“¿Pensaste alguna vez cuáles son los componentes de una bomba? (…) Tomá nota: 4 años de recesión, 15 millones de pobres, 40 por ciento de personas sin posibilidades de trabajo…”. El foro, en simples pero efectistas letras blancas sobre fondo negro, enumera largamente las miserias de una Argentina que muerde el polvo. Estas preguntas, y la extensa respuesta siguiente, son parte de “Argentinos”, el archivo en Power Point, adjunto de un e-mail, que circula en Argentina desde enero del 2002, y que se suman a una gigantesca masa de e-mails similares que circula por Internet. Si bien estas cadenas electrónicas de denuncia empezaron hace tiempo, fundamentalmente, para señalar la corrupción de los dirigentes políticos, a partir del estallido social de los días 19 y 20 de diciembre de 2001 – que resultó en el primer cacerolazo, las marchas de la ciudadanía sobre Plaza de Mayo, la represión policial, el asesinato de veintinueve manifestantes, y la consiguiente renuncia de Fernando De la Rúa – las protestas tomaron nuevas formas: actualmente las numerosas acciones de protesta ciudadana se organizan por Internet.

La noche del 19 de diciembre de 2001 no marcó sólo el cacerolazo que definió la suerte de un gobierno. Generó también otro estallido: el de la cantidad de información ciudadana, mostrada en al creación de contenidos nacionales y locales, que comenzó a circular por la Web. Esto no se produjo sólo a través de los diarios y cadenas tradicionales: se realizó a través de páginas web más o menos amateur, grupos de discusión, y de sitios de organizaciones independientes. La mejor diseñada y más completa es la página de Indymedia Argentina (http://argentina.indymedia.org), una organización internacional de medios independientes, que informa sobre revueltas y protestas en decenas de ciudades del mundo. Cada cobertura es realizada por periodistas independientes o, más directamente, por testigos de los hechos. En http://elatico.com se encuentran artículos de análisis sobre la actualidad nacional, los cacerolazos, y la dolorosa emigración de los jóvenes. La página Vaciamiento.com (www.vaciamiento.com) no es nueva: nació cuando se definía en España el futuro de Aerolíneas Argentinas como empresa, previamente vaciada. Hoy el sitio pretende ser una suerte de espejo de la realidad nacional.

En los Yahoo! Grupos (http://ar.groups.yahoo.com), sección Política y gobierno y en Opinión del pueblo, se pueden hallar varios intentos por generar conciencia en la ciudadanía sobre la importancia de luchar juntos y para el mismo lado. Entre otros sitios más activos, se pueden mencionar a los grupos Cacerolazos, Caceroleros Argentinos, Argentinos de pie. Algunos nacieron en los días siguientes a la protesta de Plaza de Mayo del 19 de diciembre del 2001, pero otros se anticiparon a ella. Inclusive, puede bajarse una grabación con ruido de cacerolas, de modo que el ciudadano interesado pueda dejar a su computadora caceroleando en casa, mientras él o ella participa en forma presencial de los eventos vecinales[i].

En Capital Federal funcionan – hasta fines de febrero de 2002- 42 agrupaciones vecinales. Sus integrantes trabajan activamente y en forma presencial, reuniéndose dos o tres veces por semana en esquinas prefijadas o en cafés, pero el resto del tiempo se comunican por medio de listas electrónicas. Se declaran en contra de cualquier partido político o sindicato que los quiera utilizar. Conforman las asambleas barriales: una nueva manera de reclamar ante las autoridades, pero también el germen de una nueva cultura política. Reunidas los domingos por la tarde en asambleas interbarriales, en Parque Centenario, con una concurrencia que suele superar las 3.000 personas, auguran una nueva forma de hacer política y de liderar reclamos. Estos encuentros, a pesar de cierto aire a lo Woodstock – las familias se sientan en lonas sobre el césped y comparten mates, mientras escuchan a los oradores, discuten sobre la situación política y leen los folletos y publicaciones distribuidas por voluntarios – se caracterizan por presentaciones disciplinadas de los representantes barriales. En febrero, a los oradores de clase media de la Capital se les han unido habitantes de las villas miseria y de las poblaciones del Gran Buenos Aires.

Sin embargo, los cacerolazos no son patrimonio exclusivo de los argentinos. En Chile, los cacerolazos de las señoras de clases altas y medias precedieron al golpe de Estado que derrocaría al Presidente Allende e impondría la dictadura de Pinochet. En España, a este ruidoso tipo de protesta se las llama caceroladas. Y en Venezuela son tan frecuentes, que se vende online un CD casero que sólo contiene el clásico y agudo estruendo cacerolas protestando.

¿Son estas expresiones un síntoma de democracia online? ¿Y qué es la democracia en línea?

