, eso sí, los remiseros de Avellaneda no querían entrar por el tema de la droga, inclusive, hace dos años atrás, mataron a un muchacho que estaban recolectando basura, y salió por televisión, y entonces le pusieron Corina zona de riesgo, y entonces los remiseros no querían venir ni locos, yo cuantas veces, teniendo muchachos conocidos, les decía… che negro llevame, y se peleaban para decirme que no porque no querían entrar… “ (A., de la tierrita)

Paradoja cruel: ignorados por los medios como destinatarios, pero a la vez, son los mismos medios los que les dicen quiénes son y cómo son. Fotografía trucada e instalada por los medios y aceptada sin cuestionamientos por una sociedad que no quiere ver.
En un mundo mediatizado, y dónde la televisión es, en la villa, una de las pocas salidas al “exterior” a ese otro mundo diferente y desigual, ¿cómo hace el villero para no sentirse tocado por esas imágenes impuestas, esas fotos dónde no se puede reconocer, pero que sin embargo, los “otros” lo reconocen? Estrategias, nuevamente, pero sin garantía de éxito.

Las voces de Villa Corina, las voces sobre Villa Corina, y que hacer con los mensajes…

Los textos que se presentan a continuación fueron seleccionados de las entrevistas realizadas para el trabajo original de investigación. Dichas entrevistas no tenían como eje conceptual el tema de la estigmatización, sino más bien, podemos decir que dicho tema surgió a partir del análisis de las mismas.

El villero sabe claramente que su lugar de residencia es un lugar “degradado socialmente”; pro no por las carencias materiales referidas a lo edilicio y a la ausencia de infraestructura, sino por la inmediata asociación que se realiza desde el afuera con valores no aceptados “socialmente”. Para la mirada exterior la villa es un sujeto social, que como sujeto es pasible de cometer toda clase de actos “reñidos con los valores positivos” sostenidos por la sociedad.

Cuando le pregunto por el origen del nombre de Villa Corina me dice que no sabe quien se lo puso pero “seguro que dijeron, son muchos, son pobres, eso es una villa, y ahí nomás nos pusieron el cartel de peligrosos”(M, de los pabellones)

El complejo ¿mejoró la vida de Corina?

“No, la empeoró, el villero no está acostumbrado a tener ascensor, no está acostumbrado a pagar nada”. (G., concejal de Avellaneda)

“… una cosa muy fea, es que acá hubo una maestra que tiene vocación de maestra, fue al colegio de la parroquia, y cuando los padres se enteraron que era de la villa, levantaron firmas y la sacaron. Para colmo, no sólo docentes, hay gente que ha ido a trabajar de limpieza, y cuando se enteraron que era de Corina levantaron firmas y la sacaron” ( M., de las torres)

“Corina es una fabrica de delincuencia, ahora el padre es delincuente, el hijo es delincuente y el nieto dentro de diez años va a ser delincuente, y el tío es delincuente y el sobrino también.” ( M., político, asesor en la municipalidad de Avellaneda)

Sin embargo en su propia percepción, ser villero es ser pobre, es no tener los medios que le permitan ingresar en esa sociedad que los discrimina. Ser villero es un adjetivo. Es el que vive en la villa. Es un término asociado directamente a las condiciones edilicias, a su vez, directamente asociadas a la pobreza.

“…y nos discriminaron acá porque ellos pasaron de la puerta de aquel lado y digamos que era otra, digamos otra sociedad, digamos, era como la sociedad clase media, y nosotros éramos acá, esta parte, éramos lo más bajo, con la ranchería, con todas esas cosas…”(A., de la tierrita)

“…ahora compartimos a la misma forma de ellos, porque en la actualidad estamos viviendo tanto unos como otros en la misma situación, es decir no hay discriminación en nada, porque estamos a la par de ellos…” (R, de la tierrita)

“Villa es como en todos lados, la que se va haciendo de a poco, un ranchito acá, una ranchito allá” (C., de la tierrita)

¿Cómo correrse entonces, de un lugar que no es el propio, cómo superar esta contradicción entre la realidad (su realidad) y la apariencia? Para poder salirse de ese lugar cuestionado y cuestionable utilizan estrategias que les permitan diferenciarse.