Democracia y esfera pública

           En su clásico libro Virtual Communities, Rheingold construye sobre la base del concepto Habermasiano de la esfera pública:

“La idea de la democracia moderna y representativa, tal como fue concebida por los filósofos ingleses del Iluminismo, incluía el reconocimiento de una red viviente de comunicaciones de ciudadano a ciudadano, conocida como sociedad civil, o esfera pública.

A pesar de que las elecciones son las características fundamentales más visibles de las sociedades democráticas, se asume que estas elecciones están sostenidas por discusiones entre ciudadanos de todos los niveles de la sociedad, sobre cuestiones de importancia para la Nación” (Rheingold, 1993. La traducción es nuestra).

En las democracias actuales, la comunicación puede ser dividida en dos nociones fundamentales:

  1. Medios democratizados o participativos y alternativos, incluyendo comunicaciones mediatizadas por computadoras, y
  2. Movimientos sociales y grupos que usen activamente estos medios para protestar, construir propuestas, y producir cambios sociales.

El origen de las ideas sobre la esfera pública y su rol central en la democracia se remonta a los antiguos griegos. La definición griega de lo público y lo privado ha influenciado fuertemente el concepto occidental de estos términos, y los ideales democráticos continúan recogiendo las nociones griegas. En el libro The Structural Transformation of the Public Sphere (Habermas, 1989), Habermas desarrolla una noción normativa de la esfera pública como parte de la vida social, en la que los ciudadanos pueden intercambiar puntos de vista en cuestiones de importancia para el bien común, de modo de formar la opinión pública. Esta esfera pública existe cuando las personas se reúnen a discutir cuestiones políticas.

El trabajo de Habermas se basa en la descripción de los momentos históricos durante los siglos XVII y XVIII, en los que los cafés, salones y otros puntos de encuentro sociales se habían convertido en centros de debates, y extiende estos conceptos a un ideal de participación en al esfera pública actual. La importancia de esto reside en el proceso de discusión, que debe adoptar la forma de un debate racional y crítico. Los participantes tienen un internes común: la verdad, lo que hace que se depasen las diferencias de status. La crítica es vital para este proceso, de modo que las propuestas pueden ser testeadas, pero también que los participantes pueden descubrir juntos un significado a su colaboración, como resultado del propio proceso.

Numerosas listas y foros electrónicos demuestran una instancia de formación racional de consenso. En el caso del foro “Por una vez Argentina”, se muestra la formación de voluntad política a través de la membresía online. Este espacio virtual fue creado por el comunicólogo y ensayista Diego Levis, no por casualidad, en diciembre de 2001, como un lugar de contención, discusión y producción de propuestas a la crisis argentina. El proyecto era proporcionar un foro de discusión de políticas y medidas económicas progresistas, y como resultado, construir una comunidad política, y promover el cambio social. Este foro on-line es un espacio donde los participantes pueden discutir, informalmente, la educación política en la cotidianeidad.

En el foro, los participantes debaten propuestas generadas por ellos mismos, destinadas a comprender la sociedad argentina y ejercer transformaciones positivas sobre ella. Es, por lo tanto, un “espacio seguro”, un grupo de apoyo mutuo, solidario, que permite el libre intercambio de ideas, informaciones y principios. Como producto de este proceso, el foro articula colectivamente una posición (aunque a veces efímera) sobre un tema determinado. En febrero de 2002, los integrantes del foro se han reunido en forma presencial, dado que había mucho interés en “ponerle caras a las voces escritas”. Esta reunión, que deviene mensual, sirvió para afianzar al grupo y para reforzar las propuestas a debatir.

Los medios, Internet y la democracia

Habermas pone un énfasis especial sobre el rol crítico de los medios en la esfera pública. El rol de los medios tradicionales (televisión, radios, diarios, revistas) en las democracias modernas es problemático, dada su pertenencia a grupos de medios que detentan determinadas posiciones políticas y financieras. Se las cuestiona continuamente sobre su capacidad de ser un lugar apropiado para la crítica política o el debate libre y racional.

Muchos de los viejos lugares de la esfera pública aún existen, pero ya no son apropiados para la crítica política y los debates. Varios teóricos han comentado que la televisión y otros medios electrónicos aíslan a los individuos, y que substituyen, desfavorablemente, a otros espacios políticos. En lugar de informar sobre política, los medios son, ellos mismos, participantes activos en los procesos políticos, a través de la publicidad y de sus propios compromisos partidarios. En una forma creciente, se han transformado en piezas centrales de la vida política. Los políticos que no están continuamente presentes en las páginas de los diarios, o en la televisión (aunque esto signifique participar de humillantes reality shows) pierden votos. Los que no son “mediáticos”, fotogénicos, los que no lucen sonrisas deslumbrantes, tienden a sufrir el mismo sino. El debate público en la televisión y en los diarios dista de ser el debate crítico – racional idealizado por Habermas.

Los acontecimientos no son mostrados en su verdadera magnitud, sino manipulados para adquirir el máximo impacto televisivo. Las discusiones se estructuran de modo que los puntos de vista opuestos (cuanto más provocadores, mejor, sin importar sus contenidos de fondo) choquen estrepitosamente, para lograr efectos significativos, aumentando los ratings, pero sin contribuir a la formación de la opinión discursiva del público, o la voluntad pública. La selección de los temas refleja la presión de los intereses comerciales y partidarios de los propietarios de los medios. Idealmente, los medios podrían, de cambiar sus políticas, ayudar a la concepción e implementación de objetivos comunes en la sociedad, a través de acuerdos y negociaciones entre intereses conflictivos. Contribuirían a este proceso por medio de facilitar los procedimientos democráticos para resolver los conflictos y definir objetivos consensuados colectivamente.

Internet ofrece la oportunidad de llevar a la realidad muchas de estas cosas. Sin embargo, a pesar de sus múltiples potencialidades, aún corre con desventaja con respecto a los medios tradicionales. Estos últimos poseen vastos recursos en términos de dinero, bibliotecas y bases de datos, archivos, fotografías, videos, películas, imágenes, expertos en comunicación; más aún: poseen audiencias ya establecidas, que con frecuencia están predispuestas (en grados variables) a creer en lo que los diarios publican y la TV muestra. Poseen, también, redes de distribución eficaces. Por otro lado, Internet no posee nada de todo esto. Es cierto que en el ciberespacio hay archivos, fuentes de datos, y expertos; pero no organizados como en los grandes medios. Su audiencia es considerablemente menor que la de la televisión, radios y revistas.

El rol de la comunicación y de Internet en la democracia

Habermas enfatiza el hecho de que las opiniones individuales de un ciudadano, cuando son dadas en respuesta a un pedido específico (por ejemplo, en un estudio de opinión pública) no constituyen la esfera pública, porque no se inscriben en un proceso de formación de opinión. Este autor argumenta contra la “envidia de Atenas”. Sostiene que si se implementa la democracia en las enormes y complejas sociedades actuales, se debe superar el ideal de un colectivo físico de miembros consintientes. En cambio, propone que los ciudadanos que no están necesariamente co-presentes, pueden desarrollar otras formas no físicas de comunicación.

Habermas (en Porter, 1996) nota un deterioro en este público, y culpa en primer lugar a los publicitarios. Un factor importante para esto es que la opinión pública sólo puede ser formada si existe un público que se comprometa en una discusión racional. Los plebiscitos, surveys de opinión y otros mecanismos similares no ofrecen potencial para la democracia, porque no ofrecen la oportunidad para la formación de la voluntad discursiva. La comunicación no significa sólo descubrir lo que los individuos han ya decidido o aprendido, es un proceso en el cual se crea la opinión mediante el mismo proceso de debate.

Para Habermas, la lucha por reclamar la esfera pública, se centra en las tentativas de hacer de la publicidad una fuente de formación de consenso racional, en vez de un lugar de manipulación de la opinión pública. Efectúa una importante distinción entre la opinión pública como una autoridad crítica, que equilibra poder social y político, y opinión pública como algo manipulable por la publicidad, para apoyar a personas, instituciones, programas o productos.

Ahora bien, lejos de la democracia ateniense, Internet contiene sin embargo el potencial de formación de opinión pública según los conceptos habermasianos. Howard Rheingold plantea que, dado que la esfera pública depende de la libre discusión y comunicación de ideas, “tan pronto como una entidad política crece más que el nombre de ciudadanos que pueden entrar en una sala de un municipio modesto, esta “plaza de mercado” vital para la generación y discusión de ideas políticas puede ser poderosamente influenciada por cambios en las tecnologías de comunicación”. Las comunidades virtuales pueden ayudar a los ciudadanos a revitalizar la democracia, o bien, venderles espejitos, llevándolos engañosamente a comprar sustitutos atractivamente empaquetados de los discursos democráticos.

La construcción de una nueva ciudadanía[ii]

Lenin reclamaba: “Toda la electricidad a los Soviets”, sosteniendo que la tecnología contribuiría al desarrollo del pueblo. Casi un siglo después, el lema “Internet para todos” está a la orden del día. Sus defensores argumentan que las TIC, tarde o temprano, satisfarán el ideal democrático del acceso universal al conocimiento, y el logro de sociedades genuinamente democráticas, basadas en la transparencia, la solidaridad, la participación de los ciudadanos y los derechos humanos. Un punto de vista menos utópico plantea que estas tecnologías pueden ser utilizadas para imponer hegemonías que tenderían a beneficiar a las élites ya existentes, agravar las brechas sociales, acentuar las relaciones de inequidad y dominación, y en consecuencia, a debilitar a las economías pequeñas o marginales, y a los países más frágiles (Ver León, Burch y Tamayo, 2001[iii]).