“…nos discriminaban a nosotros, acá, si y le digo porque. Porque Ud. sabe, como siempre, que existió la delincuencia, le explico, la delincuencia acá, existió siempre, toda su vida, pero yo le explico porque, el sentido de esta conversación, porque yo me crié con esa gente, la que hace todas esas cosas, pero nunca accedí a lo que ellos querían, y yo, mi camino fue así, derecho, no doblarme, siempre así derecho, y siempre así, hasta los cincuenta y un años que tengo, nunca tuve problemas con nadie…” (A, del barrio obrero)

“ Yo cuando vengo tarde y voy a una remisería, en Avellaneda, y le digo me llevas a Corina y me dicen que no, eso me duele, pero le digo, yo te lo garantizo.”  (A., de las tiras)

“ Viven mal por no cambiar la mentalidad la gente de acá de Corina es suelta, es joda, es pachanga, es vino, es droga, yo salgo y los veo ahí drogados, y yo sigo de largo, a mí que me importa, que me interesa, vos te drogas, a mi no me hace nada, a mi no me toca nadie, si vos vieras cuando yo salgo a Corina, están los muchachos con los ojos feos de la droga, y a mi no me tocan…” (R., de los pasillos)

El hecho de vivir en la villa hoy no es un factor aglutinante capaz de funcionar como elemento referenciador. De acuerdo a la presencia detectada de múltiples configuraciones identitarias es interesante resaltar, con relación a lo expuesto, que los habitus y prácticas de los habitantes de Villa Corina nos remiten a identidades múltiples y fragmentadas que cuestionan la mirada homogeneizante que se les asigna a estos sectores, desde las miradas prevalecientes del “sentido común del mundo exterior”.
“ No me gusta el barrio, había mucho paraguayo, mucho santiagueño, muchos correntinos, llegan con micros y se ponían todos en pedo y te tiraban cosas…” (R., de los pasillos)

“Hay gente que no se va de acá porque quiere, y otra que se va porque quiere progresar” (E., de las tiras)

“En la villa hay de todo, como en la viña del Señor” (L., de las torres)

La auto-atribución de una identidad más “cotizada socialmente” se representa en pos de un determinado interlocutor que le impone un modo de ser asociado a la ilegalidad, ya sea el Estado, algunos medios de comunicación, o los vecinos con los que comparten el espacio barrial en disputa. A través de la puesta en práctica de este sentido del juego los ocupantes disputan un lugar social más favorable, mostrándose en posesión de atributos valorados positivamente por y ante la sociedad.

 ”Loreto es la parroquia, que está en Av. Mitre. Como jurisdicción, Loreto tiene varias capillas, nosotros somos las que estamos en peores condiciones, pero hay dos o tres capillas que están del otro lado. Nosotras trabajamos, nos invitamos con esas capillas, y no hay ningún tipo de problema, pero cuando invitamos a la gente de la parroquia, no te viene, y no nos invitan tampoco a nosotras”.
“Uno habla desde un prejuicio, desde un mito, no, no, ahí son todos… Y cuando armamos cosas, se quedan con la boca abierta, porque una característica de la comunidad es la organización que esta gente tiene, hay que armar una fiesta, y hay una organización impresionante “( grupo de mujeres catequistas que viven en Corina)

“Para la parroquia, Corina es el lugar de asistencialismo, donde no hay documentados, me acuerdo que cuando vino ese Sr. Fucho yo lo dejé hablar, pero le dije, vos sabes que acá el Plan Vida documentó a todo el mundo? Se habla porque no se conoce” (M, Hermana de la caridad)

Una de esas formas de manipulación utilizadas por los villeros consiste en la construcción de un “nosotros” vinculado a valores legitimados socialmente como positivos: Sensibilidad, solidaridad, sinceridad, honestidad, confianza; a partir de lo que consideramos un ocultamiento momentáneo de todo lo negativo.

… el abogado este que le digo, que yo trabajo para él, viene, cuantas veces, me viene a buscar acá y viene con gente, no hay problema, inclusive, sabiendo que es la categoría de ellos, del abogado, no tienen ningún tipo de problemas, entonces ellos vienen acá, inclusive yo y mi hermano le hicimos la mudanza a ellos, se cambiaron a un departamento más grande, y con un hombre con más conocimiento que el mío, anduvo preguntando por mi personalidad, con los vecinos, y el mismo me dijo, vos sabes negro, nosotros anduvimos averiguando por ahí en la comisaría, en los negocios del barrio, por vos, y la verdad nos caíste bien, ya nos caíste bien, pero queríamos estar seguro…”

Y no le molestan que averigüen así sobre Ud.?