Ambas situaciones (y varias otras entre ambos polos) son factibles y posibles por medio de las tecnologías de información y comunicación (TIC). Cómo se usen estas tecnologías, en la consecución de cuáles objetivos, con qué resultados, depende de los actores sociales que participen en estos procesos, de la correlación de fuerzas, y de las estructuras sociales en las cuales se empleen. Es cierto que en el mundo actual, el consumo de TIC regido sólo por las normas impuestas por los mercados contribuye a agravar las contradicciones sociales preexistentes. Pero a esto se oponen otras tendencias: la apropiación de las TIC por la sociedad civil, tanto como medios de organización como en tanto que reivindicación social, al considerarlas herramientas para el desarrollo socio-económico. Las TIC son ahora objeto de reclamo social y de uso por las ONGs, la sociedad civil organizada, y en tiempos más recientes, por lo que se ha dado en llamar “la multitud”[iv].

Paolo Virno, filósofo italiano, uno de los referentes de la llamada “nueva izquierda”, busca refundar una utopía sin oponerse a la globalización, sino tratando de ver en ella su potencial creativo. Plantea en su libro Il ricordo del presente: “Hoy la memoria se manifiesta explícitamente con un desocultamiento radical; cada momento tiene algo percibido y algo recordado. La memoria pública del “modernariato” es como un déjà vu, una experiencia donde prevalece la impresión de que el presente carece de dirección y que el futuro está cerrado. La experiencia es la de una detención de la historia porque el presente toma la forma del recuerdo, la sensación de haberlo vivido, dice Virno. El déjà vu ha cerrado una conciencia histórica y puede ser pensado como el hecho histórico en el que se funda la idea de un “fin de la historia”.

La razón por la traigo a colación la obra de Virno es que de golpe, en el mundo, aparece un nuevo sujeto político: la multitud. ¿Quiénes son esos “muchos?” En Argentina, por ejemplo, desde diciembre de 2001 en adelante, es la clase media que reacciona ante el racionamiento del dinero; es la sociedad civil que se pone por encima o más allá de “la política” y de “los políticos”, y asume el poder y el deber de decir no y basta ante el Estado (ante sus poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial); son los sectores pobres que reclaman trabajo y alimentos. Quizás es la primera protesta urbana antiglobalización en el país; podría ser lo que Virno llama “la multitud”.

El concepto de Virno de “multitud”, recuerda Josefina Ludmer, aparece en “Virtuosity and Revolution: The Political Theory of Exodus”, en el libro Radical Thought in Italy: esboza una teoría política del futuro, que se funda en el éxodo como acción y en la multitud como sujeto. La teoría política de Virno se basa en el derecho a la resistencia, que autoriza el uso de la violencia cada vez que alguna prerrogativa positiva es alterada por el poder central. La “desobediencia civil” (por ejemplo no pagar impuestos, no acatar ciertas leyes) es para Virno la condición sine qua non de la acción política; esta desobediencia es diferente de la que concibió la tradición liberal porque cuestiona la facultad de mando del Estado.

El sujeto de la política del éxodo sería la multitud. La multitud se opone al pueblo, relacionado con el Estado. Para los apologistas del poder soberano en el siglo XVII, dice Virno, “multitud” es un concepto negativo, la entrada del estado de naturaleza en la sociedad civil. Los ciudadanos, cuando se rebelan contra el Estado, son “la multitud contra el pueblo”, dice Hobbes. Pero ese destino negativo llega hoy a su fin porque la multitud no es un fenómeno “natural” sino el resultado histórico de transformaciones. Virno: los “muchos” irrumpen en escena cuando se produce la crisis de la sociedad del trabajo y ya no sirven las dicotomías público/privado y colectivo/individual.

La multitud que se resiste a la obediencia es una multiplicidad sin unidad política, nunca logra el estatus de persona jurídica, es incapaz de hacer promesas, pactos, de adquirir o transferir derechos. Y se expresa como conjunto de “minorías actuantes”, ninguna de las cuales aspira a transformarse en mayoría. La multitud desarrolla un poder que se niega a transformar en gobierno. Lo que hace la multitud es obstruir los mecanismos de la representación política. Hoy, democracia es la construcción y experimentación de formas no representativas y extraparlamentarias: ligas, concejos, asambleas ciudadanas, que reducen la estructura del Estado porque interfieren con sus aparatos administrativos.

La multitud – cada vez menos masa amorfa, cada vez más organizada – simultáneamente a la sociedad civil previamente organizada (ONGs, asociaciones ciudadanas, etc.), reclama hoy el acceso a las TIC y las usa hacia sus objetivos. Desde Seattle en adelante, los movimientos anticapitalistas se han autoconvocado usando como soporte las TIC. La Asociación Global de Redes Comunitarias, por su parte, construye la inclusión social en al sociedad digital. Los puntos siguientes de este trabajo se basan en el análisis de dos tipos de movimientos en al Red: la historia concreta de Global Community Networks Partnership, y los movimientos llamados “globalifóbicos”, tomados como caso de estudio. Sin establecer juicios de valor sobre ninguno de ellos, se los compara para hallar sus coincidencias y sus diferencias, así como los posibles objetivos comunes.