“No, a mi no me molesta, porque yo se la persona que soy, porque si yo hubiera sido otro si, porque no sé, mal carácter, lo que sea, capaz que me molestaría, pero para mi es mejor, así saben la clase de persona que soy” (A., de la tierrita)

“…yo no, no soy para enrollarme, yo soy paz, ellos son tempestad”. (R., de los pasillos)

Pero entre los que padecen la pobreza operan también mecanismos de estigmatización. Se pueden observar esquemas clasificatorios internos que reproducen los mecanismos estigmatizantes que desde la sociedad mayor califican e identifican a los habitantes de Corina. Estos están basados, en el caso de Villa Corina, en las luchas por los espacios que los enfrentan. La reiteración de estos procesos de estigmatización al interior de Villa Corina señalan el quiebre de la identidad social villera, tal como se la entendía en los años ´70. La discriminación de sectores a su vez discriminados aparece entonces como un intento de reposicionamiento en el espacio social más cotidiano como la villa. Como señala Margulis (1998) el estigma no se ha convertido en emblema.

“El complejo es terrorífico, ahí hay bandas. El problema ahí es la droga, el alcohol, una cosa lleva a la otra y la otra lleva a otra cosa. ¿entendes? ahí hay torres que son impasables, y eso que el año pasado se inauguró una comisaría y ya la asaltaron” [x] (M, del barrio obrero)

“ porque acá viven bien, no pagan luz, no pagan nada, vos sabes que en un caso de esos, eso ayuda mucho…”

Claro, sobre todo cuando no hay trabajo…

 “haiga trabajo o no haiga trabajo, siempre lo hacen, entendes lo que te digo?”(R., de los pasillos)

“Eso es lo que yo quiero, hacerle entender a la gente pero no lo hacés entender, al nacido y criado acá, vive como vive, y si otro es distinto a él, ya no va.” (M., de los pasillos)

“Siiii! Me dicen, nomás, Ja, esa vieja radicheta… pero esta vieja radicheta más de cuatro quisiera saber como vivo yo, porque acá no entra nadie, ves, es una casa así, porque no nos adaptamos a la era de ellos, a la vida de ellos, yo no me adapto, porque yo no voy con la maldad, a mi no me gusta la maldad, pero los de acá, los villeros si viven con maldad ¿entendes?” ( R., de los pasillos)

Si bien los habitantes de las villas miseria se apropiaron del rótulo estigmatizante con los que son nombrados por la sociedad -“villeros”-, lo resignificaron en términos reivindicativos y como posibilidad de negociación. Como señala García Canclini (1995) la negociación es una modalidad de existencia, algo intrínseco a los grupos participantes en el juego social y está instalada en la subjetividad colectiva.

¿La gente responde cuando les vienen a peguntar de afuera de Corina?

“Si, son asistentes sociales sí, porque saben que atrás de la asistente social vienen los títulos de escritura, que le pueden dar una jubilación, o una pensión graciable, siempre dar, por eso le contestan a las asistentes sociales”(G., funcionario municipal)

“Vos conseguime las chapas y no andes sola, que mientras te vean conmigo no te van a tocar, porque sola te pueden hacer cualquier cosa,” (A, del barrio obrero, puntero)

Concluyendo…

A la luz de lo dicho, creemos poder sostener nuestro supuesto acerca del papel central que ocupa el estigma en la constitución de las subjetividades. Esa subjetividad aparece claramente en clave individual. Los años bajo el proceso con el “no te metás” a la cabeza, los años menemistas, dónde se hacía un culto exacerbado del individualismo, han dejado su marca en los villeros como en el resto de la sociedad.

En tiempos de rápidos movimientos en la estructura social en distintas direcciones (para la mayoría en caída) sin un marco normativo y adscriptivo fuerte, resulta difícil asumir la caída. Proyectar afuera las culpas y el peso de lo sucedido, depositar la causa de la caída en los otros, son formas de encontrar seguridad en un mundo en dónde ya no la hay. Eso se logra acusando, estigmatizando, sacando al “otro” de la sociedad, transformándolo en “ese otro”. El estigma puesto afuera genera un “otros”, pero ya no en relación al “nosotros” sino al “yo”.

Estrategia peligrosa, porque “… Construido el chivo emisario, es fácil despertar al lobo para convertirlo en la mano que mueve, por puro instinto animal, las conductas que externalizan las tendencias autoritarias que lo destruirán. (Feijoo, op. cit:60) El Comisario Naldi[xi] declaraba en un programa de televisión (y lo ratificaba después en la radio) que “… para terminar con la inseguridad hay que alambrar las villas”. Mucha gente avaló sus dichos. Esto lleva rápidamente a la adscripción a soluciones de mano dura, represión, intolerancia, para los de abajo y para los iguales que están en la misma situación.

Expresiones tales como “Hay que rociarlos con nafta y echar un fosforito, y sanseacabó” (L., vecina de Domínico) y…“ yo les meto bala, a mí me dejan de joder, hay que meterles bala, no me hago problema” (T., al hablar de sus vecinos de la villa), salpican de viejos autoritarismos el universo popular.

Sostenemos que hay una pérdida de la identidad barrial. Ya no se puede hablar de homogeneidad, en términos de condiciones de vida y de percepción de la realidad por parte de sus habitantes de manera de asignarles un nivel de vida común a partir de compartir una referencia geográfica. Si bien ser villero es percibido como un disvalor, el espacio nombrado habitualmente como villa presenta en su interior distintas formas, no sólo relacionadas con los aspectos edilicios, sino en la diversidad social y cultural.

La villa genera rechazo. Para poder ver por qué Foucault nos da algunas pautas: “Pensemos en el modelo de la ciudad modelo, esa ciudad utópica constituida en el siglo XIX. Esta ciudad articula mecanismos de control disciplinario sobre el cuerpo, gracias a su reticulación, mediante su subdivisión, mediante la distribución de familias, cada una en una casa y de los individuos, cada uno en una habitación.” (Foucalt, 1996:202) Vemos que nada más lejos, entonces, que la villa de ese ideal urbano. Sin embargo, Villa Corina es ediliciamente heterogénea, es mucho más que una villa. Pero para el estereotipo estigmatizado del imaginario popular[xii] Corina es eso, solamente una villa, y ya dijimos que la villa es considerada un sujeto social, el culpable de todos los males.

En suma, sostenemos que el nuevo individualismo marca el pasaje de lo colectivo a lo individual, la entrada a una época en que las identidades de definen por su implicación subjetiva. Sabido es que ya el trabajo no constituye un principio de subjetivación determinante La desvinculación de las estructuras de protección social y la crisis de los marcos de socialización tienden a reforzar las facetas negativas de las nuevas formas de individualismo. Los marcos sociales que orientaban las conductas y las prácticas de los actores desaparecieron casi por completo, y los sujetos se ven obligados a redefinir la nueva experiencia para afrontar la situación de exclusión. Así, los actores se ven obligados a buscar nuevas estrategias, a desarrollar una reflexividad creciente, aunque de carácter coactivo, a buscar los resortes de su acción en si mismos desde una posición de vulnerabilidad donde la contingencia y la incertidumbre se conjugan negativamente.(Svampa, 2000) Ejemplo de esto lo encontramos en el fenómeno de la cumbia villera, al que podemos asimilar a una estrategia de sobrevivencia, que al mismo tiempo, cumple la función de principio sustitutivo desde el cual rearticular la identidad personal dado que la identidad social se halla en crisis.

También podemos concluir que, si bien es compartida la percepción que ser villero es ser pobre, encontramos que en sus percepciones aparecen matices y señales que articulan prácticas de distinción en términos bourdielianos.[xiii] Conocer estas escalas de distinción forman parte de los saberes de los habitantes de la zona y a partir de ellas construyen sus estrategias, reconociendo las diferencias que delimitan grupos identitarios. Necesitan reconocer esas diferencias porque necesitan interactuar con “otros” distintos que expresen distintas realidades sociales. Porque esa ventana al otro mundo les permite la construcción de un mundo imaginario superador de las carencias del propio, que aunque sólo pueda ser visualizado de forma a un camino posible, aunque ( seguramente) no siempre no viable.

Hoy Corina es un espacio fragmentado en función de destinos personales y el esfuerzo personal si bien se orienta a la organización colectiva que tiene como fin garantizar la reproducción de las condiciones de vida en el nivel mínimo de subsistencia, y no para mejorar la situación de infraestructura del barrio. Frente a la desigualdad y a la potente descalificación y estigmatización que soportan, los grupos discriminados no se solidarizan entre sí. Estos sectores se encuentran mayormente fragmentados, aunque cuenten con redes familiares o sectoriales que los ayuden a sobrellevar la situación de pobreza. La presencia de la solidaridad queda acotada como un movimiento mecánico de la población pero ya sin el sentido horizontal e igualitario de las solidaridades setentistas. De acuerdo con Feijoo, encontramos en Corina que “el objetivo fundante de la solidaridad, el bien común, encuentra dificultades para coexistir con la legitimidad de la salvación individual que comienza a impregnar las estrategias de los actores sociales, tanto de los pobres como de los menos pobres.”  (Feijoo, op.cit: 57)

 Finalmente afirmamos que los testimonios recogidos nos dan cuenta del carácter plural y heterogéneo que los procesos de identificación adoptan en el interior de Villa Corina. De la misma forma que en la sociedad contemporánea las identidades sociales se manifiestan múltiples, precarias y dinámicas (Islas, Lacarrieu y Selby, 1999)[xiv]. No nos parece pertinente, entonces, hablar hoy de Identidad Villera como un todo. Hacerlo nos haría correr el riesgo de caer en un reduccionismo ingenuo, o lo que es peor, en una mirada estigmatizante, propia de las posiciones esencialistas referentes a la Identidad Social.