Movimientos sociales antiglobalización: de Seattle a Porto Alegre II

Un excelente trabajo de Silvia Lago Martínez y Alejandra Jara[v] aborda el fenómeno de los actuales movimientos sociales globales. Plantean que “Gran parte de los teóricos que estudian el fenómeno globalización/ mundialización coinciden en afirmar que esta nueva expansión e integración del capitalismo mundial, reestructura la distribución de los territorios y del poblamiento mundial a una escala sin precedentes. Al mismo tiempo señalan que si bien este fenómeno económico y social –la mundialización asociada al capitalismo- no es nuevo, adquiere dimensiones particulares, entre las cuales se señalan los efectos polarizantes y la sumisión de las instancias políticas e ideológicas a sus exigencias”.

Las autoras vinculan estas ideas en relación con la interacción de la tecnología, la sociedad y el espacio. Dicha interacción obra en el paradigma de la sociedad de la información[vi] pivoteando sobre el concepto de sociedad red. Para Castells la tecnología de la información proporciona una base material para su expansión a toda la estructura social. ”En ella, bajo el modo de producción capitalista, surge un nuevo modo de desarrollo donde las tecnologías de la información y comunicación se convierten en soportes electrónicos para la nueva “sociedad red”, caracterizada por la globalización de las actividades económicas estratégicas, por su forma de organización en redes, la flexibilidad e inestabilidad del trabajo y su individuación, por una cultura de la virtualidad real, y por la transformación de los cimientos de la vida, el espacio y el tiempo, mediante la constitución de un espacio de flujos y del tiempo atemporal. Esta reestructuración de la economía mundial se sustenta en un modelo que privilegia el mercado y que encuentra inéditas posibilidades de desarrollo a partir de la internacionalización de los mercados financieros y de divisas a nivel mundial. Operando como una unidad en tiempo real -a partir de la nueva infraestructura basada en la tecnología de la información- favoreciendo a los flujos de capitales y debilitando las capacidades de los gobiernos para asegurar en sus territorios la base productiva necesaria para generar sus propios ingresos Esta nueva forma de organización social se difunde por todo el mundo, sacudiendo las instituciones, transformando las culturas, creando riqueza e induciendo pobreza. Todo ello genera a su vez mayor exclusión social y desprotección ciudadana.

Frente al actual modelo capitalista neoliberal, se opone un contrapoder mundial. Este se ha organizado siguiendo el flujo del capital, articulándose en redes, y ocupando el territorio virtual, con el fin de contrarrestar la superioridad del capital para controlar el espacio.

Las protestas anti-capitalismo salvaje, anti-neoliberalismo, recorren el mundo. El lema “Estamos en todas partes” es una de las consignas más populares de la resistencia. El fantasma de Seattle, Praga, Génova, Porto Alegre, reaparece en cada reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC), el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) o grupos de los países ricos. Las protestas siguen de cerca las reuniones de los organismos internacionales, obligándoles a costear, cada vez, mayores y más complejos y costosos sistemas de seguridad y vigilancia. Los dueños del capital deben sesionar en recintos custodiados y virtualmente segregados del resto del mundo.

Lago y Jara plantean que “En la lucha por minimizar y/o derribar las barreras espaciales, también es importante articular una acción común a través del espacio, ya que esa ha sido siempre una variable importante de la lucha de clases. Los llamados días de acción global, en que los movimientos sociales de diferentes países realizan manifestaciones de protesta en forma descentralizada, autónoma, simultánea y solidaria, articulando lo local y lo global, logran su cometido. Ahora bien, esta forma de protesta sería impracticable sin Internet, el medio de articulación, comunicación y movilización social privilegiado por los MS. Desde este punto de vista, Internet no es una tecnología sino la forma organizativa de la sociedad red (Castells, 2000)”. La organización de las acciones, la coordinación entre grupos y países, y en parte la participación activa, se realiza a través del correo electrónico. La red de comunicación electrónica sustenta a las redes de lucha global.

Esto resultó evidente, como señalaba más arriba, en la Argentina de la crisis económico social de diciembre de 2001 y enero de 2002: los cacerolazos, llaverazos y otras manifestaciones de rechazo de los sectores medios de la población, no sólo al “corralito” financiero, sino al modelo económico neoliberal y a la clase política en el poder, fueron organizadas en gran parte por medio de Internet. Por su parte, Jara y Lago (2001), plantean: “Las mayores certezas encontradas son que los MSA parecen estar definiendo su lógica de espacialidad y temporalidad de acuerdo a un espacio de flujos. Se articulan en redes horizontales de funcionamiento descentralizado e Internet constituye el sustrato de su organización”.