Desafortunadamente son escasos los trabajos empíricos cuyo objetivo sea indagar en las transformaciones que han ocurrido en las villas en la década del ajuste. Si bien hay infinidad de estudios sobre pobreza, estos focalizan su objetivo en los nuevos pobres y no en los pobres estructurales. Significa un desafío para la investigación social la posibilidad de superar este pobre registro de lo que está pasando. Para hacerlo es necesario identificar una perspectiva que integre el análisis de la dimensión objetiva y de la subjetiva con el fin de conocer el impacto y cómo fueron vividos los caminos que condujeron a estos escenarios.

Bibliografía

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*BOURDIEU P. (1999a) La miseria del mundo Fondo de Cultura Económica.

*BOURDIEU P. (1999b) Meditaciones Pascalianas Anagrama, Barcelona

*CASTEL R. (1997) La metamorfosis de la cuestión social. Paidos, Bs. As.

*CUCHE, D. (1999) La noción de cultura en ciencias sociales. Ed. Nueva Visión

*FEIJOO M. (2001) Nuevo país, nueva pobreza”. Fondo de cultura Económica

*FOUCALT M. (1996) Genealogía del racismo.  Ed. Altamira

*GARCÍA CANCLINI N.  (1995) Consumidores y Ciudadanos.  Grijalbo.

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*GUBER, R. Y GRAVANO A. (1991) Barrio sí, villa también C.E.A.L.

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*ISLAS, A, LACARRIEU M. Y SHELBY, H. (1999) Parando la olla. Ed. Norma. Bs. As.

*MARGULIS M. Y URRESTI, M. (1998) La segregación negada. Biblos.

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*TILLY, C. (2000) La desigualdad persistente. Ed. Manantial, Bs. As.

*VILLAREAL J. (1996) La Exclusión social. FLACSO, Ed. Norma.

Notas

[i] Antropóloga. hocuspocus@arnet.com.ar .Instituto de Ciencias Antropológicas. Programa de Antropología Urbana. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires

[ii] Ver los trabajos de A. Giddens, Scott Lash, U. Beck, R. Castel, P.Rosanvallon, Fitoussi, Ehremberg

[iii] El ex Director del Cementerio Municipal de Avellaneda lo atribuye al olor a muerto y la gente del lugar a la presencia de curtiembres clandestinas.

[iv] Cifra estimada por el ex Director del Cementerio de Avellaneda, actual asesor del Concejo Deliberante del bloque Unión Cívica Radical

[v] Alude a la identidad impuesta por los otros, concepto propuesto por P. Simón, citado en Cuche (1999)La noción de cultura en ciencias sociales. Nueva visión

[vi] Goffman I. (1963) Estigma, la identidad deteriorada. Amorrortu,

[vii] Por ej, como señala Margulis, (1999:267) en el acceso al mercado de trabajo y en el derecho al espacio urbano.

[viii] Periodista. Director de la revista Tres Puntos

[ix] Conferencia Pobreza y Comunicación en el Observatorio Social, 6/7/00

[x] Pudimos comprobar que el asalto que refiere el informante nunca existió.

[xi] Comisario de la Policía Bonaerense.

[xii] y no tan imaginario… La definición de villa de la Comisión Municipal de la Vivienda de la Capital Federal, dice textualmente: ”Se denomina Villa de emergencia a aquellos asentamientos ilegales de familias en tierras fiscales y en algunos casos de terceros particulares, habitando en construcciones que no cumplen normas mínimas edilicias o de habitabilidad e higiene, compatible con la vida urbana, configurando un alto grado de hacinamiento poblacional y familiar”.

[xiii] Bourdieu aplica este término (distinción) a una pulsión inherente a todos los sujetos. Pero aclara que la distinción es diferencia, rasgo distintivo, propiedad relacional que tan sólo existe en y a través de la relación con otras propiedades. Sólo será una diferencia socialmente pertinente si es diferencia que puede ser percibida por alguien capaz de establecer la diferencia. Ver Bourdieu P. (1979) La distinción. Taurus y Bourdieu P. (1997) Razones prácticas, Anagrama.

[xiv] Nota 11, pag.168

María Eugenia Crovara

El estigma en las identidades sociales: el caso Villa Corina

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