En el Foro Social de Porto Alegre, realizado entre el 31 de enero y el 5 de febrero de febrero de 2002, han surgido numerosas propuestas de talleres y conferencias que toman a las TIC y a Internet no ya sólo como medios, sino también como objetivo, como herramientas a apropiarse colectivamente. Es uno de los numerosos síntomas de madurez del Foro con respecto al organizado en enero de 2001.

El Global Community Networks Partnership (Asociación Global de Redes Comunitarias)

Las redes comunitarias sostenidas por redes informáticas, además de usar el Internet como una herramienta para desarrollo, son también un nuevo tipo de asociación de la era digital, una nueva entidad que pone en red (y en La Red) al barrio, pueblo, ciudad, y a sus organizaciones. Al hacerlo a través de Internet, se liberan de sus anclajes locales para proyectarse globalmente a través de la interacción con otras comunidades y redes de la ciudad, del país y del mundo. Estas organizaciones, a diferencia de los movimientos llamados “antiglobales”, no cuestionan el Capitalismo: tienden a conformar redes globales dirigidas a integrar a los ciudadanos a la Sociedad de Información y disminuir o abolir la Divisoria Digital, a estimular el desarrollo local mediante el uso de las herramientas de la Sociedad Informacional, y a estimular nuevas fuentes de trabajo y de estudio, acceder a informaciones que faciliten el diálogo con las autoridades gubernamentales, así como a la información científica. Un caso significativo es Redes Comunitarias Globales (Global CN Partnership), que reúne redes de los ciudadanos de Europa, EEUU, América Latina y el Caribe, África, Asia, y Oceanía.

Los partidarios de iniciativas basadas en la comunicación mediatizada por computadoras (CMC) y los activistas involucrados en la gestión de redes cívicas plantean que estos medios ofrecen eficacia y acceso a información; pueden usarse para estimar las preferencias de los ciudadanos en las democracias representativas, y facilita la participación política. La CMC puede transformar las condiciones de acción política colectiva, creando nuevas posibilidades organizacionales; ya no se limitan a recibir pasivamente la información, sino que la reprocesan, re-crean y difunden entre otras redes ciudadanas; la CMC puede ser usada así para promover el acceso de la mayoría de la población a la Sociedad de la Información, e incrementar las posibilidades de acceso a la educación y al trabajo, entre otras ventajas.

Las redes electrónicas ciudadanas también plantean las ventajas de los nuevos medios de comunicación en términos de eficacia y competitividad para la economía local (creando micro empresas relacionadas con la informática y telecomunicaciones), y reclaman el acceso universal a Internet. Muchos estudiosos de estas organizaciones sociales se refieren explícitamente a un punto de vista Habermasiano más amplio, que sostiene que los nuevos medios de comunicación proporcionan una nueva arena de comunicación, una nueva esfera pública.

Desde los años 1990 en adelante, las redes ciudadanas han recorrido un largo camino: no sólo usan TICs (Tecnologías de información y comunicación) como herramientas de soporte y de organización. Ahora, exigen la construcción de la Sociedad Informacional como una “Nueva” sociedad. Para conseguirla, construyen alianzas y articulaciones los diversos actores sociales: las organizaciones comunitarias, los gobiernos, empresas, y Universidades. Las Redes Comunitarias integran pragmáticamente los intereses de las comunidades virtuales con los de las comunidades geográficamente definidas. Precedidas por iniciativas como las radios comunitarias y los canales de televisión comunitarios, trabajan sobre los alcances locales de sociedades cada vez más tele mediatizadas. Extienden el campo de lo local, proporcionando acceso, formando y educando a la población, y estimulando el desarrollo local, alentando nuevas asociaciones entre lo público y lo privado por medio de conexiones electrónicas. Actualmente, las redes comunitarias sustentadas por redes electrónicas son laboratorios vivientes para las aplicaciones socio – técnicas, así como para las implicancias de esta transición a una sociedad basada en el conocimiento.

El Global Community Network Partnership, la asociación internacional de organizaciones de redes comunitarias sustentadas por TIC, reúne a redes ciudadanas (REC) de Europa occidental, USA, Canadá, Argentina, Chile, Brasil, Uruguay, Australia, México, Costa Rica, República Dominicana, Nueva Zelanda, Japón, Rusia, India y África. La iniciativa surgió de Europa, donde se implementó el proyecto Epitelio, desarrollado entre 1996 y 1998. Este proyecto, dirigido a superar la divisoria digital, y a generar una “nueva” sociedad de la era digital, ha desarrollado una biblioteca entera dedicada a las redes comunitarias (http://canet.upc.es/cn-library.html).

Un primer congreso, ECN ´98, organizado por Artur Serra en Barcelona en Junio de 1998, reunió no sólo a representantes de redes europeas, sino también a miembros de REC de Australia, Nueva Zelanda, Japón, Estados Unidos, Canadá, y América Latina. Este primer encuentro presencial fue seguido por intercambios continuos, que se materializaron en una serie de seminarios, reuniones y coloquios nacionales y regionales. Estos eventos construyeron el camino que llevó al I Congreso Mundial de Redes Ciudadanas, Global CN 2000, en Barcelona, en November 2-4, 2000. Uno de sus productos más significativos fue el acuerdo para conformar el Global Community Networks Partnership (Asociación Global de Redes Ciudadanas).

El Congreso de Barcelona fue continuado, un año después, por el II Congreso Mundial de Redes Ciudadanas, Global CN 2001 que tuvo lugar en Buenos Aires, Argentina, el 5 al 7 de Diciembre, 2001. El Congreso contó con más de 500 inscriptos y con 17 talleres. Uno de sus productos fundamentales fue el establecimiento de líneas directrices para la organización formal y las acciones futuras de la Asociación Global de Redes Comunitarias. El Acuerdo de Buenos Aires plantea que el GCNP “puede ser un nuevo marco experimental a inventar juntos (en lugar de basarnos en la copia de formulas tradicionales), un partnership abierto a las organizaciones de redes ciudadanas e individuos y también a organizaciones académicas, y organizaciones publicas y privadas, compartiendo valores y finalidades comunes, también abiertos al cambio”.

Los valores básicos y los objetivos del GCNP quedan propuestos como:

1.Promover un enfoque de abajo arriba en nuestras actividades conjuntas y eventos”

2.“Promover cambio social innovador mediante el uso efectivo de las TICs”

3.“Conseguir la participación de los miembros de las redes ciudadanas en los debates políticos y diálogos al nivel local, nacional, y global”

4.“Cambiar la principal prioridad del desarrollo de las TICs de las personas como consumidores a las personas como ciudadanos y participantes activos en la sociedad del conocimiento”

5.“Abordar los verdaderos problemas que están detrás de conseguir un acceso equitativo y efectivo a Internet, sus herramientas y beneficios”

6.“Promover una Internet multilingüe y multicultural”.

7.“Impulsar nuevos modelos de desarrollo local sostenible usando las TIC para capacitar a las personas”

8.“Ayudar a diseñar una cultura del partnership entre los miembros de las redes ciudadanas, las empresas privadas, el sector publico, las universidades y agencias relevantes”.

 

Actualmente, se están organizando los Congresos Global CN 2002, que tendrá lugar en Montreal, y Global CN 2003, en Rockhampton, Queensland, Australia. Los Congresos Global CN son actualmente los encuentros anuales de las redes ciudadanas, y de las personas que se interesan en su desarrollo, provenientes de todo el mundo. Las REC son nuevas formas de asociacionismo digital en nuestro siglo: juegan un rol de importancia en el refuerzo de las redes sociales, en facilitar a los ciudadanos diversas formas de acceso a las herramientas informáticas, para usar el conocimiento y las oportunidades laborales de la Sociedad Informacional, e incrementar la participación ciudadana en las decisiones políticas, la creación de mejores condiciones de trabajo, y la generación de emprendimientos innovadores.

Contribuciones para el debate:

Es inevitable que surjan algunos interrogantes: ¿Son estos movimientos sociales –diversos pero ciertamente no antagónicos entre sí- síntomas representativos de la sociedad actual? ¿Son socialmente revolucionarios, o socialmente conservadores? ¿Han tenido éxito, al menos hasta el presente, en generar cambios políticos, económicos, sociales y/o culturales, en las poblaciones-objetivo, o en la sociedad, en un sentido más amplio? ¿Qué puntos en común existen entre ellos, y cuáles son sus principales divergencias? ¿Podrán articularse entre sí en la búsqueda de logros para sus objetivos comunes?

Personalmente, y basada tanto en los estudios de caso efectuados por el equipo de investigación que dirijo, como por el estudio de la bibliografía actual y el seguimiento de la prensa y de numerosos foros electrónicos, opino que estos movimientos sociales son, efectivamente, síntomas representativos de la sociedad actual. Como plantea Litz Vieira[vii], actualmente “… la democratización deja de ser pasajera y funcional para volverse forma permanente y proceso de ajuste entre legalidad y legitimidad, entre moral y ley. Esta nueva interpretación abre espacio para los movimientos sociales y las asociaciones de la sociedad civil, en la comprensión misma del proceso de democratización, incorporando nuevos conceptos, destacándose el de esfera pública”. Y añade: “Los procesos de reproducción socio cultural se convierten en forma política en el espacio público”. Espacio que, como ya lo han probado los movimientos sociales antiglobalización, se trata tanto del espacio físico de las calles y ciudades, como del espacio de los flujos en la Web.

Estas organizaciones sociales amplían tanto el concepto de espacio público, como el de espectro político, superando a los partidos políticos, incorporando nuevos temas a las agendas políticas, y desempeñando así un papel fundamental para la construcción de un nuevo espacio público, sustentado en gran parte por las redes electrónicas. En este sentido, son movimientos, ni revolucionarios ni conservadores, pero sí socialmente innovadores. Como tales, han tenido éxito en generar cambios sociales y culturales, tanto en las poblaciones-objetivo, como en la sociedad, en un sentido amplio: la creación de un nuevo concepto societario de democratización, identificado con la práctica de la ciudadanía, que marca las limitaciones del Estado y del mercado, y permite conectar la democracia como práctica social, y con los ciudadanos – Virno diría “la multitud”- como actores directos en los procesos de democratización.

Uno de los impacto culturales más directos –al mismo tiempo que proceso y herramienta- es la apropiación social y la difusión de las herramientas de la Sociedad Informacional, ya no disponibles sólo para una élite. Otro es la construcción de una subjetividad social, pública: los valores y acciones presentes en la sociedad civil entran en franca oposición con los valores sistémicos característicos del Estado y el mercado, generando nuevas formas de sociabilidad y la alteración recíproca entre instancias de práctica social y de producción de subjetividad.

Los impactos son menos perceptibles en la esfera política, si bien, como plantea Vieira, la ocupación plural del espacio público puede acarrear un desequilibrio en la relación entre los actores y el sistema político, con predominio de la sociedad política, y con la inserción o participación de asociaciones civiles en el Estado, confiriéndoles un status semi-público. Es indudable, sin embargo, que al menos algunos de los reclamos políticos y sociales encontrarán un lugar en las agendas políticas, tanto nacionales, como de organismos internacionales. A nivel económico, aún no se registran impactos.

Los movimientos antiglobales y el de Redes Ciudadanas Globales tienen algunas divergencias: la más notable es que el Global CN no presenta ninguna manifestación anticapitalista ni antiglobal: insta al desarrollo socioeconómico de las comunidades utilizando las herramientas de la Sociedad Informacional, cuya apropiación popular plantea como uno de sus objetivos fundamentales. Por el contrario, los MSA, como se ha mencionado más arriba, no las tienen aún entre sus objetivos explícitos, si bien las usan como soporte organizacional.

Lo que sí tienen en común es que ambos son movimientos sociales globales, ambos proponen la construcción de una nueva ciudadanía, de un nuevo internacionalismo, sustentado por redes telemáticas tanto como por acciones presenciales. Ambos proponen nuevas formas de prácticas sociales y políticas, y la construcción de una nueva subjetividad ciudadana. Y en el presente, ambos están tejiendo lazos mutuos de articulación.

En la era digital, otro mundo es posible.

Referencias:

Finquelievich, Susana (2000): “¡Ciudadanos, a la Red!” (Citizens, to the Web!), Ed. La Crujia, Buenos Aires.

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* Susana Finquelievich es Arquitecta, Urbanista y Dra. En Ciencias Sociales. Actualmente dirige el equipo de investigación INFOPOLIS (http://www.infopolis.org.ar), es miembro del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET), Coordinadora del Área de Estudios Urbanos del Instituto de Investigaciones Gino Germani, y Secretaria de Investigación de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Es también Chairwoman de la Asociación Global de Redes Ciudadanas.

 

NOTAS

[i]A final de este trabajo se encuentra una lista de sitios web de protesta, tanto nacionales como internacionales.

[ii] Los puntos que siguen fueron publicados como artículo por S. Finquelievich, con el título de “Hacia una nueva ciudadanía: Argentina y sus TICs”, en la Revista ENREDANDO, http://www.enredando.com, Núm. 305- 57º de la 4ª versión – Semana del 05.2.al 11.2. 2002.

[iii] Osvaldo León, Sally Burch y Eduardo Tamayo: Social Movements on the Net, Agencia Latinoamericana de Información – IDRC, Quito, 2001.

[iv] Las notas sobre Virno están tomadas del artículo de Josefina Ludmer: ARGENTINA, EN LA SERIE DE SEATTLE, La multitud entra en acción, http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2002-01-19/u-00201.htm

[v] Alejandra Jara y Silvia Lago Martínez: Nuevos interrogantes sobre los movimientos sociales antiglobalización: de Seattle a Porto Alegre. Conferencia Regional para América Latina y el Caribe, Asociación Internacional de Sociología, 7 al 12 de mayo de 2001, Isla Margarita – Venezuela

[vi] Ver los trabajos de Manuel Castells, La sociedad informacional (1989) y la trilogía La Era de la información (1997-1998)

[vii] Vieira, L.: Os argonautas da cidadania. A sociedade civil na globalizaçao, Ed. Record, Rio de Janiero, 2001.

 

Susana Finquelievich

Movimientos sociales en las pantallas. El caso de ArgenTICna

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